David Rodríguez

Qué pasada sería si Bruce…

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«¡Gracias, Boss!»  Eso es lo que Rob, el personaje interpretado por John Cusack en Alta Fidelidad, responde a un Bruce Springsteen convertido en su conciencia, auténtico “aparecido” que le ofrece consejos sobre su desastrosa vida sentimental. Y eso  «Gracias, Boss», es lo que tanta gente hemos dicho a lo largo de nuestra vida, cuando Bruce Springsteen se ha cruzado en nuestras vidas, o cuando nosotros le hemos puesto, cuando nos ha dado razones para amar, ansiar, para emocionarnos, para rebelarnos, para creer. Y para esperar casi con espíritu ritual cada nuevo encuentro con él y su banda en directo, como el del miércoles en El Molinón.

Al hilo de esta película, parece ser que fue el propio John Cusack, fan de Bruce, quien le pidió que actuará con un pequeño papel. El músico, quien nunca se ha visto en otro papel que no sea ése (cuando le propusieron salir en Los Simpsons llegó a tomárselo a broma) le dijo que no, pero ante la insistencia de Cusack optó por aparecer como él mismo, aunque fuese ubicado en el subconsciente de Rob, el tendero de Championship Vynils.

A uno, que siempre ha querido ser John Cusack, pensando en qué le pediría a Bruce Springsteen, no se le viene a la cabeza otra cosa que no sea un setlist: ese pedazo de concierto que querría ver y escuchar. Y en los prolegómenos de su actuación en Xixón puede ser un momento estupendo para materializar tal petición, aunque sea simplemente por escrito. Vaya por delante que cualquier concierto de Bruce es para un servidor “el concierto que querría escuchar”, básicamente, porque sobre cualquier combinación de temas de su repertorio, 3 de 4 serán canciones magníficas, magistrales. Además, porque la ejecución de la E Street Band como banda (por desgracia cada vez menos E Street tras las muertes de Danny Federici y Clarence Cleamons) hace que merezca la pena cualquier canción, incluso esos momentos que Springsteen se empeña en meter en los conciertos, con alguna de las canciones menores de sus últimos discos y los guiños al respetable (la chica que sube a bailar “a lo Courtney Cox”, el niño que canta Waiting on a Sunny Day..). Pero, es Bruce Springsteen… puede hacerlo. Le dejamos hacerlo, ¡hasta queremos que lo haga! Sobre todo si luego lo compensa con más de tres horas de concierto repleto de canciones míticas, y asumiendo las peticiones del público.

Para que nos entendamos. Todos queremos que toque Born to Run y Thunder Road (porque son, huelga decirlo, las dos mejores canciones de la historia de la humanidad, y me batiré en duelo con quien trate de contradecirlo), todos queremos oír The river y emocionarnos como si fuera la primera vez que escuchas aquello de «Is a dream a lie if it don’t come true…», queremos agitar las manos con Badlands, menearnos con Hungry Heart, sentir los latigazos de la guitarra de Darkness on the Edge of Town. Queremos corear The rising con nuestro macarrónico inglés, gozar con Dancing in the Dark, queremos vibrar cuando Because the Night va subiendo hasta romper en un estribillo que estalla, escucharle  contarnos la fábula de asfalto que es Jungleland. Y queremos, desde luego, que suene Tenth avenue freeze out y acordarnos de Clarence. Queremos, pues, todo lo que se puede esperar (si es que hay certezas al respecto) de un concierto de Springsteen.

Pero vamos a ver lo que un servidor, si tuviera oportunidad de hablar con Bruce, le dejaría caer como posibles temas a incluir. Para ello, voy a servirme de una clasificación que ni es académica ni es rigurosa, y ni tan siquiera sigue un hipotético orden de aparición de las canciones en un concierto con las mismas. Simplemente dividiremos en épocas (por años, no épocas que respondan a una división estilística más allá de la mía propia) dejando las sugerencias que estaría muy bien que le diera por tocar, que elija él luego el orden. Allá vamos.

