Víctor Muiña Fano

Un equipo especial: Gijón Mariners 3 – Zaragoza Hornets 0

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En el football es fácil encontrarse con ciertas expresiones que resultan familiares pero no significan exactamente lo que uno cree. Una de esas expresiones es, precisamente, la de equipo especial, que se refiere a la alineación y tácticas específicas que un equipo dispone sobre el terreno de juego cuando, por ejemplo, tiene que patear el balón.

Efectivamente, siempre que eso sucede es porque se ha llegado a un momento singular del partido. Cuando los Mariners juegan el balón con el pie sólo hay dos opciones: o quieren colarlo entre los tres palos de la portería rival o quieren alejarlo todo lo posible de la suya. En ambos casos se requiere una defensa que sepa bloquear a los adversarios y, por supuesto, un buen pateador, ese peculiar jugador que en el football profesional sólo sale para pegar tres o cuatro patadas millonarias pero aquí tiene que correr y encajar golpes, como todos.

Cuento todo esto porque ya ven que el resultado fue exiguo: los Mariners ganaron 3-0 al segundo clasificado de la liga, los Zaragoza Hornets, gracias a un field goal de 35 yardas de Raúl Caldero. Debe de ser algo así como ganar por medio gol a cero en el otro fútbol, es decir, algo muy emocionante y satisfactorio. Especialmente para el número 10 del equipo, cuyas patadas suelen complementar los espectaculares touchdowns de los Mariners y sobre el que el pasado sábado recayó toda la presión de anotar en un partido muy trabado que, además, dirimía la ventaja de campo en los playoff de ascenso.

Y es que los Zaragoza Hornets, que han sido un escollo en la presente travesía gijonesa, por momentos amenazaron con convertirse en un iceberg: con una defensa tan férrea como la local convirtieron el partido en un duelo defensivo que provocó varios fumbles a lo largo del encuentro. Si no sabe usted lo que es un fumble, sepa que es un fenómeno sumamente apreciado por la afición y que suele comenzar con un placaje suficientemente contundente como para provocar que la víctima del mismo suelte el balón. En ese momento, los hinchas comienzan a vociferar como si fueran niños que gritan en un espectáculo de marionetas para advertir por dónde sale el malo, pero los jugadores, entre cascos, adversarios y compañeros, a veces tardan unas centésimas eternas en ubicarse. Luego, súbitamente, se dan cuenta todos a la vez de lo que acaba de ocurrir y, más que el balón, parece que hubieran visto un billete de 500 euros. Al final del proceso, el jugador que haya conseguido agarrar el oval y quedar enterrado bajo un montón de cuerpos amigos y enemigos, consigue la posesión para su equipo. Son unos segundos muy intensos.

DSCN0767_3El partido fue, por tanto, disputadísimo, y es en esas distancias cortas donde la colonia de un equipo de football se la juega. Obtener la ventaja de campo para los playoff de ascenso en un partido como el del sábado, en el que los Mariners no fueron claramente superiores a sus rivales, dice mucho del conjunto y los técnicos locales, que insisten en trabajar los equipos especiales. El choque más importante del año fue, en realidad, la historia de tres tipos de patadas: las que dieron los Hornets, dubitativas, cortas y mal defendidas; las que no dieron los Hornets, perdonando varios field goals por falta de confianza en su equipo especial; y las de los Mariners, todas ellas efectivas.

Las horas de entrenamiento son la reserva espiritual y el combustible de cada uno de los jugadores de un equipo. Son una inversión destinada a mejorar capacidades y multiplicar puntos y alegrías, pero por su propia naturaleza también multiplican las decepciones. Una de ellas llegó de la peor forma posible: Raúl Saavedra tuvo que abandonar el partido tras sufrir una lesión en la rodilla, cuyo alcance aún se desconoce, y su presencia en el primer partido de los playoff es dudosa. Puede parecer que su inversión en horas de entrenamiento e ilusiones se tambalea, pero realmente no es así: al fin y al cabo, su equipo especial ha ganado la fase regular gracias a ellas y ahora mira con ilusión hacia delante.

Y lo que se ve por el catalejo es la hora de la verdad. Porque recordemos que esto es el fútbol americano y que ahora toca no tirar por la borda todo el trabajo hecho durante la fase regular, cuyo principal fruto es disputar los playoff a partido único en las Mestas. Las siete victorias sirven, por tanto, para que sea el público gijonés y no otro el que acompañe al equipo en el reto del ascenso. Es a la grada a quien corresponde hacer de esa sufrida ventaja un factor desequilibrante.

Así pues, recuerden: 11 de mayo, Gijón Mariners – Murcia Cobras, en cuartos de final.

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(Fotografías: Mayte Cueli, infografía NFLhispano.com)

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