Alba Herreruela

El rostro heroico de Leonardo Da Vinci

Da Vinci's Demons 2013

Tom Riley es Leonardo Da Vinci

Desde hace algo menos de un mes la cadena Fox nos trae cada martes una nueva aproximación a la vida de un genio: Leonardo Da Vinci. Pero en este caso, deja un poco de lado la fascinación que produce esta figura para contarnos cómo vivía un Leonardo joven, de 25 años, inmerso en las luchas entre Florencia y Milán, en la crisis existencial propia de esta edad -qué edad no tiene ahora este problema-; en los amores intensos, apasionados y en la necesidad, aún tangible, de tener un padrino, si se quiere tener alguna oportunidad. Todo dispuesto para formar un tetris televisivo y dar luz a Da Vinci´s Demons que, en un claro intento por aumentar su audiencia, tira de dos cosas que siempre dan buenos números: los efectos especiales y el sexo.

Como en el caso de Juego de tronos, encontramos escenas de cama en casi cada capítulo. Cuerpos esculturales, caras resultonas y personajes atractivos para ambos géneros. Es decir, guapos y guapas reinterpretando el Kama Sutra. En este aspecto, los responsables de la serie decidieron que el rigor no era importante: la historia y la pintura nos han dejado retratos de estos personajes bastante menos favorecedores. Por ejemplo, Lorenzo de Médici  o el propio maestro del sfumato, salen bien librados en este reparto.

En cualquier caso, la serie no trata de ser realista sino que busca defender un guion de aventuras  y por ello presenta capítulos entretenidos en los que el genio del Renacimiento nos guía por la Florencia del siglo XV. En los decorados no faltan, por tanto, escenarios tan magníficos como la Piazza del Duomo con sus tres estandartes fundamentales aún en construcción; la catedral, el Battistero di San Giovanni y el Campanille de Giotto terminan por configuran un  marco idóneo para esta serie de época que parece inspirada en el álbum de fotográfico de un turista.

El emplaste al conjunto lo aportan unos cuidados efectos especiales que tratan de mostrar la visión, muy adelantada a su tiempo y adornada por los opiáceos –al menos en la serie-, de un hombre al que se atribuye la invención del automóvil -en un sentido amplio-, diferentes artefactos de guerra y los trazos de algunas de las pinturas más famosas de la historia como la Gioconda o la Última cena. Son solo algunos ejemplos. En la práctica, el guionista norteamericano David S. Goyer le da cancha a su lado más fantástico y desarrolla una forma de trabajar que ya se vio en sus anteriores trabajos dedicados al cazador de vampiros de la trilogía de Blade, el Batman de los últimos largometrajes o los protagonistas de la serie FlashForward.

Combinando innovación y retro

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Pero en este caso, tiene mucha más presencia el diseño basado en engranajes, tal vez para mostrarnos la mente motriz de Leonardo o su amor por las ciencias y las artes. Largas secuencias  en slow motion que nos muestran al detalle el movimiento de unas alas o la perfección a la hora de diseñar modelos anatómicos humanos, tal y como los encontramos en los propios trabajos del artista renacentista.

El protagonista, interpretado por el británico Tom Riley, ve algunas de sus escenas aderezadas a través de la rotoscopia, es decir, dibujando con su mente los fotogramas rodados para dar mayor sensación de movimiento. Una técnica nacida en los inicios de la animación y que ya se usó en Blancanieves o en la imprescindible Vals con Bashir. Si eso de los dibujos no os llama la atención, en El señor de los anillos también podéis encontrar un ejemplo de este uso.

Otra de las referencias apreciables en la serie es la del Drácula de Bram Stoker. Son varias las ideas sacadas de la historia del vampiro más famoso de todos los tiempos. la muerte en vida que persigue a Da Vinci; la absoluta obsesión por los recuerdos; el simbolismo sexual o la oscilación entre lo extraño y lo fantástico, recorren las escenas transmitiendo la influencia de la obra en la versión ofrecida por Goyer y compañía.

En Da Vinci´s demons se mezclan diferentes tramas, algunas tan intrincadas como el triángulo amoroso que une al protagonista con su mentor y con su amante Lucrezia Donati, interpretada por la impresionante Laura Haddock. Este es otro de los puntos donde la credibilidad de la serie flaquea, ya que no hay testimonio histórico de que esa relación a tres bandas fuese real.  De lo que sí que ha quedado constancia histórica es del enamoramiento, casi idílico, que Lorenzo el Magnífico tuvo por la dama Lucrezia, para quien escribió poemas sin importarle mucho que la bella estuviese casada con el mercader florentino  Niccolò Ardinghelli.

Sin embargo, la importancia histórica de esta belleza no se basa sólo en que fuese la amante de uno de los impulsores del humanismo italiano. Incluso hay algunas teorías que la señalan como modelo de la universal Mona Lisa. Pista de la que pudieron partir los guionistas de la serie para inventarse esa historia de amor entre la donna y Da Vinci que ahora llega a nuestras pantallas.

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