1970-1975

Esta serie de años se cierra con el inconmesurable Born to Run, y puede tocarlo entero si es menester, claro está. Pero haciendo un repaso a su producción de este tiempo (que abarcaría además los discos Greetings from Asbury Park NJ, y The Wild, the Innocent & the E Street Shuffle)  encontramos un buen puñado de genialidades, algunas de las cuales no suele sacar a escena habitualmente. La cercanía acústica de Does this bus stop at 82nd street? o For You, el filo de la adolescencia terminada lindando con la búsqueda de un sitio en el mundo de Growin’ up. La épica del asfalto glorificada y crucificada como historia en Lost in the flood («And I said, Hey kid, you think that’s oil? Man, that ain’t oil, that’s blood/ I wonder what he was thinking when he hit that storm, or was he just lost in the flood?»). La contundencia rayana al soul de The E Street Shuffle  o de Spirit in the night y Kitty’s back. Y, no editadas en su día pero llegadas a nosotros a través de diversas grabaciones no oficiales (como el mítico Prodigal Son) y finalmente publicadas en la caja Tracks, encontramos pequeñas joyas como Bishop Danced, que daría para un magnífico momento festivo en directo, y la estupenda, brillante, bailable y cantable para felicidad comunal Seaside Bar Song, un pildorazo pop con ascendente casi garajero que sería un detallazo que Bruce recuperara en directo.

Por último, uno caería rendido (y seguro que más gente conmigo), si empezara a sonar en algún momento esa guitarra destelleante de los primeros compases de 4th of july, Asbury Park (Sandy) y seguidamente sonara ese acordeón, para acordarnos irremediablente de Danny Federici y luego dejarnos caer en esa noche de fuegos artificiales en la que los amores de una noche son para siempre. Una canción sencillamente espectacular, emocionante como pocas.

1975-1980

En estos años Bruce hizo dos discos claves en su carrera: en uno cabría decir que fue en el que se hizo adulto, y lo hizo buscando respuestas a un montón de preguntas (Darkness on the Edge of Town) y en otro siguió su camino canalizando las emociones con fluidez compositiva para consagrarse definitivamente (The River). Sendos discos tienen una retahíla de temas ideales para el directo, pero a uno le encantaría que Bruce se arrancara con Racing in the street en la versión de The promise, la caja que celebró las 3 décadas (y un poco) de vida de Darkness… Además, no estaría mal que incluyera en los tramos más festivos del concierto una canción tan absolutamente ideal para ese menester como es Sherry Darling («Well I got some beer and the highway’s free/ I got you, and baby you’ve got me/ hey, hey, hey, what you say Sherry Darling?»). Ni tampoco importaría que se pusiera serio para hacer Point Blank. Por otra parte, también podría incluir una ración de descartes (se me sigue haciendo imposible ver de qué canciones hablo y pensar que son descartes, cuando arreglarían la carrera de un montón de artistas). Hay unos cuantos que harían multiplicar las sonrisas y el disfrute: Take’em as They Come, Restless Nights, o la maravillosa Where the Bands Are.

La década de los 80

No pasaría nada, y todos los fans lo entenderíamos y aplaudiríamos, si se para el huracán en que puede convertirse un concierto suyo, y nos obsequia con algún tema de Nebraska, por ejemplo Highway Patrolman o State Trooper (y que ya si no quiere hacerlo acústico y llama a Arcade Fire para que le acompañen yo empiezo la recogida de firmas para hacerle hijo predilecto de Asturies).

El ambiente sonoro y la producción del resto de discos de los 80 de Bruce, así como la consagración como megaestrella en esa época, suelen oscurecer las intenciones de su música en esos días. Ya se ha dicho miles de veces sobre Born in the USA que esconde un mensaje más crítico que el que la cerrada mente de Reagan quiso ver, pero no se habla tanto de que Tunnel of love es un disco de incertidumbre, de dudas, de nueva vida para Bruce (deja la E Street, se divorcia…). Mi elección de estos discos para un directo serían canciones que puede que sí que haya incluido con más regularidad en las rotaciones de setlist. Me quedo con Bobby Jean (dedicada a Steve Van Zandt («We liked the same music we liked the same bands we liked the same clothes/ (…)/Good luck, good bye») o No surrender, que para mí tiene también recuerdo para Stevie (recordemos que había anunciado que dejaba la banda para lanzar su carrera en solitario). Ambas tienen ese punto de equilibrio entre emoción y alegría, la piel de gallina con la sonrisa en la boca, que da muchas veces la música de Bruce.

