Iván Fernández Prieto

Aarón Zapico: «Hay dos cosas que se deben dar en un escenario: pasión y honestidad»

Hace ya dieciséis años que comenzó la andadura del Festival de Música Antigua de Gijón. Han sido más de tres lustros en los que alumnos, profesores, grupos e intérpretes de prestigio internacional, han convertido Gijón en una de las capitales del mundo de la música antigua. Hoy los recortes ponen en peligro un evento que, modesta y discretamente, se ha ido haciendo un hueco en la vida cultural de la ciudad y en la programación musical del verano gijonés. Aarón Zapico (1978), director, clavecinista de prestigio y fundador del grupo Forma Antiqva, es también desde hace dos años director artístico del Festival de Música Antigua. Nos recibe en su casa de Sama de Langreo y habla para los lectores de Neville sobre el propio Festival, la crisis, la educación y el futuro de la música

Aarón Zapico - Forma Antiqva (Rubén Fernández, fotógrafo)-Vamos directamente al grano ¿Qué le dirías a alguien que no conoce la música antigua para que se acerque a alguna de las actividades del Festival de Música Antigua de Gijón?

-Lo primero que le diría sería que no tuviese miedo. La música antigua suena así, como con un poco de respeto, parece demasiado seria, oscura, casi si me apuras, hasta litúrgica. Uno se hace la idea de que es aburrida pero nada más alejado de la realidad. En el festival hay espectáculos para todo el mundo y, realmente, es un tipo de música muy cercana por la manera de interpretarla y por la propia música que se interpreta. Es muy cercana a todo lo que estamos escuchando hoy en día: al jazz, al pop al rock… La gente, por mi experiencia tocando en los últimos diez años, la nota muy cercana y le gusta, le encanta.

-¿Qué supone el Festival de Música Antigua para la ciudad de Gijón?

Yo creo que una ciudad tiene que tener unas señas de identidad muy claras y la cultura es una parte fundamental. Gijón tiene una identidad cultural muy fuerte, y el Festival de Música Antigua de Gijón forma parte de ella. Si en Oviedo pensamos en los conciertos del auditorio, la zarzuela, la ópera como señas de identidad, en Gijón tenemos el Festival de Música Antigua como algo muy potente. El problema es que no se termina nunca de querer ver, hay como un miedo a ver la cultura como una industria y como realmente un referente y un atractivo para que la gente venga a Gijón.

Y al revés, ¿qué supone Gijón para el Festival de Música Antigua?

Gijón es una ciudad muy cariñosa con la música antigua, es una ciudad grande, aunque no lo parece. Es muy cómoda, y la gente que viene de afuera se va encantada, hay muy buenos sitios donde comer, donde beber… en cinco minutos pasas de estar en clase, a estar en el mar. Te puedes bajar a bañar entre clases, o antes de un concierto. Es una ciudad en la que todo está a mano. Las sedes del festival, el Jovellanos, el Antiguo Instituto, todo está en un círculo de 200 metros, y eso es precioso. Pediría a Gijón que dejara de llover en algún momento, aunque fuera esa semana pero me temo que ya es pedir demasiado. Pero bueno, creo que la ciudad es muy cómoda para la gente que viene y a todo el mundo le encanta.

-Van ya dieciséis años de festival, ¿hay aún para rato?

Desde luego. La carga de ilusión ha sido acumulativa durante todos estos años. Carlos González, el anterior director, realizó una labor titánica, con una programación en la que uno puede estar de acuerdo o no, pero que en todo caso ha sido titánica. Se creó un espacio, se creó un público, se creó una demanda, una necesidad de música antigua. Y no olvidemos que lo importante en los programas culturales es darles estabilidad y continuidad, mantenerlos en el calendario, ser previsibles y que las novedades que lleguen sean para quedarse… Yo ya demostré el año pasado todo lo que puedo aportar a este festival y en el momento que la situación económica lo permita, estaré encantado de hacer que el Festival sea como debe ser en el siglo XXI.

