Víctor Guerrero

GP de Mónaco: Alemania conquista el paraíso (fiscal)

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Ganaron los alemanes. En el tedio, ganan los alemanes. El Gran Premio de Mónaco derrochó el habitual aburrimiento y la tortuosa repeticion de una serie de coches circulando uno detrás del otro sin grandes aspavientos durante dos horas y veinte minutos. Ni siquiera la extravagante actuación del mexicano Sergio Pérez (McLaren) -empeñado en pilotar como en los coches de choque (autos-locos)- impide arrojar sin remordimientos la carrera monegasca del domingo 26 de mayo al cubo de la mediocridad. El GP de Mónaco disfruta de la fama del glamour del dinero, de los márgenes estrechos de sus calles y de las postales de coches, chicas y lujo. La virtud deportiva es una actriz secundaria en el puerto pirata de los Grimaldi.

Ganó Rosberg, un alemán de Mercedes, equipo tan germano como el segundo clasificado, Vettel, que pilota un Red Bull austriaco, el mismo coche que el australiano Mark Webber, de apellido -Webber- tan teutón que da escolofríos. Si hubiese tenido suerte, un inglés se habría metido en el podio. Pero en las carreras influye la suerte y Dios no juega a los dados, dijo el alemanísimo Albert Einstein, por lo que Lewis Hamilton (Mercedes) acabó cuarto. Alonso, español sentado en un coche italiano, no pintaba nada en ese ecosistema germánico: llegó séptimo tras una lamentable carrera tanto suya como de la Scuderia. En las vueltas finales, para rematar, le superó un gran Adrian Sutil, otro súbdito de Alemania “über alles”.

El hijo de Keke Rosberg venció en Mónaco, como hizo su padre hace justo 30 años. La carrera de Nico fue fácil: salió el primero y llegó antes que nadie. El piloto de Mercedes disfrutó de la enorme ventaja de no tener que disputar los escasos metros de asfalto de las calles de Montecarlo con nadie, de entrar en los momentos adecuados a cambiar neumáticos y, en fin, de la fiabilidad (esta vez sí) de un coche que hasta ahora había mostrado sus poderes en clasificación pero que había fallado en carrera.

La victoria de Rosberg era previsible. Porque lo apabullantemente normal en el principado de los Grimaldi es que gane el que sale el primero: en los últimos 10 años, sólo dos pilotos que no partían de la pole se quedaron sin victoria final. La razón que en el circuito de Mónaco hay apenas dos puntos de adelantamiento (arriesgado): la entrada a la chicane posterior al túnel y la curva Loews, en la parte más sinuosa del circuito. Si el piloto está despistado, también puede ser adelantado en Rascasse, a pocos metros de la línea de meta. Es lo que le ocurrió al poco inspirado Alonso en la fase final de la prueba. Ese despiste -aprovechado por Jenson Button– le costó terminar en la séptima plaza y perder dos puntos que al final de la temporada tal vez necesite. Ahora mismo es tercero, a 29 puntos de Vettel (líder) y ocho de Kimi (segundo).

La pimienta de esta carrera la puso el mexicano Sergio Pérez. Adelantó a Alonso en la frenada anterior a la chicane y el español hizo trampas -se saltó la misma chicane- para evitar perder la plaza que, minutos más tarde, los jueces le obligaron a ceder al piloto de McLaren. Después “Checo” se fue arriba e intentó repetir la maniobra con Kimi Raikkonen. El finlandés casi cae en la trampa pero aguantó. «Ese idiota ha estado a punto de chocar conmigo», dijo por radio el simpático Kimi. Un par de vueltas más tarde sí que chocaron. En el mismo punto. Pérez se colocó a la izquierda del Renault de Kimi en la bajada hacia la chicane pero el piloto nórdico le obligó a pegarse al muro y Sergio dañó su coche. La maniobra defensiva de Kimi no fue de las más nobles pero el lugar por el que pretendía pasar su rival era imposible. Sergio Pérez terminó retirándose cuatro vueltas más tarde. Al menos se había divertido en una tarde en los autos-locos. Kimi tuvo que entrar en boxes y llegó décimo.

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 El Gran Premio de Mónaco se disputó en la misma semana en que la Unión Europea reunió a los 27 jefes de Estado y de Gobierno para discutir un calendario de combate al fraude y la evasión fiscal. Sin duda, alguno de esos pro-hombres -aburrido con el transcurrir de los bólidos por las calles de Montecarlo- habrá echado la mente a volar y sus neuronas habrán conectado las palabras Mónaco, paraíso, fiscal. Milagros de la mente humana. Pero Mónaco tiene yates, escorts, habanos y fichas de casino, tiene a David Hasselhoff sonriendo con una rubia de bote en un balcón. En el sueño del líder continental, la cumbre contra el fraude fiscal es un asunto gris, lioso, que no puede hacer otra cosa que desvanecerse ante los brillos fáciles y mediterráneos del paraíso. Por eso nuestro jefe de Estado o de Gobierno suelta un ronquido mientras sus excelentísimas neuronas rápidamente desconectan conceptos y se apartan de cumbres, planes o calendarios contra el delito fiscal de los dueños del poder y se dejan seducir por Mónaco, mecidas por ese esplendor kitsch que tienen los paraísos de cars and girls.

Documentos

Keke Rosberg -padre de Nico- ganó el GP de Mónaco en 1983 con un Williams equipado con un motor Ford. Ese día -15 de mayo de 1983- se merendó a los “turbos”.

Próximo Gran Premio

Canadá, circuito Gilles Villeneuve (Montreal), 7-9 de junio. Clasificación 2012: 1 Vettel; 2 Hamilton; 3 Alonso.

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