Paula Corroto

Gregorio Morán: «El oportunismo de IU será absolutamente alucinante porque intentará recoger todo lo que caiga de los demás»

«Siempre que aparece el nacionalismo en su forma institucional sé que están tratando de engañarme. Lo aprendí en una escuela que duró muchos años y que se llamó franquismo». Con esta frase comienza uno de los artículos del periodista Gregorio Morán (Oviedo, 1947) fechado en noviembre de 2012 y que aparece en la reciente recopilación La decadencia de Cataluña contada por un charnego (Debate). Tanto la primera aseveración como el título del libro y el resto de artículos que se incluyen, publicados originalmente en La Vanguardia, muestran la pluma de un columnista que no se priva en llamar a ciertas cosas por su nombre. Que no blandenguea, que no juega con el buen rollismo ni, por supuesto, se sube al carro de la exaltación de los palmeros que posee toda tribu. Militante del PCE en la dictadura, Morán ha ejercido el periodismo político durante casi toda su carrera en Cataluña. Ha batallado con el pujolismo, con el Tripartito y con la actual era de Artur Mas, un recorrido profesional que le ha servido para señalar el fin de la autoestima catalana, de los años del oropel. Una entrevista con él,  en pleno toma y daca con el referéndum y el derecho a decidir, y hecha en Madrid, alumbra, al menos, un horizonte argumentativo novedoso con respecto al nacionalismo, sea este del cariz que sea. Sabe que se escuda en su propia asturianidad: «Si llego a ser de Madrid lo hubiera tenido muy mal. Pero hacia los asturianos, por las características propias del país, quizá la gente muestra más distancia y benevolencia».

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La tesis de este libro no ha dejado indiferente ni a unos ni a otros, según las reacciones que he leído en Internet. ¿Ha dado en el clavo?

Eso es fundamental. Es bueno para el libro y para la salud de la sociedad. Ya hay demasiados libros que te acunan y, en general, suelen llegar ya subvencionados.

Son artículos publicados entre 1995 y 2012 en La Vanguardia. ¿Con qué criterios los ha escogido?

Son todos los dedicados a Cataluña en este periodo. A mí me ha sorprendido el carácter compacto del libro. No he anulado ninguno. Y me siento orgulloso porque no los he tenido que corregir. Eso de decir “aquí me pasé” porque hice un análisis equivocado, no sé si es una suerte o una desgracia, por lo que cuento no es para sentirse muy feliz, pero no lo he tenido que cambiar.

¿Le han sorprendido las semejanzas entre lo escrito en 1995 y en 2012?

No es para sentirse feliz, pero sorprendido sí. Hay una sorpresa general y es que la crisis hace años era impensable. Y en Cataluña mucho menos, porque las dosis de autoestima que había allí eran tan considerable que parecía lo más normal del mundo que quebrara Madrid, Extremadura, Galicia, etc, ¿pero ellos? Ellos no. Es una crisis que afecta a todo el modelo que cosntruyó Pujol, aunque es verdad que en el resto de España afecta a los modelos sucesivos que construyeron los demás, lo cual viene a decir que tampoco eran demasiado diferentes los modelos de unos y otros, aunque ellos consideraran que eran singularísimos.

Utiliza constantemente el pronombre ‘ellos’ para referirse a Cataluña. Esto, según he leído, ha soliviantado a ciertos entrevistadores en Cataluña.

Sí, alguna entrevistadora me decía que si yo me sentía diferente. Y a mí me gustaría ser diferente, pero eso es una pedantería porque son categorías que te dan los demás. Hay consideraciones que no puede tomarlas uno solo.

¿Se confunde integración con respeto?

Eso es una pregunta complicada (silencio). Porque habría que añadir si se confunde integración con sumisión más que con respeto. Yo creo que es más fácil conjugar integración con sumisión. Cuando la inmigración económica, parte de algunos sectores de la sociedad catalana consideraron que había que integrarlos y tengo serias dudas de que aquello se tratara de respeto.

No se corta y habla de decadencia. ¿Estaba antes Cataluña en el Olimpo?

