Paula Corroto

Assata Shakur: la criminalización del activismo político (en tiempos de Obama)

assata-shakur

Assata Shakur (Estados Unidos, 1947) —nacida JoAnne Deborah Byron Chesimard— es la mujer más buscada de los Estados Unidos. Nació cuando aún Rosa Parks no había roto la segregación de razas en los autobuses. Es negra y durante los años sesenta y setenta perteneció a los Panteras Negras y al Ejército por la Liberación Negra. Participó en numerosos actos de activismo político con el fin de que los negros tuvieran los mismos derechos que los blancos. El 2 de mayo de 1973 fue detenida por el supuesto asesinato de un policía durante un tiroteo en una autopista de peaje de Nueva Jersey. A pesar de que ella fue herida de gravedad, fue trasladada a prisión donde sufrió todo tipo de vejaciones, también en los juicios celebrados, en los cuales ha quedado constancia, según documentos jurídicos aportados por sus abogados, de los prejuicios racistas de jueces y fiscales que llevaron su caso. En 1979 se escapó de la cárcel, y tras vivir como fugitiva, en 1984 se exilió a Cuba, donde vive en la actualidad.

Barack Obama es el presidente de Estados Unidos desde 2008. Cuando nació, en 1961, Rosa Parks ya había hecho titilar los pilares de la política racista norteamericana y Martin Luther King estaba a punto de pronunciar su famoso discurso I have a dream. Obama es negro y qué paradoja: el pasado 2 de mayo, cuarenta años después de su detención, el FBI añadió el nombre de Shakur  a la lista de los terroristas más buscados de Estados Unidos con una recompensa por su captura que asciende a los dos millones de dólares.

La noticia coincide con la publicación por primera vez en España de Una autobiografía (Capitán Swing), libro que Shakur escribió en 1987, aunque no sería  publicado hasta 2001. Cuenta con prólogos de la escritora Angela Davis y el activista Lennox S. Hinds y los dos realzan la fuerza de voluntad de Shakur, quien a pesar de las humillaciones sufridas desde su detención sabe otorgar al texto sobre su vida un poso dulce y tierno en el que subyace un enorme valor para seguir adelante. «En un momento en el que el optimismo ha retrocedido en nuestro vocabulario político, Assata nos ofrece regalos de valor incalculable: esperanza e inspiración», escribe Davis. Hinds, compañero de batalla, defiende, además, que el caso de Shakur es un acto más de criminalización del activismo político, puesto que nunca se quiso un juicio justo. La activista siempre estuvo juzgada de antemano simplemente por ser quién era: «Desde el momento en el que fue capturada en ese estado [Nueva Jersey], fue declarada culpable por la prensa y por las mentes del público en general, y esto volvió a suceder una y otra vez hasta el juicio. La declaración de culpabilidad en el tribunal fue una mera formalidad».

UnaAutobiografia_AssataShakur_150pppLa autobiografía de Shakur se divide en dos planos textuales. En uno de ellos recorre su vida. Con un estilo muy coloquial, pero nunca con rudeza o resentimiento, narra su infancia con sus abuelos en Carolina del Norte, una pareja que siempre le enseñó a ganarse el respeto —aún eran los años cincuenta y existía la segregación—, sus primeros estudios y cómo después creció en Nueva York buscándose la vida en múltiples trabajos y entrando en contacto con el activismo a favor de los derechos humanos de las personas negras. El segundo plano del libro es mucho más crudo: Shakur cuenta su detención, cómo fue trasladada herida de muerte a la prisión, cómo fue cruelmente tratada y cómo se fueron desarrollando los juicios a los que fue sometida hasta ser declarada culpable. En todos los capítulos del libro se intercalan poemas escritos por ella misma en los que llama la atención su declaración de amor a la vida: «El amor es contrabando en el Infierno,/ porque el amor es un ácido que corroe los barrotes./ Pero tú, yo y mañana vamos de la mano/ y hacemos voto de que la lucha se multiplicará./ La sierra tiene dos filos./ La escopeta tiene dos cañones./ Estamos embarazadas de libertad/ Somos una conspiración», escribió tras saber que estaba embarazada en la cárcel. Eso sí, nunca deja de arremeter contra quienes ella cree que son los causantes de los verdaderos crímenes: «No todo el que está en prisión es un criminal (…) Hay un montón de criminales entre quienes encierran a la gente. Hay una banda de delincuentes en la Casa Blanca». Eran los tiempos de las Administraciones republicanas de Nixon y Ford.

No obstante, más allá de las condiciones de las prisiones, más allá de los casos de racismo en los Estados Unidos en los años setenta y de qué papel jugaron las Panteras Negras sobre la violencia que pudieron ejercer, la autobiografía de Shakur se revela actual por la situación del activismo político hoy en día y su recurrente demonización. Primero, llama la atención que una no-terrorista sea incluida en un listado de terroristas (¿en qué estamos convirtiendo el término terrorista?). Segundo, su caso recuerda a las palabras que hemos escuchado recientemente de cargos políticos de España que cargan sin ningún tipo de tacto (tampoco el lingüístico) contra los movimientos sociales y mareas surgidas al calor de la crisis política, económica, cultural e institucional que nos atenaza. «El 15-M se ha radicalizado», decía hace sólo unas horas la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes. Y no hay que echar la vista muy atrás para recordar el monumental despliegue policial del pasado 25-A en el que, supuestamente, se iba a reventar el Congreso de los Diputados. Cosa que no sucedió (y eso tendría otra valoración), pero la alarma procedente de los políticos días antes fue tal que parecía que podríamos a asistir a un conato cuasirrevolucionario. Por supuesto, tampoco hay que olvidar la palabra más famosa de los últimos meses: escrache. Porque sí, porque es cierto que se trata de meter el dedito en el ojo, pero ya ha tenido que salir algún juez para decir que peor es que te metan de mala manera el dedito en otra parte, y hay mucha gente que ya tiene las entrañas doloridas.

El libro de Shakur es hermoso en su dureza. Revela un sistema judicial corroído por los prejuicios racistas. Sin embargo, lo más grave es que su reciente inclusión en la lista de los terroristas más buscados pone sobre la mesa una administración en la que aún quedan muchos resquicios del pasado. Como señalaba Luis Martín-Cabrera en un artículo reciente publicado en Rebelión en el que citaba a Angela Davis, «la decisión de redoblar la persecución contra Assata Shakur cuarenta años después es una vendetta diseñada para aterrorizar a los activistas y desincentivar la militancia política, puesto que a principios del siglo XXI estamos todavía luchando por las mismas cuestiones: violencia policial, sanidad, educación, encarcelamiento». Recuerden: estamos en tiempos de Obama y esta es la sociedad en la que vivimos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s