Víctor Muiña Fano

Alberto Entrerríos: «El balonmano no debe buscar un salvador o intentar dar un braguetazo para poder salir de una situación difícil»

Hace seis meses Alberto Entrerríos (Gijón, 1976) levantó la copa del Campeonato del Mundo de balonmano. La victoria frente a Dinamarca fue el colofón final a sus 238 partidos con la selección española. Desde entonces, ha entregado sus energías a la aventura que ha supuesto para él y su familia el fichaje por el HBC Nantes de la liga francesa. Entrerríos reflexiona tras cada pregunta de Neville buceando en su enorme carrera deportiva y responde con la humildad del veterano que habla de su trayectoria en pasado, pero afronta con serenidad el presente

El jugador español de balonmano Alberto Entrerríos– Ha pasado algo menos de medio año desde que levantó una copa del mundo. ¿Lo asimila más rápido después de haber ganado tantos títulos?

– Podríamos decir que sí, que se asimila mejor (…). De todas formas, tres días después de ganar el campeonato ya estaba entrenando con mi club y preparando el primer partido de la segunda vuelta de la liga, así que no es difícil pasar página, para lo bueno y para lo malo.

– Al coincidir con el día de su retirada de la selección, ha debido de ser uno de los momentos más especiales de su carrera. ¿Diría que ha sido el mejor?

– No puedo decir que sea el mejor, aunque sí uno de los mejores. Me acuerdo muchísimo de mi primer título con el Ademar, una Copa Asobal, y también de la liga que ganamos en León. Eran títulos especiales porque éramos un grupo de amigos que conseguimos ganar cosas importantes gracias a la ilusión. También las Champions de Ciudad Real, fueron muy emocionantes, y el Bronce de Suecia 2011. Ahora estoy en Nantes, un equipo que aún no cuenta en sus vitrinas con un título a nivel nacional o internacional y estoy seguro de que llegará pronto y será igualmente muy especial.

– ¿A qué edad empezó a fantasear con llegar a levantar la copa del mundo de balonmano?

– Antes de jugar a balonmano, había probado otros deportes como el fútbol, el kárate, y hasta el tenis de mesa, pero por una razón u otra no me engancharon lo suficiente. Al final, empecé a jugar a los 8 años en el Colegio Público Noega de la mano de José Manuel Rouco y ya nunca más me separé de este deporte.

A decir verdad, cuando era niño jamás pensé que llegaría a jugar a un gran nivel. Me sentía bueno y todo ese rollo de la pubertad (risas), pero no pensaba que algún día podría vivir del balonmano. Recuerdo tener mi habitación forrada de fotos de skaters famosos; surfistas; jugadores de baloncesto… Más tarde rockstars, chicas… ¡Mi madre estaba negra! Luego, pegué un estirón un verano y pasé de 1´82 a los 1´92 que me ha permitido jugar en el puesto que juego (…). De todas formas, haber sido unos centímetros más alto, me habría venido bien. Al fichar por el Naranco, cuando tenía 17 años, comencé a ganar unas pesetillas. Concretamente, 35.000 al mes. Me sirvió para pagarme mis caprichos, ayudar en casa y empezar a sentirme muy a gusto jugando al balonmano. Cuando fiché por el Ademar y fui elegido mejor jugador de la liga en la temporada 98/99, empecé a creer realmente en mis posibilidades.

– Cuando uno trata de documentarse un poco sobre la carrera de Alberto Entrerríos, empieza a encontrarse por todas partes el nombre del actual entrenador del Juanfersa Gijón: Alberto Suárez…

– Alberto empezó a entrenarme en alevines. Enseguida vio en mí algo especial a pesar de que yo, como decía antes, no creía absolutamente nada de lo que él me decía. Me entrenó durante 7, 8 años hasta que terminé juveniles y ambos nos fuimos juntos al Universidad de Oviedo, donde seguimos juntos otros 4. Si alguien ha apostado por mí en toda mi vida, además de mis padres, ese ha sido él. Nuestras personalidades han chocado algunas veces, pero con la perspectiva con la que veo las cosas en este momento, puedo decir que sin él no hubiese llegado tan alto. Le mando un abrazo desde aquí y le deseo toda la suerte del mundo en su nuevo sueño.