No, no era necesario. Con la edad que tienes no es necesario que seas muy feliz ni que estés en el Olimpo, pero puedes entrar en decadencia. El estado de Cataluña no era un estado de exaltación, al margen de la autoestima, que eso sí que era terrible. Y yo insisto en que la autoestima es como una enfermedad, un virus que se expande y que es peligrosísimo. Y si es peligroso individualmente, colectivamente mucho más. Sencillamente, yo creo que uno de los problemas de Cataluña y lo que llamo decadencia es no hacerse cargo de la realidad. Ni éramos más guapos ni más listos ni administrábamos mejor el dinero que los demás. Aquellas frases estúpidas que dijo Artur Mas en los Estados Unidos sobre que “nosotros no somos como esos españoles que duermen la siesta” son para matarle, teniendo en cuenta que parte de sus consellers me consta que duermen la siesta. Como metáfora me parece digna de su escaso talento.

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Ahora que habla de talento, me da la sensación en estos artículos de que echa de menos cierta intelectualidad, que por otra parte, parece que nunca existió.

La inteligencia crítica, sí. Es una pregunta que me llama la atención, porque no, no la había y si la había yo no la encontré. Pero hubo, muy discretamente, una parte de la inteligencia catalana que se fue desplazando hacia Madrid, y no sé si ganaron en sus vidas personales y económicas, pero esto afectó a la capacidad crítica catalana y fue un beneficio considerable para Pujol y el pujolismo para que se creara ese oasis en el que se decía, “nosotros no somos como Madrid donde los periódicos se pelean unos con otros”. Nosotros no nos peleábamos porque [el pujolismo] los había comprado todos.

Y eso fue en detrimento de la prensa catalana.

El tono de la prensa catalana es más benevolente que la prensa de Madrid. Primero porque en Madrid existe una competencia mayor entre los grupos políticos, económicos… Y allí hay menos. No quiero decir que esto sea un beneficio para la prensa de Madrid, que está más polarizada. Allí se puede llevar cualquier periódico debajo del brazo y no pasa nada. Y eso no creo que sea bueno.

En varios artículos dice que le hubiera gustado escribir una biografía sobre Jordi Pujol, pero que era inaccesible. Y Artur Mas, ¿daría para una biografía?

(Resopla). Tendría que tener una capacidad literaria considerable para poder meter literatura en el texto porque la biografía de Artur Mas de veinte páginas sobran diez. Sé que se ha hecho alguna, y hay una que no está nada mal, pero era una especie de introducción al candidato, al personaje… Depende del talento del narrador, claro, pero no del protagonista, que no da más de sí.

Como político, ¿Mas sobrevivirá a las últimas elecciones?

Un político sobrevive siempre hasta que no le den el responso. Fue un golpe de gracia grande, pero recuerdo que mucha gente me decía que iba a dimitir, y yo me asombraba. ¡Qué cosa más idiota! ¿Cómo iba a dimitir? ¡Y menos en ese momento! No tiene ningún sentido. ¿Que fue un golpe? Por supuesto. Como se va a llevar otros posiblemente mayores. Lo único que no se le ocurrió nunca a Artur Mas después del gesto fallido de las elecciones fue dimitir. Además, hay otra cosa que la gente común como nosotros no acabamos de entender y es que un dirigente político tiene a su alrededor a cincuenta tíos y tías diciéndole que es genial y que tiene que seguir. Si tú cuando vas a casa te encontraras con cincuenta amigos que te dijeran que eres genial acabarías creyéndotelo.

Es curioso, pero hubo un tiempo en este país que sí se dimitía. Suárez dimitió, por ejemplo.

Sí, pero son condiciones muy diferentes. En este país solo han dimitido con dignidad dos personas: Antonio Asunción, del PSOE, y Manuel Pimentel, del PP. Todas las demás son forzadas, o a patadas o porque no les queda más remedio. Suárez incluido.

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Precisamente usted escribió dos libros sobre Suárez. Hace poco un obra de teatro, Transición, le dejaba bastante bien. Al menos como un político de altura, aunque no se creyera en sus ideas. ¿La hora de redimir a Suárez? Parece que hemos perdido a ese tipo de políticos.

