Paula Corroto

Zajar Prilepin, autor de «Patologías» (Sajalín): «La Rusia actual es un país condenado a desintegrarse y desaparecer»

Con 27 años, poco después de participar en la guerra contra Chechenia, el ruso Zajar Prilepin (1975) se sentó en su escritorio y comenzó a escribir Patologías. Era la historia de Yegor Tashevski, un joven que había combatido junto a las Fuerzas Especiales del Ejército Ruso en Grozni. Era un relato de bombas, muerte y dolor. Y eran sus ojos los que dictaban la escritura. Tras la publicación en su país, Prilepin obtuvo numerosos premios y fue considerado uno de los escritores jóvenes más talentosos de Rusia. A pesar de muchas cosas, como su militancia en el ilegalizado Partido Nacional Bolchevique que fundó el escritor Eduard Limónov, ser un notable activista del movimiento «Otra Rusia», contrario a Vladimir Putin, y conocer personalmente a la periodista Anna Politkóvskaya, a quien considera la reportera perfecta. Hoy Prilepin trabaja como editor en el periódico Novaya Gazeta, tiene cuatro hijos y sigue recibiendo galardones como escritor. En esta entrevista habla de su literatura, del periodismo y de la situación actual de su país. 

Zakhar_Prilepin_1--112-

—¿La escritura de la novela Patologías fue una forma de expiación por participar en la guerra de Chechenia?
—No me siento culpable por haber participado en la guerra de Chechenia. Creo que no se le ocurriría nunca preguntar a un escritor checheno si siente culpable por participar en la guerra antirrusa: porque en Chechenia, antes de que allí entraran las tropas rusas, miles de ciudadanos rusos, civiles, fueron saqueados y asesinados.  Todos vivimos nuestra propia historia, y la Historia nos acabará triturando ¿qué sentido tendría mi culpa?

—¿Qué le llevó a participar en este conflicto?
Puedo darle un centenar de respuestas diferentes, pero ninguna abarcaría toda la verdad. Porque en realidad no tengo ni idea de por qué yo, un joven de veinte años, fui allí. Creía necesario ir y no me lo pensé dos veces. Hablando con cierto énfasis diría que allí me llevó el destino. Pero si me quiere preguntar si siento, o he sentido alguna vez, una antipatía especial por el pueblo checheno, le diré con toda la franqueza: no. Tal vez suene horroroso, pero si el conflicto hubiera sido en otro lugar cualquiera —en Georgia, Moldavia o en los países bálticos—  hubiera ido igual. Pero allí en aquel momento no había ninguna guerra, la había en Chechenia. Estamos hablando desde la perspectiva de hoy. Pero no somos capaces de comprender lo que pasaba entonces en Rusia. Entonces, a principios de los noventa, todos se volvieron como locos; todos, consciente o inconscientemente, ansiaban la sangre y la desgracia. Y las tuvimos de sobra. En Occidente se suele pensar que siempre somos los rusos los que ansiamos la sangre y el dolor, mientras que los demás pueblos están condenados a sufrir nuestras atrocidades. No pienso disuadir a nadie. Pero la situación es algo más complicada de lo que puede parecer desde fuera. ¿Puede usted, por ejemplo, decir con seguridad quién fue culpable de desatar la primera guerra mundial? A veces sucede que miles de personas, de repente, deciden hacer de sus vidas un infierno.

—¿Siente alguna culpabilidad por haber participado en esta guerra?
Creo que ya he contestado a esta pregunta. No me siento culpable, tampoco orgulloso. Tengo la Medalla por el Servicio de Combate, nunca me la pongo ni sé dónde está. Posiblemente esto le valga como respuesta.