– Muchos de los artículos publicados al acabar el mundial recogían, precisamente, alguna declaración de Alberto Suárez. Destacaba lo importante que ha sido su entorno en su carrera profesional. Cuando dos hermanos consiguen triunfar, como es el caso de los Gasol o los Entrerríos, parece evidente que en su casa algo se hizo bien.

– Mis padres han sido unos campeones que han sacado adelante tres hijos con unos recursos económicos muy limitados. Hoy, que soy padre de 2 hijos y afortunadamente no me falta dinero para mantenerlos, de momento…  y a dios gracias, me doy cuenta lo difícil que ha sido para ellos. Los valores que ellos nos han transmitido desde niños fueron la humildad, el trabajo y la unión. Sin esos valores no hubiésemos llegado donde lo hemos hecho.

– Unánimemente, se le considera un jugador de equipo. ¿Te da la impresión de que la prensa trata de convertir los deportes de equipo en duelos individuales entre los jugadores más destacados?

– Me parece muy injusto que pocas veces se valore el trabajo de un defensor, un creador de juego o cualquier otro jugador que realice su trabajo a la perfección desde la sombra a pesar de no ser un goleador. Afortunadamente, es habitual que un entrenador sepa valorar estas cualidades en mayor medida que un periodista o un aficionado.

– Cada vez que veo un partido de balonmano, pienso: «vaya leña que se pegan estos tíos». No se quejan mucho para lo que se dan…

– Bueno, sí nos quejamos, lo que pasa es que antes de que te dé tiempo a protestar, el otro equipo ya está saliendo al contrataque (risas).

– Es cierto que a los jugadores de balonmano se les exige acatar rápidamente las decisiones de los árbitros. ¿Diría que eso acaba marcando el carácter de los jugadores fuera de la pista?

– Por supuesto. Dedicarte a un deporte, cualquiera que sea, acaba moldeando tu personalidad. Cuando un día vas de «chulito» (risas), juegas un partido y pierdes de 8, forzosamente comienzas a mejorar tu autocrítica y a ser más humilde.

– Por cierto, ¿a qué velocidad aproximada es capaz de lanzar a portería?

– No lo sé… Lo más rápido que he llegado a lanzar fue a 136 km/h.

¿Nos confirma que para ser portero de balonmano hay que estar un poco loco?

– No, no… Ya se van volviendo locos a base de pelotazos (risas).

Copa Mundo– ¿Cómo se vive, con 22 años, un traspaso como el que le llevó al Ademar? La mudanza, alejarse de Gijón y de su familia… Quizá fue el mayor salto adelante en su carrera.

– Realmente, así fue. El Ademar era un equipo mucho más profesionalizado que  el Naranco y muy ambicioso en sus objetivos. El traslado, pues… bueno, no se me hizo muy duro gracias a que me encontré un grupo humano muy bueno en el vestuario, que me hizo encontrarme como en casa.

– En muy poco tiempo pasó de jugar en Gijón a estar metido en una de las ligas más competitivas del mundo. ¿Le dio tiempo a asimilarlo o, simplemente, no lo pensaba demasiado?

– Es cierto que en León cada derrota se vivía como un auténtico drama, pero la verdad es que siempre rendimos por encima de lo que el equipo, por plantilla y presupuesto, preveía al principio de cada temporada. Personalmente fue una satisfacción enorme poder luchar de tú a tú con equipos como Barcelona o Portland San Antonio, contra los que la temporada anterior había recibido soberanas palizas.

– Precisamente, en 2001 fichó usted por el Barça. Teniendo en cuenta que llegaba al club más laureado de la historia de este deporte, uno piensa: ¿por qué se quedó solo una temporada?

