Adrián Sánchez Esbilla

Ojo de Halcón. Seis días en la vida de…

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Ojo de Halcón nunca ha tenido demasiada suerte ni en su vida en las viñetas ni en su vida editorial, y seguramente por ello es un tío tan carismático, uno de esos personajes contados que cualquier lector de tebeos adora nada más verlo. Clint Barton, ex-artista de circo, ex-ladrón, ex-Hombre Gigante, ex-Ronin, antiguo líder/educador de los Thunderbolts de Kurt Busiek y Fabian Nicieza en la época del renacimiento de los superhéroes en los primeros 2000 y Vengador, siempre Vengador, es a la vez antihéroe y héroe definitivo. Un tipo sin superpoderes rodeado de prodigios, que le tira flechas a dioses de la muerte, bestias alienígenas y psicópatas superpoderosos… todo porque es un verdadero héroe, casi de western.

Anthony Mann decía que el western es un hombre que dice “-Voy a hacer algo”, y lo hace. Clint Barton, Ojo de Halcón, es uno de esos. Su moral, que es suya y no la de la sociedad, le impone actuar como héroe aunque sea a costa de arremeter contra la pura lógica, aunque sea a base de equivocarse con ganas y a conciencia.

Ojo de Halcón siempre ha funcionado mejor, o eso creemos recordar, como parte de repartos corales, cumpliendo como carismático robaviñetas que en cierto modo sublimaba al mismo lector gracias a una identificación inmediata, cómplice. Sus series propias no han logrado mantenerse en el tiempo y, en general, han redundado en un universo endogámico que a través de distintos hilos de Los Vengadores o de la demencial Los Vengadores de la Costa oeste (esa cumbre de pop ochentero hecho tebeo malo donde Clint Barton y su entonces esposa Pájaro Burlón) lideraban la franquicia californiana del grupo, o bien regresaban al punto cero de su vida en solitario: la magnífica miniserie escrita, dibujada e impulsada por Mark Gruenwald en 1983 donde se intentó instaurar para el personaje un universo propio, es decir su Nueva York personalizado al estilo Marvel, con galería de villanos temática y coequipier femenina/interés romántico, Pájaro Burlón, instaurando entre ellos una relación sensual y ambigua, tirante y sexy. Vamos, eso que se llama química.

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En los últimos tiempos, Clint Burton ha pasado por todo, hasta por la muerte y la resurrección, o sus cada vez más banales versiones en cómic al menos, y lo ha intentado todo para permanecer agarrado al corazoncito del lector, cosa que, la verdad, no tiene que esforzarse demasiado para lograr. Como sea, ya por su constancia en las viñetas, ya por su versión alterada e híbrida en cine, Clint Barton se ha vuelto a ganar otra oportunidad en solitario; una que es, a la vez y sin que se anulen, renovación y back to basics.

El relanzamiento del personaje es responsabilidad de Matt Fraction, guionista irregular como pocos y dependiente en exceso del talento/personalidad de sus acompañantes al dibujo. Esta vez, como en Casanova junto a Gabriel Ba o FF junto a Mike Allred, estamos todos de suerte: un David Aja en vena se encarga de complementar una serie realizada, según los mismos autores, de acuerdo al «Método Marvel».

Fraction y Aja habían trabajado juntos cuando el primero asistió a Ed Brubaker en los guiones de la estupenda renovación de Puño de Hierro en clave de pulp modernizado. Allí el dibujante español empleó un estilo fuertemente influenciada por la disposición de viñetas, el diseño e incluso el trazo de Jim Steranko y aunque algo sterankiano quede en su trabajo actual en Ojo de Halcón –el uso de multitud de pequeñas viñetas, la ordenación dentro de la página…- Aja ha emprendido una simplificación de estilo, una depuración, que tiene al David Mazzucchelli entre Daredevil y Batman Año Uno como claro precedente. Pero de manera singular Aja logra no quedarse en el remedo o al mímesis aplicada, al contrario: personaliza las enseñanzas de sus predecesores –súmese la expresividad facial de un Kevin Maguire– con un tono estilizado al máximo que otorga idéntica importancia al diseño y al detalle, donde la ligereza del trazo y la economía de líneas son la expresión gráfica de la misma historia, de su tono equívocamente liviano.

Aja opta siempre por la solución más sencilla, que por lo común es la más estilosa, del mismo modo que Fraction reduce el universo del personaje a su edificio de apartamentos y a lo que ocurre en torno al mismo hasta convertir a Ojo de Halcón en el héroe de las cosas pequeñas logrando un adictivo costumbrismo superheróico. Este es Ojo de Halcón cuando no está con Los Vengadores, esta es la cara b de superhéroe: un pícaro, un desastre y alguien que nunca, nunca te dejará tirado.

Pese a lo que pueda parecer el tebeo no supone una ruptura con los antecedentes del personaje, sino un hábil reciclaje de los mismos, restableciendo dinámicas anteriores en nuevos lugares. Un buen ejemplo es la relación de Clint Barton con su contrapartida femenina, la millonaría y Joven Vengadora Kate Bishop. Su relación, similar pero a la vez distinta que aquella primera del 83 con Bobbie Morse, se modula desde la diferencia de edad/experiencia y remite de forma muy elegante a la de Emma Peel y John Steed, aunque Ojo de Halcón sea una versión desastrada del mismo, de la mítica serie televisiva Los Vengadores. Aja realiza tanto citas literales a la misma –el uniforme de Kate es idéntico a una legendario mono usado por la doctora Peel- como otras más sutiles que de manera constante reflejan al inolvidable personaje inmortalizado por Diana Rigg en la personalidad/figura de Kate. Todo lo cual permite al dibujante diseñar el tebeo al completo desde una óptica retro, de pátina sixties, detalles modernistas y cierto espíritu años ochenta que viene a subraya el orgullos carácter de Clint Barton como anacronismo ético.

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Ojo de Halcón es la versión minimalista del cómic de género, tal y como sintetizan su portadas. Incluso en su hoy insólita decisión de conformarse en número autoconclusivo (solo la historia dibujada por Javier Pulido, de tono spionistico, ocupa dos números), vinculados por el tono, el mundo y los maravillosos secundarios que acompañan al personaje. Las veinticuatro páginas están exprimidas al máximo demandando una gran atención al lector para con los detalles, todos potenciados por el magnífico color de Matt Hollingsworth que toma el morado como motivo central. Pero no solo es un triunfo del diseño y el estilo, es también un cómic emocionante, emotivo y cálido que logra que sus estupendamente caracterizados personajes te importen de inmediato. Fraction y Aja logran que la complejidad parezca naturalidad y la hondura intrascendencia demostrando, por enésima vez que los cómics de serie b y los personajes de segunda fila son el reducto de la libertad creativa dentro del tebeo comercial USA. El número que cierra este recopilatorio, el titular Seis días en la vida de…, lo demuestra: es, sencillamente, una obra maestra.

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3 pensamientos en “Ojo de Halcón. Seis días en la vida de…

  1. Grandísimo cómic. Un prodigio del diseño, de dibujo y de color. No sé qué me sorprendió más: el trabajo de Aja, el de Matt Hollingsworth, o que me guste tanto la mezcla resultante porque, a priori, tanto peso del “diseño” me hacía dudar. Es una maravilla.

  2. Pingback: Lo corriente extraordinario: Ojo de Halcón. Seis días en la vida de… | El norte está lleno de frío

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