Ismael Rodríguez

The Gun Machine: Warren Ellis y el arte del best seller

Mientras escribo estas líneas no se ha realizado, que yo sepa, ningún anuncio en torno a la posible publicación en español de la segunda novela de Warren Ellis, The Gun Machine. De todos modos es de esperar que termine publicándose dicha edición, al igual que su primera obra, Camino tortuoso, nos llegó en el 2008 de la mano de Norma Editorial. Sin embargo, algo ha cambiado desde entonces, y uno esperaría que la novela cayese en manos de alguna editorial especializada en el mundo de los best sellers. De primeras esto sería una de las últimas cosas que podrían esperarse de Warren Ellis. El autor inglés no deja de ser aquél que deconstruyó la cultura popular en Planetary, que nos regaló un futuro distópico delirante en Transmetropolitan o que le dio superpoderes a Tony Stark… Estamos hablando, pues, de un autor que parece no estar constreñido por lo que se espera de él ni por el medio en el que trabaja. O eso creíamos, porque tal vez Ellis nos demuestra ahora que de lo que se trata, a la hora de la verdad, es de triunfar, y que cree saber cómo hacerlo.

Warren Ellis 2

Cómo tener éxito en tres pasos. Primer paso: el gancho genial

No nos equivoquemos: ningún superventas funciona sin un buen gancho. A estas alturas ya sabemos cómo funciona la cosa: la mera lectura de la contraportada del libro tiene que despertar tu curiosidad, parecerte algo nuevo e inesperado, hacerte sentir que necesitas leer la obra. ¿La Iglesia Católica nos ha ocultado a todos un gran misterio sobre Jesucristo? Perfecto. ¿Un periodista nórdico investiga asesinatos de mujeres cometidos de manera impune por los poderosos magnates industriales de su país? También me vale. Y aquí, Warren Ellis demuestra jugar con ventaja. Vaya que sí. Cualquiera que haya seguido, aunque sea de manera esporádica, su actividad en la red ya sabrá de sobra que Ellis sabe sumergirse bajo la realidad que nos rodea para encontrar historias y anécdotas difíciles de creer.

Convertir la realidad más prosaica en algo incómodo para nuestra concepción del universo mediante un comentario aparentemente al azar o la recopilación de diferentes cabeceras de noticias parece ser un don intrínseco del autor. Sólo hay que mirar la sinopsis de The Gun Machine para entender por qué domina este difícil arte: John Tallow es un detective de homicidios. Tras la muerte de su compañero se acaba de encontrar con un apartamento lleno de armas de fuego. Todas las paredes están cubiertas de ellas, hasta el punto de que parecen seguir algún tipo de incomprensible diseño. Pero además, todas y cada una de ellas resultan haber sido empleadas en un asesinato sin resolver, y los jefes de Tallow no parecen querer que se resuelva el misterio.

¿Qué más se puede pedir? A estas alturas la detective protagonista de Caso abierto se estaría relamiendo ante la situación, pero en realidad Ellis nos recuerda que esto sería el mayor problema que podría tener una comisaría de policía de Nueva York, o de cualquier otra ciudad para el caso. También, por supuesto, de un gancho perfecto, casi irresistible.

Segundo paso: el uso del tópico

Portada The Gun MachinePor supuesto, tener una gran idea te permite empezar con buen pie, pero tampoco quieres que tu lector se salga demasiado de su zona de confort. El best seller debe ser, por definición, una lectura cómoda: si no, es fácil que el público decida desconectar un rato y ya no vuelva a coger tu libro.

Así que una buena manera de anclar a ese lector es darle algo que ya conozca, un arquetipo. Pongamos un detective solitario, maniático y sin vida familiar cuyo compañero, la única persona con la que parecía tener una relación sana, muere en las primeras páginas. Sin duda podemos pensar que estamos ante toda una retahíla de personajes ya conocidos, y eso es lo que se persigue, que establezcamos rápidamente una relación con el protagonista. Así puede llegarse hasta el punto de que si viviera en Los Ángeles podría llamarse Harry Bosch y estar escrito por Michael Connelly, y nosotros solamente nos preguntaríamos por qué esta vez no nos habla de su pasado de Vietnam.

Los secundarios tienen que seguir el mismo patrón, aunque aquí pueda darse una cierta manga ancha. Con los jefes de policía no se juega, son duros con nuestro aguerrido Tallow, pero también saben que es el mejor en lo que hace y lo respetan por ello. Sus ayudantes no pasan de ser chistes andantes que parecen salidos de la versión más delirante de Dexter (sí, el forense psicópata de Miami) que uno pueda concebir.

En cuanto al villano de la función, ese es otro tema. Como suele suceder en estos casos al final termina decepcionándote, pero durante gran parte de la novela te encuentras fascinado con su figura. Tal vez el asunto radique, simplemente, en que Ellis entiende su villano como una representación de algunas de sus ideas más representativas como autor. En el fondo sabe que en él está volcando aquello que realmente le interesa, su idea de una visión casi chamánica de la existencia, de la geografía real que se esconde bajo nuestras ciudades de cristal y de la naturaleza casi ficticia del mundo que hemos construido.

Tercer paso: Un desarrollo procedimental

Ya tienes tu gran idea y tus tópicos, ahora solamente te falta situarlos encima del tablero y empezar a jugar con ellos. Y es entonces, más que nunca, cuando empezarás a construir definitivamente tu superventas, mientras haces que el lector pase las páginas a toda velocidad, buscando el siguiente giro de la trama supuestamente epatante.

La novela se entrega a la ortodoxia durante los capítulos dedicados al propio Tallow. Las peripecias del detective neoyorquino no se diferencian en exceso de las que pueda sufrir cualquier otro protagonista de alguna larga serie de novelas de serie negra, con casualidades imposibles mezcladas con una capacidad rayana en lo sobrenatural para discernir pistas y descubrir motivaciones. Todo el pack, vaya.

Mientras tanto, los capítulos dedicados al villano resultan, sobre todo en la primera mitad de la novela, un soplo de aire fresco. Escritos con un estilo menos convencional, buscando que la propia expresión escrita nos transmita unos pensamientos fuera de lo habitual, estamos ante los momentos en los que la novela vuela más alto. Por desgracia según se acerca el desenlace las aguas tienen que volver a su cauce y lo que es una oscura narración que raya con la fantasía urbana pasa a transitar por calles más cercanas al thriller más manido hasta un final un tanto decepcionante.

El resultado final: El best seller como objetivo

Como decía al principio, desconozco si The Gun Machine verá la luz pronto en español, pero me extrañaría que no fuese así. El autor tiene la suficiente fama en nuestro país, la novela ha llegado a estar en la lista de Best Sellers del New York Times, se supone que están preparando una serie sobre ella… y es un buen superventas.

Considero que existe un oscuro placer en leer un best seller, semejante al que uno puede sentir al ver un episodio de, por ejemplo, Bones en la televisión. Sabes que transitas por territorio conocido, que no va a cambiarte la vida, que posiblemente podrías gastar tu tiempo en otras cosas… pero sigues atrapado página tras página. A menudo te quejas, hasta a tus amigos mientras la lees, pero en el fondo lo disfrutas.Lista Best Sellers NY Times

Y ahí es donde The Gun Machine triunfa, al conseguir que te quejes sobre sus tópicos mientras no paras de avanzar en la trama, al sacarte una sonrisa de complicidad cuando describe a los miembros de la policía científica… En definitiva, criticar con tus amigos The Gun Machine es tan divertido como leerla, o más.

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