– La respuesta es sencilla. Apareció un huracán llamado Balonmano Ciudad Real que tenía un objetivo claro y único: ser el mejor equipo del mundo. ¡Y vaya si se consiguió! (…) Lamentablemente, hoy tenemos que hablar del Ciudad Real en pasado y para los que formamos parte de aquel proyecto es duro y nos hace sentir nostalgia.

– En Ciudad Real llegó la estabilidad. Fueron diez años en un mismo club, que imagino que se agradecerían también en lo personal.

– Así es, crecí y me desarrollé personal y deportivamente en Ciudad Real. Tengo mi casa allí y espero volver al finalizar mi carrera.

– Allí coincidió con Juan de Dios Román, que fue seleccionador y ahora es Presidente de la federación. Sin conocerle personalmente, parece un verdadero amante de este deporte. ¿Ha notado el balonmano tener alguien así al frente de la Federación?

– Juan ha dedicado toda su vida a nuestro deporte y se merece el mayor de los respetos simplemente por esto. Como entrenador es evidente que ha conseguido estar entre los mejores y como Presidente, la verdad es que ha tenido que luchar en una Federación que carece de los medios suficientes para llevar a cabo una revolución que, sinceramente, le hace mucha falta. En lo personal, Juan es mi amigo y con los años he establecido con él una buena relación.

– A la vez, usted entrenaba con un fenómeno, que luego pasó a ser su entrenador. ¿Qué nos cuenta de su experiencia con Talant Dujshebaev?

– Bueno, no hay mucho que se pueda decir de Talant que no se haya dicho ya. Es un deportista que solo piensa en la victoria.

– En su último tramo con el Ciudad Real, vivió el traslado del equipo a Madrid. Aún se sigue percibiendo el disgusto en la afición manchega, que perdió a uno de sus clubes deportivos más importantes, y vio cómo este se trasladaba a la capital, en busca de un mercado más grande. ¿Cómo afectó aquello a los jugadores?

– Afectó mucho y quien te contesta es posiblemente la persona a la que más le cambió la vida esta decisión. Es una lástima todo lo que ha pasado con el Balonmano Ciudad Real, pero la dura realidad es que un club es una empresa y, si al final de mes, no llegan los ingresos para pagar a los trabajadores, hay que buscar alternativas. Los aficionados de Ciudad Real se quedaron vacíos de balonmano y es duro, pero hay que entender que quien tomó la decisión de trasladar el equipo lo hizo con todo el dolor del mundo. Yo ni siquiera llegué a trasladarme a Madrid porque, durante el primer año de existencia del Atlético, el equipo se siguió entrenando en Ciudad Real. Personalmente, solo puedo hablar de ese primer año que es el que yo viví y la verdad es que Vista Alegre no es una pista para ver Balonmano. Es difícil, porque no hay otras opciones, pero creo que es el gran lastre que arrastra el equipo. Por otra parte, no mejoró la situación económica. Ahora, cada año parece que pueda ser el último de un equipo que, definitivamente, ya se ha desvinculado de casi todo y casi todos los que veníamos del antiguo Ciudad Real.

– ¿Le hace bien a la Liga Asobal la fuerza que tienen en ella los clubes de fútbol?

-Creo que si no fuera por el Barcelona, que es el único que ha podido mantenerse arriba en todos los años que lleva la ASOBAL, la liga no sería lo mismo. Por desgracia, nuestro deporte no tiene el gancho ni el apoyo mediático que tienen el desodorante de Ronaldo o los calzoncillos de Messi, pero, al mismo tiempo, si no fuera por el club blaugrana la liga Asobal difícilmente habría tenido el peso que ha tenido en Europa.

Nantes– Ahora, tras esa larga etapa, afronta otra muy diferente en el HBC Nantes. La liga francesa vive un claro auge y muchos buenos jugadores han fichado por otros clubes de la competición. En su caso, ¿ha ido también buscando una nueva experiencia personal o ha sido una decisión estrictamente económica y deportiva?

