Alba Herreruela

El gran Gatsby o la suma de los polos opuestos

La banda sonora de la nueva producción de la Warner mezcla diferentes estilos musicales en un intento por convertirse en una pieza esencial de la película. A lo largo de las más de dos horas de metraje del film, las canciones originales se combinan con versiones en un digno intento que busca dinamizar la acción

foto-el-gran-gatsby-fiestaEn el cine las luces ya están apagadas. Comienza la promoción de los próximos estrenos de la cartelera y llega El gran Gatsby, con un tráiler en el que la música tiene un papel preponderante. Unos fuertes beats, como latidos de un corazón, sirven para introducir un montaje que, en sí mismo, es un alarde de figuraciones, de combinaciones de planos cortos y largos. Desenfreno, abundancia y una chica abriéndose de piernas de forma subliminal en menos de quince segundos, para llevarnos a aquel 1922 que retrató F. Scott Fitzgerald. Quizá, en ese aspecto, los planos ocultos estén inspirados en los de las películas de Disney porque, a fin de cuentas, en El gran Gatsby también hay cierta magia.

Un puñado de planos escogidos a conciencia para crear suspense, intercalando fragmentos cortos de diálogos, como si fuesen piezas de un puzle que todos queremos manosear -lujo y lujuria se anuncian a partes iguales-, y que no podremos ver hasta el próximo día 17 de mayo. Ya queda menos. Antes, intentará recolectar buenas críticas en el Festival de Cannes, que empieza este miércoles.

The Moet & Chandon Suite at the 2012 US Open - Day 14El director de Romeo y Julieta y Moulin Rouge, Baz Luhrmann, vuelve a demostrar un exquisito amor por la estética de cada uno de los planos y los compases de una banda sonora que entremezclan nombres de firma y talonario comercial, caso de Beyoncé, con primeras espadas del panorama indie internacional.

Entre los ingredientes de esta mixtura de estilos, a veces insólita, al menos en la primera escucha, aparecen algunas pistas más propias de ambientes íntimos y oscuros que de la luz que los montadores de la promoción parecen haber tratado de irradiar. Son canciones de esas cuyas notas parecen sumadas para jugar a tientas bajo las sábanas.

El productor ejecutivo de la banda sonora y de la película, es decir, el que puso las perras, es Jaz Z. Carter, el maridísimo de Beyonce. La cinta arranca barriendo para casa con su cuenta de 100 dólares: 100$ Bill comienza como un hip hop callejero que reinventa el jazz exitoso y elegante de los años 20, para darle un aire contemporáneo. Y tiene para todos: Jaz le canta a los políticos que se mueven por dinero; llama zorra a Taylor Swift por tener un millón de dólares y despacha frases tan cargadas de retórica poética como «ese queso que nos hizo irnos por la patilla, no puede luego replicarnos una mierda».  Todo suena un poco raro si se tiene en cuenta que este ilustre maestro de ceremonias y su mujer le regalaron a su retoña una Barbie de 60.000 Euros por su primer cumpleaños. Pero en esto de la música, nadie dijo que hubiese que ser sincero.

El caso es que el disco sigue por el mismo camino y la siguiente canción es una versión del Back to Black de Amy Winehouse salida de las cuerdas vocales de la, casi siempre, maravillosa Beyonce. Y digo casi, porque la cover se queda un poco corta de voz, optando en cambio por exultar lo sexy de la ex Destiny´s child. El resultado es un tema intimista y atractivo, pero que no llega a superar las expectativas puestas en una canción de la diva blanca del soul, que pasa por poseer la mejor voz negra femenina del panorama musical actual. Además, un final abrupto no hace sino intensificar la sensación de quedarse a medias y complicar la transición con el siguiente tema de la banda sonora.

Ronda el minuto siete cuando aparece uno de los pelotazos comerciales de esta banda sonora, will.i.am, que transforma un ritmo swing en una de las canciones que bailaremos este verano. Con el título de Bang Bang, el componente de los Black Eyed Peas mezcla ritmos pegadizos para, en teoría, relatar una historia de amor de los años 20, esa prodigiosa década de flecos en la ropa que, casualmente, un siglo después vuelven a estar de moda.

Will le pasa el testigo melódico a su compañera Fergie para cantar que una pequeña fiesta nunca mató a nadie. Un tema que comienza pareciéndose a una canción de las grandes estrellas para convertirse después en un rompepistas con todas las de la ley. El estilo charleston es exclusivo del video, pero ayuda a animar el continuum musical.