Esto es como los poetas, que ganan mucho muertos. A los poetas vivos no les tratan bien ni en su casa, pero cuando mueren son la hostia. Suárez empezó a ser un gran hombre en el momento en el que no les planteaba ningún problema a ninguno. Cuando estaba jodido, hecho una mierda y enfermo, entonces empezó a ser un gran hombre, pero lo pasó muy mal. No hay que olvidar que se inventó un partido, tuvo que conseguir dinero en condiciones más bien dudosas… La gente es que tiene una memoria frágil. Si a la gente de la época de Suárez les dices que Suárez era un político sólido te corren a gorrazos, y sin embargo, ahora es una obviedad. Pero no es verdad. Los políticos de la Transición eran iguales que los de ahora, lo que pasa es que con la distancia se gana mucho. Las batallitas de los abuelos ganan mucho. Suárez fue un político difícil y en un momento en el que se lo pusieron más difícil todavía. Yo entiendo que una persona menor de 30 años pueda sostener que Suárez fue un político genial, pero nadie que haya vivido aquella época lo dirá. Era un personaje retorcido. Estas cosas que se dicen ahora de que la clase política de la Transición tenía más valor que esta… Recuerdo que en aquellos años había unos profesores universitarios a los que llamaban los PNN [profesores no numerarios, que no han pasado la oposición para impartir clases] y a los gobiernos de Suárez se les llamaba Gobiernos de PNN. Ahora resulta que eran todos catedráticos de altura, pero no era así. Eran muy parecidos a los que tenemos ahora. Un personaje como Mariano Rajoy podría ser perfectamente un personaje de la Transición.

¿En qué sentido?

Mariano Rajoy es, sobre todo, un registrador de la Propiedad. Ganó las oposiciones, tiene una memoria excepcional y tiene una concepción de la política que consiste en que los problemas se solucionan mejor solos, y si no se solucionan, ya los iremos abordando.

¿Cómo puntuaría a los cinco presidentes que hemos tenido en Democracia?

Soy muy malo dando notas, pero es una cosa divertida. En el mejor de los casos, aprobado, pero raspado.

¿Todos?

Bueno, en algún caso no llega al aprobado. Leopoldo Calvo-Sotelo no fue un buen presidente y fue, además, quien tomó decisiones más inquietantes y peligrosas. Fue el que hizo la Ley de Periodismo que se creó para el juicio del 23F y que es peligrosísima. Fue el que ingresó a España en la OTAN con las consecuencias que eso tuvo. ¿Felipe? Hay varios. Porque no son solo presidentes sino que no se puede juzgar la primera etapa de Felipe sin Alfonso Guerra y la última sin todo el entorno del PSOE cuando ya empezaban aquellas golferías del dinero, con aquel inefable [José Luis] Corcuera. Luego viene Aznar, al que yo no le votaría en mi vida, y darle un aprobado me parecería excesivo. Y este hombre, Rajoy, pues no se sabe.

Y se le olvida Zapatero.

Zapatero no se me puede olvidar [risas]. Yo lo suspendería clarísimamente. Yo creo que fue uno de los presidentes más irresponsables y frívolos que hubo en una época, además, de bonanza magnífica. Es un presidente que tendrá excelentes biógrafos que le pondrán por las nubes. De hecho, hasta la derecha le está haciendo homenajes diciendo que era maravilloso.

¿La decadencia del PSOE de los últimos años empieza con Zapatero?

No, empieza con Felipe. Seamos claros. La decadencia del PSOE empieza con [Carlos] Solchaga, ni siquiera con [Miguel] Boyer. Empieza con Solchaga cuando dice que este es el país donde uno se puede hacer millonario con la mayor facilidad. Ahora el PSOE lo tiene difícil para recuperarse. Es imposible que pueda arreglarse. Ese ciclo terminó. Si en Alemania, el SPD, que es un partido serio, tiene problemas, ¿cómo no los va a tener el PSOE que es un partido de retales que se reconstruyó en 1976? Y si hablamos ya del Partido Socialista en Cataluña eso ya… No, no veo que se recupere. Porque el PP es un partido de intereses, es otra cosa. Los partidos tienen que repartir y si no tienes para repartir no sé qué vas a hacer.