– Ha sido una situación forzada gracias a la cuál mi familia está viviendo una experiencia única y maravillosa. No todo el mundo tiene la posibilidad de ser recibido en un país extranjero de la forma en que me han recibido a mí y, después de pasar casi un año aquí, puedo decir que ha sido la decisión más acertada que he tomado en toda mi carrera.

– Tienen allí montado un pequeño clan español… (Además del propio Alberto Entrerríos, forman parte del mismo club otros 3 españoles: Valero Rivera Folch, Jorge Maqueda y Borja Vidal Fernández).

– Así es, somos cuatro españoles en balonmano, pero también hay otros en el equipo de fútbol sala. La verdad es que Nantes es una ciudad en la que el español es muy bien recibido.

– Antes de llegar a Nantes ya había conseguido prácticamente todo lo que se puede conseguir en el balonmano de clubes, ¿está reviviendo sensaciones parecidas a las que tuvo en el Ademar?

– La verdad es que en algunas cosas, sí. El Ademar no poseía ningún título cuando llegué y había una especial ilusión por conseguirlo. En Nantes se siente esa misma sensación por todos lados y hemos estado ya cerca de conseguirlo en la final de la copa de la liga. Tenemos una oportunidad muy grande este mes de mayo en la final four de la copa EHF, porque además la afrontamos como equipo organizador. (Finalmente el HBC Nantes perdió la final frente al Rhein-Neckar Löwen alemán por 24 – 26).

– ¿Siente que ya ejerce de veterano? ¿Eso cómo se hace?

– Pues… hombre, de un modo natural, los jóvenes observan y se van quedando con las cosas que los veteranos hacen, dicen o representan. Yo trato con humildad de ayudar a quien lo necesita, pero la verdad es que la perspectiva de quien está en los últimos años de su carrera muchas veces no se puede extrapolar a un jugador joven.

– En paralelo a toda su carrera profesional en los clubes ha estado, casi desde el principio y hasta hace muy poco, la selección. ¿Han sido sus éxitos con ella lo que le ha permitido entrar en la leyenda?

– Bueno, no sé si lo de «entrar en la leyenda» es un poco exagerado, aunque que si hay algo en mi carrera de lo que pueda presumir, es de mis 200 y pico partidos internacionales. Es algo de lo que uno está cada vez más orgulloso cuando van pasando los años. Luego, a pesar de haber ganado dos veces el campeonato del mundo, lo mejor de mí se quedó en Suecia 2011. Fue un campeonato muy especial para mí por motivos personales. Jugábamos con ventaja porque en la pista éramos uno más. (La madre de Alberto y Raúl Entrerríos falleció poco después de que la selección española iniciase la preparación de ese torneo).

– Aunque la selección le ha dado grandes alegrías, no le dio unos últimos Juegos Olímpicos. Valero Rivera, el mismo seleccionador que le convocó para este último mundial, no contó con usted para Londres. ¿Fue uno de los momentos más duros de su carrera?

– Fue duro por las circunstancias en las que me encontraba en ese momento… Unos pocos días más tarde, estaba buscando equipo para la siguiente temporada y… se juntó todo. Aún así, he dicho muchas veces que no me dolió tanto como pudiera parecer, porque estaba ya muy satisfecho de la que hasta entonces había sido mi carrera en la selección.

– Pero faltaba este último gran campeonato. Además, se enfrentaron a los daneses en la final. ¿Había pique con ellos?

-No sé, creo que encontrarnos con Dinamarca en la final era lo de menos. Nos sentimos tan realizados al entrar en ella, que nos daba igual el rival.

– Yo escuchaba las ruedas de prensa de Valero Rivera, diciendo que había que salir a disfrutar de jugar una final en casa, y pensaba: «no sé si los más jóvenes se lo creen, pero los veteranos, imposible». ¿Logró quitarles algo de presión?

– En serio, yo no sentí la presión de la que tanto se hablaba. Quizá es que para mí era más fácil después de haberme quedado fuera en Londres, pero jugué el campeonato saboreando lo que estábamos haciendo y disfrutando. En ningún momento me paré a pensar: « ¿y si la cagamos?».

