Víctor Guillot

Israel Ortiz de Zárate: sobre todas las ciudades

Comunicados..

Israel Ortiz de Zárate nos presenta en Mediadvanced una gavilla de ciudades sobre las que no ha pasado el tiempo y que han sido reunidos bajo el título Fragmentos cotidanos. Madrid-Lisboa-La Habana es la ruta marcada por el artista que bien podría ser un viaje al corazón de las tinieblas del hombre íbero. Así pues, Israel se recrea con las figuras clásicas del parque de El Retiro, desciende Alfama por las colinas adoquinadas en tranvía y se funde en el asfalto del malecón de La Habana, donde las putas y los putos hacen permanentemente su agosto, entre cadillacs desconchados y farolas oxidadas.

Ya hemos dicho aquí que Israel Ortiz de Zárate ha retratado a actores, escritores, músicos. Indagar en la biografía a través de la imagen es uno de los retos de este fotógrafo madrileño que busca en cada daguerrotipo una historia, una anécdota, a sabiendas de que la anécdota es el nervio de la historia. Podría decirse que Ortiz de Zárate es un «flanêur» a la busca del tiempo perdido. Israel nos descubre no solo biografías, sino también ciudades, lo que viene a ser, en nuestra vida, prácticamente lo mismo. El París literario y libertino, la saudade lisboeta o un Madrid bohemio, romántico y castizo. Gracias a su ojo descubrimos que una ciudad son mil ciudades que se comunican a través de nosotros y de sus imágenes. Hay un simultaneísmo de tiempo pasado y presente que nos abriga y nos embriaga y, sobre todo, nos devuelve a un realismo pasado por el tamiz de la nostalgia.

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Israel Ortiz de Zarate escribe pequeños relatos en cada fotografía. Uno observa dos materias sobre las que imprime su luz. A un lado el jazz, con toda la mitología del hombre y su trompeta, todo el erotismo de la mujer y sus labios, con toda la negritud que exhala la madera de un contrabajo y la fluorescencia de una guitarra eléctrica. Al otro están las ciudades que transforman esa mitología en algo épico y dinámico barnizado de melancolía pura y dura. Hay en cada imagen un amor por lo viejo, por aquello que el tiempo ha destruido, por la calle vivida y transitada, esa que aún huele a claveles y geranios.

Del mismo modo que hay hombres a los que les gusta Madrid, a Israel Ortiz de Zárate lo que le gusta es fotografiar Madrid. Y así es capaz  de encontrar su sentido en un callejón de Malasaña lo mismo que en un paso de cebra donde el grafitti invade la calle. IOZ ha entrado en el pormenor de la luz total como «en un vasto dominio», como el novelista, Balzac o Galdós, entraban en el pormenor humano, numeroso, de las vidas. «Todo lo inventa el rayo de la aurora».  Es como si hubiera una voluntad absoluta por retratar toda la ciudad, todo Madrid y su todomadrid.  El paisaje de Madrid, que en sí mismo es un género literario, como Lisboa o La Habana,  para IOZ no tiene resabios de paisajismo ni residuos localistas. Encontrarse con la ciudad total, con todos los azares de matiz, forma y dimensión que a un artista puede proporcionarle la innumerable geología edificada de una capital. Ese es el objetivo de Israel, un Madrid que lo inventa el rayo de sol sobre un mundo de tejados, calles en sombra y espacios vacíos. La ciudad ya tiene su fotógrafo del nuevo siglo. No quedará el Madrid de los políticos y los periodistas. Quedará el Madrid de Israel Ortiz de Zárate.

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