W_PORTADA_PATOLOGIAS—La novela mezcla la guerra con los recuerdos del protagonista junto a su novia. ¿Era una forma de rebajar la violencia? ¿De «humanizar» al protagonista?
—Ahora, cuando he escrito diez libros, puedo analizar mis propios métodos literarios. Pero cuando estuve escribiendo Patologías, mi primera novela, tenía veintisiete años y ni siquiera me paraba a pensar en la metodología. Simplemente estaba seguro de que tenía que ser así: la guerra y el amor. Pero hoy le puedo ofrecer la siguiente explicación de la composición de la novela. El hombre piensa que algo puede pertenecerle: un terreno, un perro, una mujer, un niño. Él se aferra con todas sus fuerzas a este terreno o a esta mujer. Pero nada pertenece al hombre. Todo pertenece a Dios. Y a Dios no le gusta la avidez del hombre. Dios puede quitárselo todo. Y seguramente tendrá razón. Mi libro va de esto. De que todos queremos poseer algo, pero no tenemos nada. Sólo la pasión y la furia que en cualquier momento se vuelven impotencia y derrota.

La novela es muy «física», muy ruda. ¿No hay lugar para el lirismo en un conflicto bélico?
En mi opinión hay muchos momentos líricos en la novela. Es, en general, una novela lírica. Está escrita como un largo poema. Así lo percibía yo. La guerra, al menos hasta que te maten o una mina te arranque la pierna, es una aventura lírica, divertida y reconfortante. A los hombres les encanta. Hasta que, repito, te maten. Y los muertos… no sabemos lo que opinan de la guerra.

—¿Por qué escribió una novela sobre su participación en la guerra y no un reportaje, un ensayo? ¿Por qué se lo llevó al terreno de la ficción?
Escribí varios ensayos, varios cuentos y una novela. Pero le advierto que no es para nada autobiogáfica. Puede haber unas pocas coincidencias con mi vida, pero son contadas. ¿Por qué ficción? Porque la ficción tiene una capacidad de contar la verdad mucho mayor que cualquier reportaje. El reportaje hace ver lo que está en la superficie. La ficción profundiza. La ficción, si es buena ficción, sabe que no hay buenos ni malos, hay una vertical y una horizontal. Y del cruce de la vertical y la horizontal resulta una cruz en la que se retuerce el hombre, insignificante y necio.

La novela también retrata un descenso a la locura, a los infiernos, del protagonista. El miedo está muy presente. ¿Cómo se sale después de todo eso?
Es un caso particular de un personaje concreto. La mayoría de los hombres que conozco soportan, según he podido observar, bastante bien las dificultades de la vida castrense y la proximidad de la muerte. Estoy seguro de que el hombre está programado para esto como la mujer lo está para tener hijos. Duele, pero se puede aguantar. Al menos un hombre joven lo puede aguantar. Porque en los hombres maduros la costumbre de vivir está más arraigada. Los jóvenes casi nunca la tienen. Al menos, los jóvenes rusos y los chechenos. A fin de cuentas, a lo largo de toda la historia de la humanidad las guerras se suceden una tras otra. Todos los hombres de mi familia fueron a la guerra: mis abuelos, mis bisabuelos y mis tatarabuelos. Pero no diría que la mayor parte de la humanidad fueran unos neuróticos. Todo lo contario, la mayoría de los neuróticos nunca han tenido un arma en las manos.

En la novela el protagonista lee en los momentos de tregua. ¿Suelen leer los soldados? ¿Qué se suele hacer mientras no se está combatiendo?
Entonces no había Internet. Al principio tampoco teníamos televisión. Muchos realmente leían, pero, por lo general, libros basura. La verdad es que teníamos poco tiempo libre, después de las operaciones llenábamos la panza y nos íbamos al catre.

¿Cómo fue recibido Patologías en Rusia?
Se reeditó por lo menos diez veces y se considera uno de los libros más importantes sobre este terrible episodio histórico.

¿En qué le cambió su participación en la guerra chechena? Como persona y como escritor.
Me habrá cambiado de alguna manera. Pero no creo que el nacimiento de mi hijos (presencié el parto de los cuatro) me haya influenciado menos. En mi vida hubo muchas otras cosas, no menos terribles o hermosas. Nunca pienso en esto, en realidad no es muy interesante. Además, ya han pasado quince años, tiempo suficiente para empezar a pensar en otras cosas.