Además, me encantaría ver las siempre resultonas Tougher tan the restBrilliant disguise, ambas son una buena muestra de cómo hacer canciones de chico-chica fáciles, singles puros, igual hasta ligeras en primera escucha, pero con una profundidad inusitada. Ah, y que pasada sería que sonaran los acordes de una canción que no se reivindica demasiado pero cuya estructura podría dar un momento en directo magnífico con la actual composición de la banda: Tunnel of Love

Por último, si vamos a los siempre recuperables descartes, no es raro que toque My love Will Not Let You Down (y a un servidor le encantaría por cuestiones sentimentales: es la primera canción en directo que escuchó a Bruce, en el caluroso junio madrileño del 99, con un examen de Historia del Derecho aparcado por el desplazamiento), pero ¿y si se arrancara con Janey Don’t You Lose Heart? Seríamos todos tan felices.

Los 90

La década denostada para muchos necesitaría más escuchas para derribar algunos mitos. No vamos a encontrar el aluvión de canciones geniales de otros discos, pero rebuscando un poco se encuentran cosas que merecen la pena como sus obras “mayores”.

Entre las diversas intentonas con afán a veces experimental que llevó a cabo en esa época, no todas tuvieron el resultado tan poco alentador de aquellos intentos de meter falsete a calzador. Así, cuando jugueteó con ritmos no relacionados con lo que a él se le identificaba, obtuvo resultados sorprendentes, como en 57 Channels (and Nothing on), y ¿no estaría bien que en El Molinón sonara esa percusión, y ese coro «no justice, no peace»?

Tampoco estaría mal que sonara I wish I were blind, otra magnífica composición que entronca con esas canciones de los 80 que antes mencionaba, sumergiendo el diálogo chico-chica que ha sustentado el rock y el pop casi durante toda su historia en un océano de dudas y emociones. Por otra parte, no estaría mal que se arrancara con Streets of Philadelphia, aunque fuera por el mero hecho de asistir en directo al espectáculo que debe ser ver a esa máquina, ese metrónomo humano que es Max Weinberg, ejecutar la sección rítmica de esta canción, como diciendo “a mí con samples…”. No es que uno esté en contra ni mucho menos de usar las máquinas en la música, pero el día que Skynet se rebele, yo voy del lado de Max Weinberg.

Desde 2000 hasta la actualidad

En los últimos años se ha generalizado la idea de que Bruce saca discos para poder salir de gira, juntar a la banda y hacer lo que realmente le gusta y lo que mejor se le da… y no seré yo quien contradiga esa postura, dado que muchas veces parece que es así. Pero desde la reunificación de la E Street Band en el 99 ha hecho cosas muy diferentes, ha experimentado en la producción (el acierto de contar con Brendan O’Brien), ha vuelto a acercarse al acústico en Devils & Dust, y ha echado la vista atrás hacia el folk en We shall Overcome: the Seeger Session”. Y entre tanto vaivén hay cosas que merecen muchísimo la pena y que echan por tierra esa idea del Bruce que saca disco por sacar. Y de todo ello hay varias canciones que a uno no le importaría que salieran a relucir en El Molinón, el World’s apart de The rising, o el propio We shall Overcome del disco del mismo nombre, por citar algunas. Pero si hay algo en este siglo que merece la pena reivindicar a la altura de las que todo el mundo reconoce como las mejores épocas de Bruce, eso es Magic, en cuyo interior encontramos composiciones absolutamente memorables en un disco imprescindible. Así, muchos aplaudiríamos con las orejas si en Xixón sonaran canciones que ya sonaron durante la gira de 2007, pero que sería un detalle retomara en El Molinón: Your own worst enemy, Gypsy Biker, I’ll Work for Your Love, o la brillante, magnífica, luminosa, Girls in Their Summer Clothes, una de esas canciones que certifican que Bruce no ha perdido ese toque mágico para componer, adecuando la canción a las imágenes de la misma y llevando el tempo de los temas acorde a la historia.