Llegados a este punto, el disco necesita un cambio de ritmo para que el corazón se recupere del ejercicio aeróbico propuesto por Fergie y el relax llega de la mano de Lana del Rey. Menos mal que la muchacha vino a ponerle un poco de seriedad a esta ambientación ya que las primeras elecciones de Jaz Z. iban más encaminadas a musicalizar una de la saga Fast and Furious. El órgano de los latidos vuelve a sufrir un meneo pero en este caso por la inmensidad de la voz de Lana, que se pregunta en  un precioso Young and Beautiful si la seguiremos amando cuando no sea joven y bonita. Si sigue cantando así, seguro que dentro de unos años seguiremos queriéndola.

La neoyorquina recuerda aquellas noches de verano a mediados de julio en las que todos jugamos como salvajes o, tal vez, como solo saben jugar los niños.  Noches en las que nos entregamos a amores que creímos eternos.

En otra oda al amor y al romanticismo, Florence and the Machine vuelve a acariciarnos despacio, a contarnos los lunares, a crearnos un escondite privado para los amantes. Las notas de Over the Love cabalgan sobre un mar de olas embravecidas y los besos apasionados se vuelven fáciles con este ritmo de fondo.

El gran GatsbyescenaDespués del momento romántico, es normal que a los productores del disco, como a todo hijo de vecino, les saliera sola la sonrisa floja y por eso metieron una canción de las que da buen rollito escuchar. En concreto, Where the Wind Blows  en una versión de Coco O., parte del grupo Quadron, que empieza con un “yo solo quiero tener un buen rato, no puedo pasármelo bien por el resto de la vida así que sólo iré a donde sople el viento”. Con esa lección tan optimista, llegamos a una versión de tema extra conocido, donde Beyoncé vuelve a hacer acto de presencia, aunque sea como cantante original de la melodía. Un Crazy in Love plagado de trompetas que nos trae estampas de New Orleans e invita a mover el fleco como si de una reedición del Vivo cantando de Salomé se tratase. La que se enfrenta en esta ocasión al micrófono es Emeli Sandé, una escocesa cantante de R&B que hay que tener muy en cuenta, ya que posee una voz cálida y poderosa. De hecho, su primer disco, Our version of events, ha batido el récord de permanencia en el top ten de ventas en Gran Bretaña, superando a los mismísimos Beatles. Palabras mayores.

Y la gramola vuelve a bajar de ritmo para mecernos con las voces de los XX que nos cantan su Together. Como en un sueño pop con toques de chillout. Después llega Gotye que nos quita de la cabeza su pegadiza Somebody That I Used to Know llevándonos de viaje con el videoclip de  Hearts a Mess, pieza de sonidos reggae y reminiscencias tribales. Un trabajo que es, además de una buena canción, una muy buena animación firmada por  el australiano Brendan Cook.

Los arrumacos pueden seguir, incluso tomando un cariz desesperado, con la voz de Jack White que versiona el amor ciego de U2. Dejando muy atrás, e incluso mirando por el hombro, su etapa con los White Stripes, el cantante norteamericano alardea de registro y se marca una exhibición de pasión sin riendas como vocalista.

amorAmores algo menos terrenales y más místicos son los que parece querer evocar el penúltimo corte: Nero con su Into the Past también puede recordarnos un poco a las canciones que bailábamos hace diez años, como el Fly on the Wings Of Love donde esperábamos que después de cada fragmento etéreo, los Pont Aery, Scooter y compañía hiciesen de las suyas. Aquí no ocurre así y todo se queda en una especie de canto de sirenas futuristas.

Como un elegante broche final llega Sia, dispuesta a matar y salir corriendo, no sea que el guapo Gatsby, o en este caso Leonardo DiCaprio, la atrape y ya no pueda salir más de este cuento. Un cuento que nosotros recorremos al ritmo que marca una banda sonora que ocupa un papel central en la concepción de la última película de Baz Luhrmann.

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2 pensamientos en “El gran Gatsby o la suma de los polos opuestos

  1. Da gusto leer opiniones en las que confluyen un profundo conocimiento del tema más allá del copia y pega de wikipedia y un estilo con la pluma tan claro, entendible y brillante. Mi enhorabuena a Alba Herreruela por este magnífico trabajo y mis felicitaciones al editor por demostrar, en este caso, un buen criterio a la hora de publicar calidad.

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