Zakhar_Prilepin_1--1-
He leído que usted llegó a la literatura desde el periodismo. ¿Por una banalización del oficio? ¿Por los intereses políticos y económicos de este oficio?
Sigo siendo periodista. Soy columnista de varios medios y redactor en jefe en otros dos. Simplemente son dos oficios diferentes. Es más interesante escribir una novela que un artículo. Aunque a veces en una nota consigo palpar por detrás de la actualidad algo más trascendente y formularlo para mí mismo (ojalá también para los demás).

¿Qué le daba la literatura que no le daba el periodismo?
La literatura te puede dar una sensación (quizás falsa) de que has visto un movimiento de Dios. Has captado alguno de Sus gestos. El periodismo no se ocupa de estas cosas.

¿Por qué ha usado tantos pseudónimos como periodista? ¿Ha temido represalias?
Suena demasiado trágico pero no está demasiado lejos de la verdad. En uno de los periódicos donde trabajé firmaba mis artículos con tres pseudónimos: Yevgueni Lavlinski, Denís Nikíforov y Zajar Prilepin. Una vez «Yevgueni Lavlinski» y «Denís Nikíforov» publicaron cada uno un material bastante provocativo sobre un conocido político ruso. Éste llamó furioso al dueño del periódico y exigió que despidiera a Lavlinski y a Nikíforov. El dueño dijo que sí, pero como me apreciaba mucho, simplemente me prohibió usar estos dos pseudónimos. Así es como Zajar Prilepin se quedó sólo, mientras los otros dos desaparecieron para siempre.

—Usted escribe para Novaya Gazeta, el periódico en el que trabajaba Anna Politkóvskaya. ¿Qué queda del legado de esta periodista entre los reporteros actuales? ¿Es más fácil ejercer el periodismo ahora que en la época de Politkóvskaya?
No veo mucha diferencia entre aquella época y la actual. Si alguien se empeña, como Politkóvskaya, en investigar lo que ella investigaba, correrá la misma suerte. Ignoro lo que escriben los medios españoles sobre el tema pero los defensores de derechos en Rusia y los que conocíamos a Anna Politkóvskaya  no tenemos ninguna duda en cuanto a la identidad de quienes encargaron su asesinato. Fueron unos políticos chechenos muy influyentes. Mejor dicho, un político checheno muy influyente. No diría que entre los periodistas rusos existiera un culto a Politkóvskaya. Yo personalmente la recuerdo y la aprecio muchísimo, y entiendo que Anna ponía el listón muy alto, como profesional y como persona. Era muy honesta y muy valiente. Es difícil igualarse con ella; en cierto modo era una periodista perfecta.

Aún no se ha resuelto el crimen de Politkóvskaya. ¿Cree que finalmente se hará?
Si en Rusia el poder deja de estar en las mismas manos, sabremos muchas cosas. Me temo que estas cosas nos sorprenderán a nosotros pero también a ustedes.

Zakhar_Prilepin_1--10-

—¿Es posible ejercer el periodismo independiente en Rusia?
Claro que sí. Sólo que no tiene acceso a los principales canales de televisión ni a los periódicos de gran tirada sustentados por el Kremlin. Pero en Rusia hay muchos periodistas que se permiten criticar abiertamente a las autoridades y denunciar los abusos de poder. Aunque existen temas tabúes. Por ejemplo, para muchos lo son las críticas dirigidas personalmente contra Vladímir Putin. Al mismo tiempo, yo he publicado en muchas ocasiones mis suposiciones con respecto a su patrimonio real (sospecho que es un hombre escandalosamente rico), o acerca de las circunstancias que antecedieron la decisión de crear una base de la OTAN en la ciudad rusa de Uliánovsk (tengo motivos para pensar que de esta manera el Kremlin «pagó» a Estados Unidos el que no intervinieran en el enfrentamiento entre gobierno y oposición el año pasado), y nadie me ha matado por ello. A veces pienso que la autocensura en Rusia es mucho peor que la censura.