-¿Qué novedades trae el Festival de Música Antigua de Gijón de este año?

Hemos tratado de mantener las importantes novedades que introdujimos en la edición anterior, es decir, los conciertos más sociales, enfocados a públicos con algún tipo de discapacidad; el concurso internacional; conciertos en pubs o nuestro continuo compromiso con los músicos españoles. Esperemos que en ediciones futuras donde haya una mayor bonanza económica, podamos seguir con el decidido apoyo a los jóvenes y, sobre todo, con la creación de un nuevo público con conciertos para embarazadas y bebés.

-Sin embargo, hoy en día las salas de concierto están lejos de llenarse, y el público generalmente tiene una media de edad alta ¿qué se puede hacer para que la música culta deje de ser considerada tan hermética?

Es una buena pregunta. Ahora estamos empezando ver cómo la gente se empieza a preocupar: orquestas con diez o veinte años de existencia, óperas, teatros, se empiezan a preocupar por la creación de un nuevo público. Durante años fue el café para todos, no se preocuparon de  potenciar un público. ¿Y cómo podemos potenciar un público? Yendo a por él, no hay otra. Tenemos que empezar a hacer conciertos para mujeres embarazadas, conciertos para niños de preescolar, empezar a dejar a mirar mal en los conciertos a las madres que van con niños. Durante muchísimo tiempo y ahora todavía, hay programas de concierto que son absolutamente infumables, están hechos para mayor gloria del director, o de la orquesta, o del solista, pero son, digamos, programas musicológicos, no están realmente pensados para el público. A la gente, para gastarse veinte euros y salir de casa, la tienes que atrapar. Tenemos que empezar a hacer conciertos divulgativos, manejar las redes sociales, hablar el lenguaje de la gente joven, analizar por qué no vienen: si es porque es caro, o barato; si tocamos los días que están saliendo. Tenemos que cambiar un poco todo y adaptarnos al público, no verlos a todos desde un pedestal.

En Gijón, una de mis preocupaciones era esa, la de conseguir un nuevo público. Se fue a El Patio de la Favorita para que el público, digamos, de la noche, viera que se puede escuchar una tiorba maravillosamente bien y tomarse un cubata, no hay por qué escuchar a quien sea de los Cuarenta Principales. Hicimos conciertos a la una de la tarde los fines de semana, para ver si a la gente le gustaba antes de tomar el vermut ir a un concierto. En otros países esta preocupación ya viene de antes, pero en España hasta que no lo tenemos encima, no lo vemos. Con Forma Antiqva es una de las cosas que miramos, hacer programas que gusten a la gente, que no sean una exhibición de lo bien que tocamos o de los conocimientos tan profundos que tenemos del barroco, sino que sean amenos, divertidos, que la gente se lo pase bien una hora y media.

-¿Cómo ves el futuro de las nuevas generaciones de músicos que se están formando actualmente?

El mayor problema es el plan de estudios, es muy asfixiante y no deja tiempo para la práctica del instrumento. Eso se ve muy claro en el grado superior, donde hay demasiadas asignaturas teóricas cuando uno lo que realmente tiene que estar haciendo en el superior es un trabajo técnico exhaustivo en el instrumento, desarrollar una técnica. Uno puede leer, interesarse por el  análisis o por artículos durante toda su vida pero hay  un período en la vida del músico, que son los 18 a 21 ó 22 años, que es cuando tiene que desarrollar todas las facultades para luego poder tocar. Estamos inmersos en un plan de estudios en que se da demasiada importancia al contexto, por llamarlo de alguna manera, con alguna asignatura que yo me pregunto realmente para qué vale, y luego al final los chavales no tienen tiempo para hacer sus 6, 7 u 8 horas de práctica, que es realmente lo que tendrían que hacer. Eso en otros países, primeras potencias del mundo en música, no pasa. Entonces, claro, hay algo que estamos haciendo mal.

