Víctor Guillot

Abel Ferrara y DSK: teoría del mal

abel-ferrara

Antaño, si no recuerdo mal, mi vida era un festín en el que corrían todos los vinos y se abrían los corazones. He sentado en mis rodillas a la belleza y después la injurié. Escribo de memoria y de forma improvisada estos versos de Rimbaud con los que comienza Una temporada en el infierno, un libro que me ha acompañado desde la adolescencia hasta hoy como un mantra nocturno, mágico y desesperado. Esta mañana, Abel Ferrara presentaba en Cannes su última peli, DSK, un retrato decadente, desmesurado y realista de la figura insigne del ex director del Fondo Monetario Internacional Dominique Strauss-Kahn. Nadie mejor que Abel Ferrara para contar las orgías, aderezadas con buena farlopa y regadas del mejor champán, protagonizadas por el hombre que abrió a Europa las puertas de la crisis económica.

Siempre nos atrajo la figura mefistofélica de DSK. Su vida también fue un festín por el que corrían todos los vinos y en el que se abrían todos los corazones. También sentó sobre sus rodillas a la belleza y también la injurió. Dominique era el hombre que manejaba la máquina del dinero en Europa, una especie de mago de Oz que vivía permanentemente asaltado por las brujas de la economía y se liberaba de ellas en la habitación de un hotel rodeado de putas a las que ofrecía constantemente el beso blanco de la cocaína. Economía y cocaína. Me gusta el binomio.

Dominique ofrecía dinero para saldar nuestras deudas a cambio de nuestra soberanía y comulgaba todas las noches con una raya, ofreciendo paraísos artificiales a cambio de nuestra alma. Sin lugar a dudas, Goethe habría visto en la vida de DSK un nuevo Fausto del siglo XXI.  Pero a falta de un genio alemán capaz de ver el espíritu del tiempo, contamos con Abel Ferrara, un director que ha abundado en la naturaleza del pecado con la misma ansiedad que Goethe.

El mal y la genialidad han existido y coexistido siempre. La imaginación del hombre, ese cáncer luminoso, pide más vida a la vida, pide otra realidad a la muerte. Y eso es lo que reclama Ferrara desde el Asesino del taladro hasta 4.44 Último día en la tierra. Nos lo cuenta en Teniente corrupto y, sobre todo, en El rey de Nueva York.

En estos días que reclamamos a nuestros políticos cierta bondad oficial, Abel Ferrara y DSK nos vienen a recordar que el Mal no es que sea bueno ni malo, simplemente es consustancial a la humanidad. Gérard Depardieu interpreta a Dominique, lo que no deja también de ser una interpretación de sí mismo. Es posible que Dominique se recreara en Gérard antes de que le llegara su gran final. En cualquier caso, los dos representan el Mal. El mal económico, el mal político, el mal doméstico, el mal violento. Los dos son el Mal a escalas diferentes y en ellos, como en Ferrara hay un sentido desmesurado de la vida.

Sin embargo, la diferencia marcada por Abel Ferrara viene a ser toda una teoría estética, pues nos inmuniza contra el Mal, a través de su cine. En el fondo, Abel Ferrara conserva un sentido de la culpa que no se escapa de la esfera vaticana. Y para vacunarnos contra el mal político nos ofrece el mal estético como una vacuna contra el mal diabólico. El escritor más piadoso viene a ser el poeta maldito y Abel Ferrara, como Rimbaud, nos enseña el Mal para cauterizarlo. Contra el Mal mayúsculo y con mayúscula no se ha encontrado otro lenitivo que el arte, el mal menor, el mal fingido.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s