Ciclos/Firmas Invitadas

El CICA en Julio: Oldrich Lipsky y los mundos imposibles

 

Cuando el checo Joe Kolaloka llegó a la España de Fraga

Por Santiago Aguilar

Lipsky Oldrich 01

Oldrich Lipsky

Un buen día de junio de 1964 desembarca en el Festival de San Sebastián un hombre afable, con gafas de pasta, que se gana inmediatamente la simpatía de todos. Su película, una opereta western paródica, es lo que menos podía esperar el cinéfilo celtibérico de una cinematografía de Europa oriental. Limonádový Joe (1964) se alza con la Concha de Plata y nada menos que Cesáreo González, el productor-distribuidor emblema del Régimen, don Necesario según sus allegados, decide estrenarla en España, para lo cual cuenta con la colaboración del más excéntrico de los humoristas españoles. Antonio de Lara, Tono, el cómplice de Miguel Mihura en la aventura teatral titulada Ni pobre ni rico sino todo lo contrario y en la del redoblaje humorístico –hoy deconstrucción y metalenguaje– en Un bigote para dos, se hizo cargo de la traducción y el doblaje. Finalmente, se estrena en el verano de 1967, en salas de segunda, con el título de Joe Kolaloka. Una década después, en la delirante cartelera del posfranquismo, en un momento en que se dan cita en las pantallas películas largamente prohibidas, documentales de urgencia y softcore decorativo, se estrenan otras dos cintas con el nombre de Oldrich Lipsky en los créditos: ¡Que vivan los fantasmas! y Nick Carter, aquel loco, loco, loco detective. Tanto por la elección de los títulos como por las parvas acciones promocionales, está claro que la idea es lanzarlas como películas infantiles. Y hasta aquí llega la relación de Lipsky con España. Punto y aparte. Rebobinemos…

En los años sesenta , el cine checo vencía en cuanto festival se ponía a tiro. Las generaciones egresadas de la FAMU (la Facultad de Cinematografía de Praga), los Forman, Chytilova, Jires, Passer, Nemec o, incluso, Menzel copaban palmareses y hacían las delicias de espectadores ávidos de cintas provenientes de más allá del Telón de Acero. Pero había una o dos generaciones anteriores malbaratadas en la facturación de productos adscritos por decreto al realismo socialista. Las únicas escapatorias eran la disidencia –y el consecuente ostracismo– o la maestría en el oficio. En este campo destaca la escuela de animación checoslovaca con Jiri Trnka y Karel Zeman como principales exponentes. Es en este mundo de marionetas y grabados, de fantasías vernianas y lirismo extremo, donde despunta un surrealismo feroz que eclosionará en la obra se Jan Svankmajer y de Juraj Herz. Y luego está esa vertiente más juguetona, la que va de la literatura de Jaroslav Hasek al cine de Jiri Menzel. Oldrich Lipsky adapta precisamente cuatro relatos de Hasek en su segundo largometraje en solitario: Vzorný kinematograf Haska Jaroslava (1955). El primero, Cirkus bude (1954), dirigido antes de cumplir la treintena, está ambientado en el mundo del circo, otra de sus pasiones. Porque Lipsky, que ha empezado en el campo del teatro amateur en su Pelgrzhimove natal, ha llegado al cine a través de la sátira teatral, de la opereta y del circo, un mundo que le sirve de refugio cuando el comunismo recrudece la censura en Checoslovaquia a principios de los años sesenta.

En cuanto la presión se alivia un poco, Lipsky se descuelga con aquella obra maestra estrenada tardíamente en España: Limonádový Joe, una ópera vaquera brechtiana, cruce de Gene Autry y Kurt Weill y una sátira inmisericorde de la sociedad de consumo. Rodada en scope y en blanco y negro con virados en colores intensos, la cinta es un auténtico festín visual. Apenas hay plano en el que no se nos ofrezca un gag y el trabajo de encuadre y montaje son parigualmente imaginativos y juguetones. Lipsky desmonta todos los tópicos del western –duelos, peleas, infalibilidad con el seis tiros– y del serial –secuestros, persecuciones, rescates in extremis, marcas de nacimiento– con un uso siempre fascinante de los recursos de la animación como el paso de manivela, la marcha invertida, las sombras chinescas o la integración de imagen real y grabados de sabor retro.

Siguen a ésta dos películas no menos imaginativas, escritas a cuatro manos con Milos Macourek. En Happy End (1967) importa sobre todo el cómo: la historia de un hombre desde el momento en que va a morir en la guillotina hasta el día de su nacimiento, en rigurosa marcha atrás. En Zabil jsem Einsteina, panove (1970) lo esencial es el cuándo, porque se trata de una historia de viajes en el tiempo. También el porqué: una mutación nuclear que ha convertido a la humanidad en estéril y que provoca que a las damas les crezcan en pocos minutos unas barbazas que ni Wifredo el Velloso. Esta circunstancia da lugar a uno de los arranques más sorprendentes y descacharrantes que se hayan dado nunca en la historia de la cinematografía. El resto, viajes al pasado para acabar con la vida de Albert Einstein antes de que pueda formular la teoría de la relatividad.

Zabil jsem Einsteina, panove

Fotograma de la película Yo maté a Einstein, caballeros.

Adela jeste nevecerela (1978) –aquella película que en España se estrenó como una apócrifa y loquísima aventura del detective pulp Nick Carter– parodia con regocijo las peripecias de James Bond y Sherlock Holmes, tanto monta, en un caso en el que juega su papel una planta carnívora. Muy próxima en espíritu se encuentra la adaptación de la novela de Julio Verne El castillo de los Cárpatos, Tajemstvi hradu v Karpatech (1982), traslación del universo bondiano y tebeíl a unos deliciosos ambientes postrománticos y operísticos. Contemplándola, no sabe uno si los gadgets son obra del profesor Franz de Copenhague o de un Dalí enloquecido. La síntesis tiene nombre y apellido: Jan Svankmajer.