Se dice, según las últimas encuestas, que se ha roto el bipartidismo. ¿Está de acuerdo con eso?

Sí, se ha roto, pero no significa que UpyD e IU vayan a competir con los grandes. Subirá IU, el agricultor este [Cayo Lara] se convertirá en un representante con mayor capacidad de voto, y Rosa Díez también aumentará, pero el bipartidismo no es el problema. El problema es que va a haber más de un 50% de abstención. El partido fundamental va a ser el de la abstención. ¿Qué esto les importa un carajo? Eso es otro tema.

¿Y eso puede dar lugar a que en España salga un Beppe Grillo?

Eso es difícil. La experiencia italiana es más compleja. Hay una experiencia política de los partidos. Hay una tradición que aquí no tenemos. Nosotros somos de antes de ayer. Que [el juez Baltasar] Garzón y la ilusión de su vida sea ser presidente tiene menos futuro que un pastel en la puerta de un colegio. No hace falta que lo diga Alfonso Guerra, a mí siempre me pareció un tipo lleno de toda sospecha. Yo no le votaría ni harto de vino.

Aunque fueran ellos quienes crearon el término y el sistema, vayamos a una democracia más actual, la griega. ¿Es posible una especie de Syriza?

Eso es lo que se está intentando. Pero, por ejemplo, ¿cómo los portugueses pueden hacer una política de izquierdas más audaz que la española? Pues son milagros que se producen. Yo confieso que me gustaría mucho ser optimista, pero sería una negación de la razón. Aquí, fórmulas como Beppe Grillo o Syriza necesitan tiempo. Izquierda Unida puede subir porque los demás se van al demonio, pero no por sus propios medios. A mí el agricultor me produce risa, me parece un personaje patético.

Y eso que usted viene del Partido Comunista.

Por eso mismo. Es un tío que tiene mi edad y que entra en el Partido Comunista en 1980. Así que vamos a ver, o estábamos o no estábamos. ¿Entrar en el PC en los años ochenta? Es de locos.

Por cierto, IU acaba de apoyar el derecho a decidir en Cataluña. Hace años Julio Anguita criticaba esto.

Y acabará apoyando que los curas se puedan casar. Es decir, apoyará lo que sea. El oportunismo de IU va a ser absolutamente alucinante porque va a intentar recoger todo lo que caiga de los demás. Ahora bien, no creo que eso tenga ningún futuro. Esta gente no tiene nada que ver, no ya con la izquierda clásica, sino con las posibilidades de hacer transformaciones. Pero tenemos un agricultor que no tiene ni idea de política. Los comunistas italianos eran gente mucho más fina y les fue mal, así que a este le va a ir de puta pena.

¿Por qué la izquierda se ha doblegado al nacionalismo? No sólo IU, sino Iniciativa, el PSC…

[Risas] Esta es la pregunta del millón. Viene de lejos y hay un problema económico real. El nacionalismo puede repartir, la izquierda no reparte nada. Pero además hay un problema de fondo, que viene de lejos, y es la influencia y  la hegemonía de la burguesía catalana.

Se lo digo también porque cuando se habla en círculos de la izquierda en Madrid también se está de acuerdo con que Cataluña pueda decidir.

Es la misma posición que se tenía con respecto a ETA en los años ochenta. Y así les fue. Es como lo del derecho a la autodeterminación. No hay nadie en la izquierda que niegue el derecho a la autodeterminación, pero en el momento en el que estás en el poder no lo consientes jamás. Una cosa es la teoría y otra cosa es la práctica. El texto de Stalin es un clásico sobre el derecho a la autodeterminación, pero si es el adversario el que tiene el problema, tú lo defiendes.

¿Qué tiene que hacer entonces la izquierda?

Hay que volver a empezar y hacerlo mejor. A mí me pilla mayor.

Ahora se escuchan nuevos nombres como Alberto Garzón en IU o Eduardo Madina en el PSOE.

Sí, y esta es la gente que podrá hacer algo, pero creo que no les van a dar muchas oportunidades. Yo no soy muy optimista.

O Albert Rivera, de Ciutadans.