-Partiendo de eso, si tuvieras poder para mejorar sólo una cosa de la educación musical en España, ¿qué sería?

¿Sólo una? (Piensa unos instantes) Exigiría que los profesores de instrumento fueran intérpretes, que tuvieran una vida musical activa. Eso para mí es fundamental y con ello se solucionarían muchas cosas. El profesor de instrumento tiene que estar activo. No digo que tenga que dar un concierto todos los días, ni todas las semanas, ni mucho menos, pero sí que participe de la vida musical y esté en forma. Si no, es imposible desarrollar en el alumno capacidades como la autocrítica, la imaginación, la sensibilidad, el compañerismo… Es muy difícil. Es como dar clases de conducir sin haber conducido en tu vida, sólo sabes la teoría, pero hay muchas preguntas que quedan sin responder. Y, por supuesto, los conservatorios deberían promover y premiar esta actividad de sus profesores como parte indispensable de su prestigio y magisterio.

-¿Existe una generación perdida también en la música?

No somos conscientes de la importancia que tiene la cultura para un pueblo. Parece una frase muy manida pero realmente la cultura dota de sensibilidad a la gente. Yo no me imagino, aunque siempre hay casos,  a alguien que haya adquirido sensibilidad y educación haciendo teatro, música o cualquier otro tipo de actividad artística, ejerciendo el terrorismo, ni violencia de género. ¿Por qué? Porque pueden ser mejores o peores personas pero tendrán una sensibilidad, un saber estar, se moldea a la persona. Un profesor mío decía: «tenemos que “desasnar” a la gente». Y es verdad, es muy necesario. Tú date cuenta que un crío, yo lo veo por mi hija, está recibiendo estímulos nocivos casi el 80% de las veces: música de muy mala calidad, vocerío, discusiones… En concursos como La voz o Tú sí que vales, no premian el esfuerzo, ni la constancia, ni el sacrificio, premian dar el pelotazo en un mes. Eso son modelos que los críos, que son esponjas, están viendo continuamente, día a día, y son nocivos. Hay que enseñar e incidir en el esfuerzo, el compañerismo, a participar antes de ganar. Pones la tele y que si Mourinho, que si el fútbol, el Sálvame…  ¡Es un aburrimiento! Todos debemos responsabilizarnos un poco más de lo que estamos creando.

cartel FeMAG-En los últimos meses has dirigido a la OSPA, la Orquesta Barroca de Roquetas de Mar, Forma Antiqva… ¿Qué nuevos proyectos tienes por delante como director?

Pues ahora acabamos de hacer un concierto con Las cuatro estaciones y vengo de Roquetas de Mar de hacer Schein, un programa muy interesante de madrigales. Ahora, el próximo proyecto gordo de dirección, es con la Filarmónica de Málaga, con la que  hago Los fuegos de artificio. En diciembre, El Mesías con la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias y el coro de la Fundación  Príncipe de Asturias y, por el medio, varios conciertos con Forma Antiqva: la semana que viene en Alemania con un programa de Steffani muy complicado. Proyectos, afortunadamente, hay, no estamos parados.

-¿Qué les pides a los músicos que están bajo tu batuta?

Hay dos cosas que se deben dar en un escenario: pasión y honestidad. Pasión, es decir, «voy a terminar agotado», no dejar ninguna reserva en el concierto y casi tampoco en el ensayo general. Y honestidad, tratar la música y los conciertos como algo donde tienes que dar lo mejor de ti mismo. Si alguien da lo mejor de sí mismo, es muy difícil que salga mal o que la gente diga: «no me acaba de convencer». Creo que la gente es muy receptiva en ese sentido.

-¿Qué falta por hacer en el campo de la música antigua?