– ¿La final fue el partido perfecto?

– Fue tan perfecto que le faltó la emoción. Está claro que la perfección no existe y, además, yo no la quiero, pero es verdad que pareció que estaba el guion escrito (risas).

– Una duda sobre el partido: en una situación así, ¿se habla de bajar el pistón? ¿Les perdonaron un poco la vida o fueron a hacer sangre?

– No nos relajamos en ningún momento porque mirábamos el marcador  y pensábamos: « ¡Ojo!, que Hansen puede meter seis goles seguidos».

Manteado– Paseando por la calle, ¿nota los picos de popularidad tras disputar un gran torneo con la selección?

– Bueno… realmente es muy poca la gente que te reconoce o, mejor dicho, te conoce. Somos un deporte muy pequeño y hay que tener en cuenta que, salvo los futbolistas y los Nadal, Alonso, Gasol y poco más, el resto podemos pasar desapercibidos gran parte del tiempo. Aunque es cierto que después de los campeonatos con la selección nuestra popularidad es mayor, no nos llegan a atosigar.

-¿Se siente incluso más privilegiado que esas estrellas que no pueden ni pasear por la calle?

– Pues… sinceramente, no sé si soy más o menos privilegiado que ellos porque no les conozco, pero estoy a gusto con la vida que me ha tocado vivir. Ser popular tiene ciertas cosas buenas y otras que no lo son tanto, pero, como te digo, yo puedo hacer mi vida tranquilamente y ellos no lo sé.

– Lleva ya muchos años al más alto nivel. ¿Qué rival le ha impresionado más en toda su carrera?

– Al ser un deporte colectivo, no se puede decir que un jugador que haya sido el dominador en éstos años. Podemos hablar de equipos como el Barcelona de Valero [Rivera], o mismamente el Ciudad Real de su gran época, que realmente aplastaban a su adversario en un día normal. Sin embargo, los jugadores que más han marcado la diferencia han sido probablemente los porteros. Empezando por Barrufet y siguiendo por Svensson, Lavrov, O’Meyer o Saric y Sterbik actualmente. Ellos sí han sido gigantes.

– ¿A quién ha admirado más que al resto a nivel personal?

– (…) Me resulta difícil decir una persona en el balonmano a la que haya admirado por encima de otras. De hecho, puede parecer sorprendente que mi gran ídolo no sea ni siquiera jugador. Me refiero a Juan Carlos Pastor (entrenador del Balonmano Valladolid hasta la presente temporada y seleccionador español entre 2004 y 2008). Siempre me ha fascinado la forma en la que ha solventado situaciones difíciles de la forma más correcta, sin un mal gesto. Ha aceptado deportivamente las derrotas y ha celebrado las victorias con elegancia.

– Alguna de esas cualidades deportivas han brillado por su ausencia en la sociedad española de los últimos años. ¿Cómo se ve desde la distancia la dichosa crisis?

– Desde la distancia se ve una España muy debilitada, muy separada, en una situación en la que parece que no hay salida. Da la impresión de que nos tocará vivir así el resto de nuestros días. Afortunadamente, la historia nos ha enseñado que todo llega a su fin y ésta crisis algún día también lo hará. Los franceses están acostumbrados a recibir inmigrantes. Esta es una sociedad multicultural y… nos ven como un país que está pasando apuros. Ellos se sienten fuertes ante la crisis porque realmente están más unidos que nosotros.

– Ahora que los recortes también llegan al deporte, podría decirse que, al menos, esas inversiones cosecharon buenos resultados…

– Sí, pero me parece normal que los fondos públicos se destinen a otras facetas de primera necesidad. Los deportistas estamos acostumbrados a trabajar con pocos medios y nunca, en este sentido, se invirtió en exceso, bajo mi humilde opinión. Si todos arrimamos el hombro y conseguimos salir de esta situación, habrá merecido la pena.