La última película que Lipsky pudo terminar antes de su fallecimiento en 1986 es Tri veterani (1983), un cuento de hadas que hace gala de un humor ciertamente ingenuo sin por ello dejar de satirizar los comportamientos de los tres viejos protagonistas: soberbios, envidiosos y cobardes. Eso sí, la autoridad queda siempre a la altura del betún. Que nadie se dé por aludido porque la acción sucede en un pasado indeterminado en un principado balcánico-otomano.

En su gira con la Compañía Nacional de Circo de Checoslovaquia por el Lejano Oriente, a finales de los años cincuenta, Lipsky combina las atracciones tradicionales con proyecciones cinematográficas múltiples y espectáculos de linterna mágica. A lo largo de toda su filmografía Lipsky permaneció fiel a este universo pulp en el que la imaginación, el humor y la poesía caminan de la mano.

Sesiones

 

Viernes 5

limonadovy-joe-aneb-konska-opera_1.240x340Limonádový Joe (Joe Kolaloca), 1964, 99 min. Reparto: Karel Fiala, Milos Kopecký, Kveta Fialová, Olga, Rudolf Deyl

Parodia/homenaje de los seriales de Hopalong Cassidy o del vaquero cantante Gene Auntry, encarnándose en el modelito blanco nuclear de Limonada Joe, tirador sin igual y cantor de los valores de la Cola-Loca y del ser abstemio que llega a un depravado pueblecito para extender por allí su marca. El resultado es una opereta de dibujos animados en acción real que bebe de mil y un referentes todos tamizados por el singular sentido del cine de Oldrich Lipsky.

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Viernes 12

afficheZabil jsem Einsteina, panove (Yo maté a Einstein, caballeros), 1970, 95 min. Reparto: Jirí Sovák, Jana Brejchová, Lubomír Lipský, Iva Janzurová, Petr Cepek, Radoslav Brzobohatý, Svatopluk Benes, Jan Libícek, Viktor Maurer

Un comedia retrofuturista absurda donde un grupo terrorista provoca un accidente nuclear. La espantosa consecuencia de la radiación supone que a todas las mujeres les crece la barba. Científicos y gobernantes se unen para hallar una solución al problema, pero todo esfuerzo parece inútil hasta que el prestigioso profesor Moore encuentra la solución más sencilla la solución: una máquina del tiempo. Con ella piensa trasladarse hasta 1911 y asesinar a Einstein antes de que éste descubra la teoría de la relatividad y así prevenir el peligro nuclear y evitar cualquier atentado. Pero una vez en el pasado, la misión no va a ser tan sencilla como en un principio parecía.

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Viernes 19

a5-owwAdéla jeste nevecerela (Nick Carter, aquel loco, loco detective), 1977, 102 min. Reparto: Michal Docolomanský, Rudolf Hrušínský, Milos Kopecký, Ladislav Pesek, Nada Konvalinková, Václav Lohniský, Kveta Fialová, Martin Ruzek, Olga Schoberová

Lipsky reformula de acuerdo a su peculiar universo lo pulp en general y al personaje del infalible detective y hombre de acción Nick Carter en particular; un éxito de finales del XIX y principios del XX, que protagonizó multitud de novelas, seriales radiofónicos, tebeos y películas. Para la ocasión Carter viaja desde Nueva York hasta Praga para el enfrentamiento definitivo contra su némesis: el Botánico, un despendolado científico loco creador de una planta devoradora de hombres (la Adele que no ha cenado todavía del título original) entre otros prodigios, a quien interpreta ese genio total que fue Milos Kopeky.

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Viernes 26                

tajemstvi_hradu_v_karpatech_program_3_bigTajemstvi hradu v Karpatech (El misterioso castillo de los Cárpatos) 1982, 97 min. Reparto: Michal Docolomanský, Evelyna Steimarová, Vlastimil Brodský, Milos Kopecký, Rudolf Hrusínský, Augustín Kubán, Jan Hartl

Una adaptación más o menos fiel, pero lipskyzada de una original de Julio Verne, donde un extravagante barón se lanza a un viaje por los Cárpatos con la idea de olvidar a su desaparecida amada ignorante que está retenida por un científico loco en un castillo local donde se suceden todo tipo de fenómenos. Una completa locura, gozosa, hilarante, festiva, que desborda el personal sentido cinematográfico de su autor, lleno de inventiva, cariño por el material de origen y personalidad suficiente para rehacérselo a medida.

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Miércoles 31

tri_veterani_plakat_webTri Veterani (Tres veteranos), 1983, 96 min. Reparto: Rudolf Hrušínský, Petr Čepek, Josef Somr, Vida Skalská-Neuwirthová, Július Satinský, Zdeněk Svěrák, Miloš Kopecký, Lubomír Lipský st., Jiří Kaftan, Milan Lasica, Jiří Hálek

Tres veteranos de guerra sin posibles envueltos en todo tipo de líos derivados de la posesión de sendos objetos mágicos entregados por unos duendes. Alejamiento relativo, ya que el humorismo absurdo/surreal siempre permanece por parte del cineasta de su territorio más cercano de la comedia excéntrica para acercarse al rico universo centroeuropeo de los cuentos de hadas y las fábulas a partir de uno de los relatos de libro Fimfárum, escrito en 1960 por Jan Werich. Pocas veces fue más notable la influencia de la obra de Lipsky sobre la de Terry Gilliam que aquí.

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Todas las películas se proyectarán a partir de las 19,30 horas.

El acceso al CICA cuesta 2 euros. Gratis para los menores dee 18 años.

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