Víctor Guillot

La política de Higgs

Don't try this one: Professor Peter Higgs with a description of the Higgs model.

El Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2013 ha recaído en  los físicos Peter Higgs y François Englert y también al Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) de Ginebra. Como anuncian todos los digitales desde el mediodía, el galardón reconoce el descubrimiento del bosón de Higgs, una partícula a la cual se le atribuye una clave fundamental para explicar el origen de la materia en el universo, descubierto gracias al Gran Colisionador de Hadrones (LHC), el mayor acelerador de partículas del mundo, en el CERN.

Como afirma nuestro buen amigo Agustín Fernández Mallo, este descubrimiento confirma que el vacío no es la nada. Y eso es un hachazo a toda la metafísica. De manera que, según Fernández Mallo, la nada tiene un sentido exclusivamente metafísico, incluso, místico, mientras el vacío responde a otra dimensión, a la de la física, porque el vacío, paradójicamente, está lleno, lleno del campo de Higgs. Desde entonces, para Agustín el misterio del vacío se ha desvanecido. Lo que no nos dice el autor del Proyecto Nocilla es que a partir del bosón de Higgs todo lo que nos rodea se convierte en un constante descubrimiento. Algo similar le debió de suceder a la humanidad cuando Colón descubrió América. Desde el 12 de octubre de 1492, el ojo no se cansó nunca más de observar el horizonte.

En cualquier caso, el sentido último del hombre es sentir la extrañeza súbita del misterio. El misterio es la partícula de Higgs que permite que el hombre se mueva. La política sigue siendo el gran misterio del hombre que no sabe de ciencia y no ha encontrado todavía esa partícula primera que lo explique todo. Giulio Andreotti, recién fallecido, se llevó a la tumba todo el misterio que recorre Italia y toda Italia se mueve y se remueve cuando se menciona al Divo. Del mismo modo, nos atrae Felipe González porque sigue siendo un hombre misterioso, del que siempre se espera una frase o un gesto que explique el mundo y todo lo que le rodea. Lo llamaban carisma, pero el carisma no deja de ser una forma mundana para referirse a algo tan físico como es el magnetismo. Igual que hay cuerpos cuyos átomos se atraen, también hay otros que producen el efecto inverso, o sea, que se repelen. Aznar nos repugna o nos repele porque desde hace mucho tiempo es un hombre al que ya no le quedan secretos ni tampoco atributos. El mayor enigma de Aznar era su bigote, pero desde que se lo ha afeitado, sólo es un tipo engolado de dólares desahuciado por el misterio.

Después de Higgs sabemos que la nada no existe y que el vacío está lleno. Pero la política, un suponer, ya nos había confirmado este asunto siglos antes. Efectivamente, algo tan físico como el poder nunca puede estar vacío. Cuando creíamos que en la Moncloa existía un vacío de poder tras la llegada de Rajoy, pronto sospechamos que el despacho del presidente estaba ocupado por otro poder magnético, invisible a nuestros ojos, un campo de Higgs económico, político y feroz que ejercía su influencia desde la otra esquina del mundo. Ahora bien, una vez que hemos descubierto el trampantojo del poder, este misterio, lejos de desvanecerse, se nos multiplica, reproduce, incluso en ocasiones, nos empuja y nos aplasta.  En cualquier caso, nos empuja a abrir todos los días el periódico para después lanzar al suelo un buen escupitajo.

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