– Desgraciadamente, sobre el deporte español pesa un problema que no hemos querido afrontar con rigor: en la Operación Puerto de momento están implicados, además del ciclismo, el fútbol, el tenis y el boxeo, y todavía hay muchos implicados sin identificar. ¿Cuáles son sus impresiones a este respecto?

– El doping choca frontalmente con el deporte y los valores que este representa. No tengo ninguna duda de que los deportistas españoles son, en general, responsables sobre lo que esto significa y estamos todos de acuerdo en que cualquier sustancia que altere la igualdad de condiciones en las que los deportistas debemos competir, ha de ser erradicada.

– El balonmano, en cambio, se ha visto involuntariamente relacionado con los problemas de la Casa Real. Quizá no le haya beneficiado que Valero Rivera haya estado a punto de llevárselo a trabajar a Qatar…

– Es absurdo mezclar unas cosas con las otras. Nuestro deporte no debe buscar un salvador o intentar dar un braguetazo para poder salir de una situación difícil. Somos los aficionados, los profesionales, dirigentes, empresarios y también, por qué no, las instituciones, quienes debemos tirar del carro. Quiero decir con esto que Iñaki [Urdangarín] ayudó al balonmano dentro de la pista y, fuera de ella, no debe ser responsable del daño o beneficio que nos haya podido causar. El balonmano ha de salir adelante empezando, como todo en la vida, por unos buenos cimientos y no gracias al efecto que pueda tener ninguna situación social. Luego, de toda su situación actual… prefiero no opinar ya que desconozco la realidad de este asunto.

Primer Plano– Regresando a un terreno más conocido, ¿cómo ve Asturias después de unos cuantos años fuera?

– Con el paso de los años veo Asturias muy bella y muy aislada. No es fácil encontrar otros lugares que reúnan tanta belleza y tradición como Asturias. Por otra parte, somos tan políticamente correctos que estamos relegados a un plano que no nos corresponde. Pero bueno, con eso hemos vivido y seguiremos haciéndolo, sintiéndonos igual de orgullosos que hasta ahora.

– Ahora, al menos contaremos con un equipo gijonés en Asobal, que ha ascendido a la máxima categoría en una época difícil y tan solo tras cuatro años de existencia…

– Cierto. Un equipo hecho sin recursos económicos, por personas llenas de ilusión a las cuáles se les debería corresponder con apoyos económicos. Es ahora cuando les toca mover ficha a todos aquellos que sacarán pecho y se pondrán en la foto el día que a Gijón llegue el Atlético de Madrid o el FC Barcelona a jugar y hagan que sea un acontecimiento histórico. Es ahora el momento de aprovechar una oportunidad de promocionar nuestra empresa, nuestra ciudad o nuestra región por toda España. Y que a nadie le quepa duda de que es una forma de publicidad muy rentable y muy económica.

– Aún está en activo, pero, ¿ha empezado a pensar qué hará tras retirarse? ¿Se dedicará un poco más a su faceta de «Rock & Roll Entrerríos» o prefiere seguir ligado al deporte?

– Aunque estoy dando forma a alguna idea que tengo desde hace tiempo, la verdad es que tengo que decidir entre hacer algo que realmente me hace mucha ilusión o algo para lo que estoy mejor preparado. (…) Solo puedo decir que, desde que he llegado a Francia, le estoy dando vueltas a algo que jamás me había planteado y es el hecho de entrenar.

– Me he permitido reservar esta pregunta para el final: un deportista de su nivel, ¿tiene frescos sus éxitos y sus fracasos o es inevitable que, con el paso del tiempo, los recuerdos se vayan pareciendo cada vez más a los vídeos de los partidos?

-La verdad es que he vivido la gran mayoría de mis éxitos deportivos con cierta pasividad, como si ganar un Campeonato del Mundo o una Champions League  estuviera al alcance de cualquiera. Supongo que ha sido motivado porque al día siguiente ya era historia y había que disputar otro campeonato. Ahora que estoy muy cerca de la retirada valoro más las cosas, pero aun así sigo pensando que lo más importante de mi vida está fuera de la pista.

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