Ciutadans es un fenómeno que, dado que el PSC está muy vinculado al nacionalismo, y el PP son una inutilidad absoluta de decoración, entre uno y otro va recogiendo votos. Es más joven, pero tampoco creo que tengan mucho futuro. Como he dicho, el futuro mayor del país es la abstención. El problema es ¿qué hacemos con ella?

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Por cierto, otra decadencia actual es la de la monarquía. Y además, se acabó la connivencia entre periodistas y la Casa del Rey.

Es que se han lucido. Al rey se le permitía todo, pero la gente tiene un límite. Y no es lo mismo que robe su majestad a que robe su yerno. Hay un problema de medidas también. Pero lo de la connivencia es cierto. El chiste del barco [el Fortuna] es absolutamente genial. Le regalan un barco, ahora quiere devolverlo a Patrimonio y claro los dueños dicen que era suyo. Lo de la monarquía era demasiado y habría que empezar a decir que el Fortuna no se ha devuelto porque gaste mucho, sino porque el rey, físicamente, no puede subir al barco. ¡Habría que meterle con un helicóptero! Mantenerlo cuesta un dineral y si no lo puedes usar, porque físicamente no estás en condiciones y a tu hijo y a tu nuera les importa un carajo, pues sucede lo que sucede.

Para terminar, ¿Cataluña y España siempre se han llevado tan mal?

Ahora puede que la relación sea mala, pero no siempre lo fue. En los primeros años de la Transición, Cataluña era un modelo. No solamente por los Juegos Olímpicos, que fueron el inicio de la decadencia, sino que antes recuerdo que en Castilla o Asturias se decía que en todas las comunidades necesitábamos un Pujol. No hay que olvidar que en los años ochenta Pujol fue declarado español del año por el ABC. Había, si no una admiración, sí un respeto considerable. ¿Que eso se fue deteriorando? ¿Por culpa de quién? Yo creo que la derecha hizo muchas barbaridades y luego llegó la gran idea del nuevo Estatuto, que creó una situación insostenible.

¿Hacia dónde va Cataluña?

Yo creo que hacia ninguna parte. Yo no creo que vaya a pasar absolutamente nada. El referéndum va a ser complicado. Siempre se pueden encontrar otras fórmulas, como hacen los abogados, que siempre encuentran fórmulas jurídicas preciosas para que no cumplas la ley. Pero una consulta es muy difícil. Artur Mas se ha gastado todo el dinero y algo tiene que decirle a la gente. Se lo ha gastado él, porque España le dio, pero lo ha derrochado y lo sigue derrochando. La base social y económica que apoya a Convergència, no a Artur Mas, está aterrorizada ante la idea de la consulta. Con lo cual el dilema que tiene Mas consiste en que tiene que convocar una consulta y al mismo tiempo no convocar una consulta y a la vez, si no le queda más remedio que convocar la consulta, tiene que perderla, porque si la gana, no la gana él sino Esquerra Republicana. Y quedaría como  un idiota de proporciones gigantescas. Es un problema de frivolidad política. Pujol jamás se hubiera metido en este lío. Él no era partidario del nuevo Estatuto y menos aún de una consulta sobre la independencia. El PSC, por su parte, está perdido desde Maragall.

¿Le es más fácil decir todo esto en Madrid que en Cataluña?

No. Yo he vivido 22 años en Madrid y 22 años en Barcelona. No tengo ningún problema. Y con respecto a la gente tampoco. La pregunta que nadie me hace en Madrid y me parece lo más normal de mundo es “¿qué opinan los catalanes de nosotros?” Y allí va a ser lo primero que me pregunten. Los psicólogos dicen siempre que el exceso de autoestima es una muestra de debilidad, pero yo creo que eso es una putada. Si tienen complejos, que se los traten.

Usted también puede escudarse en que es asturiano.

Claro. Si llego a ser de Madrid lo hubiera tenido muy mal. Pero hacia los asturianos, por las características propias del país, quizá la gente muestra más distancia y benevolencia.

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Un pensamiento en “Gregorio Morán: «El oportunismo de IU será absolutamente alucinante porque intentará recoger todo lo que caiga de los demás»

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