Usted ha participado en el movimiento «Otra Rusia» y milita en el Partido Nacional Bolchevique del escritor Eduard Limónov.  ¿Qué le llevó a participar en política?
Tengo cuatro hijos. Si ciertos problemas no se solucionan hoy, mis hijos los tendrán que solucionar mañana.  La Rusia actual es un país condenado a desintegrarse  y desaparecer. Y esto no me gusta.

—A pesar de sus críticas al sistema político ha obtenido numerosos premios en su país por sus libros. ¿Hay que separar las ideas políticas de la obra literaria?
No tengo ni idea de cómo pudo ocurrir. Creo que muchas veces los organizadores de los premios, es decir, las personas que por algún motivo no pueden manifestar su propia posición, al galardonarme aprobaban tácitamente la mía. Algunos de ellos pueden ser grandes empresarios, o, incluso, altos cargos del gobierno, lo cual no descarta que en su interior rechacen la política del Kremlin.

Las noticias que nos llegan de Rusia hablan de un país cada vez con menores libertades. Ahí está el caso de las Pussy Riot. ¿Cómo observa la condena que sufrieron las miembros de este grupo de punk? ¿Qué significado tiene políticamente?
Desapruebo rotundamente la condena. Pero también desapruebo la gamberrada de las chicas. Lo que hicieron me parece estúpido y vulgar. Se puede hacer el payaso en la escalera del templo, pero dentro del templo es inadmisible. Aunque esto no disculpa la ferocidad del gobierno que se empeñó en manifestar una inaudita obstinación. ¿Sabe cuál es el significado político del caso Pussy Riot? No el que usted cree. Las chicas hicieron una gamberrada dentro del templo y el gobierno dijo a los ciudadanos que ésta es la auténtica cara de la oposición. Y que esta oposición no quiere otra cosa que blasfemar y profanar las iglesias. Los rusos son bastante conservadores. A la mayoría de ellos no les gustan los gobernantes actuales ni aceptan la realidad del país. Al mismo tiempo, no están preparados para aceptar tales formas de protesta. En resumidas cuentas, el gobierno sacó provecho de este escándalo. Las autoridades salieron en defensa, aunque con excesiva saña, de los valores conservadores. Y la oposición fue presentada como un sacrílego endemoniado con pasamontañas.

Zakhar_Prilepin_1--14-
¿Cree que puede haber un cambio pronto en la política rusa o seguirá esta bicefalia Putin-Medvédev?
Estos dos no se van a ir tan fácilmente. Hace falta un milagro para expulsarlos. Espero que este milagro se produzca.

Por último, hace unos años Putin tenía una enorme popularidad entre los jóvenes rusos. ¿Ha decaído o sigue en alza?
Aun si la popularidad de Putin alcanza un 40 %, esto no significa nada. Además, creo que a la mayoría de la gente joven de nuestro país no le importa en absoluto. No he conocido a ningún chico joven que adore con fanatismo a nuestro líder nacional (con perdón). La mala suerte de los gobernantes rusos siempre se ha debido a que en Rusia todo cambia en un abrir y cerrar de ojos. En 1913 se celebraba el tricentésimo aniversario de la dinastía Románov, y al cabo de cinco años el zar fue fusilado. Y yo no diría que el pueblo ruso se sintiese demasiado angustiado por ello. En 1986 Mijaíl Gorbachov gozaba de una popularidad alucinante y al cabo de cinco años todo el país le odiaba a muerte. Etcétera. Al fin y al cabo la vida de las naciones no la determina la mayoría, sino un cinco o un siete por ciento de los ciudadanos más activos y tenaces.

Así que no importa tanto la popularidad de Putin, sino si en Rusia hay gente joven y enojada.
Si la hay, algo interesante no tardará en ocurrir. Si no, se puede empezar a decir adiós a Rusia.

Traducido por Anna Papchenko.

Anuncios

Un pensamiento en “Zajar Prilepin, autor de «Patologías» (Sajalín): «La Rusia actual es un país condenado a desintegrarse y desaparecer»

  1. Pingback: Zajar Prilepin deja la literatura y se convierte en miliciano > Poemas del Alma

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s