Versiones, colaboraciones…

En lo que se refiere a versiones Bruce siempre ha sido de lo más prolífico. Es usual que introduzca en los conciertos Twist and Shout, por poner un ejemplo, con ánimo de alargar la fiesta. Pero también pueden encontrarse auténticas rarezas como el Dream baby dream de Suicide. Y lo que nos encantaría a muchos sería escuchar en directo esa maravilla de canción de Tom Waits que es Jersey Girl, una canción de hermosura incontrolable, que Bruce, sin competir con el original, lleva a su terreno en directo.

Tampoco es difícil verle colaborando en discos o directos de otra gente, la lista es interminable y mi memoria me jugará malas pasadas dejándome algunas colaboraciones importantes, pero no estaría mal que Bruce les dejara un mail a alguno de la siguiente lista para pasarse por El Molinón:  Eddie Vedder, Gaslight Anthem, Marah, Neil Young, Elvis Costello, Mumford & Sons (atención a su cara de absoluta felicidad al salir al escenario), John Fogerty, Elliott Murphy, los anteriormente mencionados Arcade Fire… y un montón más que me dejo por el camino (al fin y al cabo la memoria selecciona conforme a los gustos propios). Por aquello de mi educación sentimental y porque Pearl Jam está entre mis grupos preferidos podría morirme si aparece Eddie Vedder por el escenario junto a Bruce. Pero, puestos a elegir, y ya que estamos trabajando en el mundo totalmente ilusorio de los deseos (y teniendo en cuenta que cualquiera de los mencionados sería un momento irrepetible), sería magnífico ver a Bruce tocar en directo con Mike Ness.

Epílogo

En realidad no hay epílogo, ya desde el principio quedan claras mis intenciones: hacer un recorrido –totalmente ilusorio, rápido y comprimido- de la carrera de Bruce Springsteen con una especie de lista de deseos –también ilusoria, rápida y comprimida- de lo que me gustaría ver en El Molinón. Más que nada porque son canciones que se encuentran entre mi inabarcable lista de preferidas springsteenianas y que, o bien no suele tocar en directo (aunque con Bruce Springsteen esa regla siempre tiene excepción), o yo no he podido disfrutar en las veces que le he visto. No pasará nada si no acierto ni una, porque su repertorio es inagotable, y un concierto suyo nunca va a defraudar. Jamás veremos ya a la E Street Band del 76, que marcó cotas nunca alcanzadas por una banda de rock. Ni siquiera podremos ver ya a la banda al completo, desde que se fueron Danny Federici y Big Man. Pero seguiremos disfrutando de un directo de un nivel al que actualmente poca gente puede acercarse, con canciones memorables. Seguiremos emocionándonos, disfrutando, alegrándonos y recordando a partes iguales. Seguiremos viendo pasar parte de nuestra vida por delante, y será una vida magnífica porque allí estará nuestro colega Bruce haciéndonos pasar los malos tragos y alegrándonos los buenos momentos. Y nos plantaremos a hacer cola otra vez para entrar a un concierto por el que seguro que acabamos, como Rob, dándole las gracias al Boss.

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2 pensamientos en “Qué pasada sería si Bruce…

  1. No entiendo porque se le tiene tan poco aprecio a We shall Overcome: the Seeger Session, Bruce es completamente deudor de gente como Seeger o Guthrie, parece un disco “incómodo” en su carrera, siempre se pasa de puntillas sobre él.

    • Roy Bean, estoy de acuerdo contigo, es un disco totalmente reivindicable, y en la primera versión del artículo había alguna canción más, pero si pasé de puntillas fue solo por cuestión de espacio, ya que del actual siglo decidí centrarme más en Magic. Gracias por leerlo.
      David

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