Puf! En España queda mucho por hacer. Alguien que quiera estudiar clave lo tiene fácil; alguien que quiera estudiar cuerda pulsada lo tiene menos fácil; pero alguien que quiera hacer corneto o violín barroco o viola de gamba, pues lo tiene realmente complicado porque hay uno o dos sitios donde puedes estudiarlos. Un país como España, yo creo que debe desarrollar los departamentos de música antigua porque hay muchos festivales de este tipo y hay sitios donde tocar. Pero se debe desarrollar un poco todo ello desde la base. Parece como que dimos un salto grande y que nos quedamos ahí, ahora debemos seguir evolucionando.

Después de todo el tiempo de gestión, docencia, coordinación, dirección… Te sientas al clave ¿y qué pasa?

Pues por eso comentaba que es muy importante la fase de estudio. Yo tuve una muy buena fase con el piano donde aprendí a estudiar, aprendí todos los recursos del estudio y luego con el clave también fui muy metódico en Holanda. Entonces, claro, vas tirando de esa base. Antes tenía 7 u 8 horas para estudiar pero ahora no las tengo. Dispongo de 2 ó 3 y tengo que condensarlo un poco todo. La base técnica, si la tienes trabajada, es sólo mantenerla un poco en forma. Si es que al final somos atletas, el trabajo de pretemporada, por hacer un símil entendible, es muy importante porque pierdes peso, te pones en forma… Yo ahora mismo, más de cuatro horas al día es imposible porque no quiero renunciar a mi familia o a estar con mi hija. Partiendo de esa base todo lo que tenga que venir que venga, ya lo torearé. Son sacrificios, claro, a lo mejor me tengo que levantar a las cinco de la mañana en vez de a las nueve y tengo que estudiar más condensado pero bueno, cuando me siento al clave intento que sea lo más productivo posible.

Aarón Zapico (Rubén Fernández, fotógrafo)-¿Cómo afrontas los nervios antes de un concierto?

Bueno, yo creo que los nervios a estas alturas ya se convierten en adrenalina. Es bueno tenerlos, si no seríamos unas setas. Se trata más bien de eso, adrenalina, ganas de tocar. A mí lo que me pone más nervioso son esos minutos previos, esos quince minutos inmensos en el camerino o los cinco minutos de cortesía, son los que te ponen a punto de estallar. Ya son muchos conciertos y más que nervios es adrenalina.

-¿Cuáles son o han sido tus referencias musicales en tu carrera?

Hay algunos grupos e intérpretes que me gustan mucho: Diego Fasolis, Giovanni Antonini, quizás lo más relevante. Pero escucho música de todo tipo, de todo lo bueno. Ayer puse a Johnny Cash, que me encanta. Al final, todo te sirve para ser intérprete. Me acuerdo de una entrevista hace tiempo a José Miguel Moreno en Goldberg, la revista que desapareció, y venía a decir que la música caribeña y cubana era muy buena para los músicos barrocos, porque esa libertad y frescura que tienen los músicos de ese tipo nos viene de perlas. De igual forma qué más pasión, qué más recitativo o vida hay que en el flamenco, por ejemplo. No he tenido un referente en plan «quiero ser como ese», sino muchos realmente.

-¿Qué lleva Aarón Zapico en el reproductor de música?

(Risas) Pues llevo de todo. Me hice una cuenta Premium de Spotify que es una maravilla y llevo desde Johnny Cash a ópera barroca, pasando por los Rolling Stones. Tengo de todo, ¡menos de los Cuarenta!

-Si tuvieras que recomendar un disco ¿cuál sería?

Más que un disco, diría un grupo que se llama L´Arpeggiata, de la tiorbista Christina Pluhar y que es realmente fascinante: no sobra ni falta nada, es brutal, una maravilla. Un disco que también escuché mucho en mi vida fue Il Viaggio musicale, de Il Giardino Armonico. Casi cualquier disco de ese grupo me gusta. Citaría muchos discos… Bueno, siempre me gustó mucho uno de Paco de Lucía, John McLaughlin y Al Di Meola,  Friday Night in San Francisco, es un directo impactante.

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