Paula Corroto

Txani Rodríguez: «No veo ninguna incompatibilidad en ser euskaldún y flamenca»

Agosto es un mes de calor e incendios. Son días extraños en los que habitualmente se suceden todo tipo de sucesos domésticos. De hecho, no sorprende que sea un mes, junto con julio, en el que ascienden los crímenes por violencia de género. No por este dato, pero sí por la fragilidad de las relaciones humanas que muestra, Agosto sea también el título de la segunda novela de la periodista vasca Txani Rodríguez (Llodio, 1977), publicada por Lengua de Trapo. En ella la escritora, hija de emigrantes andaluces, euskaldún y flamenca, como ella misma se define, teje un armazón con complicadísimas piezas. De un lado, los conflictos entre madres e hijas, de otro la complejidad del amor, y en medio, esa mezcla de culturas peninsulares tantas veces abocadas al discurso de la diferencia y el enfrentamiento. Txani, con quien hablamos hace algunos días en Madrid y que forma parte de una generación de escritores vascos a tener en cuenta (Iban Zaldúa, Kirmen Uribe, Harkaitz Cano, Juan Carlos Márquez, entre otros) demuestra con sus palabras y con esta novela que son muchas las cosas que han cambiado en el País Vasco. Que quizá lo que leemos en los periódicos y lo que exaltan algunos políticos sean cuestiones más del pasado que del presente.

Txani Rodríguez

-En Agosto está muy presente el conflicto madre e hija. ¿Partió de alguna circunstancia personal?

– Yo soy hija única, mi padre ya falleció y tengo un vínculo muy fuerte con mi madre. Y quizá el hecho de plantearse cómo sería no tener ese vínculo saneado te hace ponerte en unas coyunturas que no son las tuyas. Pensé que, aunque parece un vínculo que siempre va a estar fuerte y sano, también es muy frágil porque son relaciones entre personas, aunque sean madre e hija, y si no se cuidan y no hay buena comunicación, se pueden romper, como en cualquier otra relación. Tampoco son de hierro estas relaciones y las consecuencias pueden ser muy desestabilizadoras para una madre o para una hija. Es una tragedia en sí misma.

-La literatura, el cine, el arte han tratado esta relación en numerosas ocasiones de forma conflictiva. Quizá de una forma diferente a cómo se ha tratado la relación padre e hija o madre e hijo.

-Sí, de todas formas, no me extraña que todas las relaciones familiares se hayan tratado mucho porque son inagotables. Y son todas singulares. Es un material muy sensible.

-Pero es curioso que los escritores contemporáneos nos revelen que la relación familiar no siempre es bonita. Es decir, porque seas de mi sangre no te voy a querer porque sí.

-Claro, porque son relaciones que hay que cuidar. No se puede soportar todo porque sea tu padre, tu madre o tu hermano. Pero no sé si la pulsión para escribir esta historia ha sido esa, sino hablar un poco de la vida tal y como es. Generalmente pocas cosas son idílicas y todo es bastante más complicado de lo que se suele vender. Por fortuna no es mi caso, pero no es difícil hacer una labor de empatía, ponerse en el lugar de otras personas, observar e imaginar cómo puede ser la vida de una chica joven, que tiene otros problemas personales, y que de repente ha roto el vínculo con su madre, además por un malentendido, con lo que te quedas ya mucho más desorientada.

-¿Y lo has escrito para llegar a entender algo?

-Sí, yo creo que uno comprende sus miedos. O que los delimita mejor.

-¿Y eso ayuda o da más miedo aún?

-[Resopla] Ayuda en la medida en la que te conozcas. Si sabes cuáles son tus puntos débiles o que estás temorosa de algo… Pero sí, yo creo que hace la silueta del miedo. Igual mi miedo es romper ese vínculo o quedarme sola. Nunca lo había pensado, pero sí, supongo que escribimos también por esas pulsiones.

-En el libro se expone también la dificultad de amar. Amamos mal o no sabemos amar o tenemos una idealización del amor que no se corresponde con la realidad.

-Sí, de una idealización. A Berta lo que le ocurre es que de una forma idealizada y porque es joven, lo cual pasa a mucha gente, hace cosas muy rápido como casarse, tener hijos… Y luego te das cuenta de que a lo mejor la persona que tienes al lado no es la ideal, y luego es demasiado tarde. De hecho, este personaje ni siquiera quería ser madre, no lo tenía muy claro.

-Dices que «Ella no quería ser madre». Un mensaje a la contra de lo que nos venden a las mujeres todos los días.

-Sí, y es un poco absurdo. Está muy bien que exista el deseo de ser madre y también es muy normal que exista el contrario, el de no querer serlo. Yo en este caso hablo en concreto de este personaje y ella lo enuncia explícitamente: lo hizo porque su pareja iba a estar ahí siempre y casi que ella se podría desentender en cierto grado. Por eso cuando nació la niña tuvo una sensación de irrealidad que le sigue durando.

-Berta es, además, una mujer que trabaja; su madre, Manuela, también ha trabajado toda su vida cuidando niños. Aquí hay toda una reflexión sobre las mujeres trabajadoras.

-Es algo que he visto cerca. Mujeres que han trabajado poniendo mucho cariño, sin contrato habitualmente. Y lo siguen haciendo todavía muchas mujeres. Y ahí, entre las mujeres que cuidan a niños como la madre de Berta, y los propios niños se genera un vínculo muy fuerte, que luego lógicamente se rompe porque, o bien los niños crecen o se mudan. Pero se queda para siempre. Son esas cosas de la infancia de las que no se olvida nadie. Es una relación muy cariñosa que conlleva también su parte de amputación emocional cada vez que se deja de cuidar a alguno de los niños. Y para los niños también.

-La novela es a su vez un diálogo entre el norte y el sur, ya que aunque Berta y su familia viven en el País Vasco, proceden de Andalucía. En tu caso ocurre lo mismo. ¿Una forma de mostrar que no somos tan diferentes?

-No, fundamentalmente somos bastante parecidos. Sí que hay cuestiones culturales. Yo, por ejemplo, estudié en euskera, pero yo me iba de vacaciones a la serranía de Ronda y se me pegaba el acento andaluz. Volvía en septiembre y luego iba a clase y hablaba en euskera con acento andaluz. También bailaba flamenco en Euskadi en los años ochenta. Ahora está muy de moda, pero antes no molaba tanto. Sí que hay un contraste cultural, pero nadie es tan diferente ni tan especial. Son dos culturas con todas las singularidades que ha entrañado la historia última del País Vasco, pero mi discurso, y en el que yo creo, es muy positivo. Al final, mamar de dos culturas distintas es mejor que sólo de una. Para mí es un privilegio. Si soy esukaldún y flamenca no veo ninguna incompatibilidad. Por suerte, puedo vivir dos culturas muy distintas y con mucha naturalidad. Estoy muy contenta de haber llegado a este punto que igual estamos estrenando la gente de mi edad, los treintañeros.

agosto-¿Por qué crees que ha cambiado el discurso y nuestra generación es capaz de compatibilizar diferentes culturas?

-Ha cambiado porque socialmente han ocurrido cosas que han hecho que cambiaran. Por ejemplo, la escuela pública vasca, que fue la que normalizó el uso del euskera. Yo en mi pueblo entré en el colegio en el primer año en el que en la escuela pública se podía estudiar el modelo B, que era todo en euskera menos alguna asignatura en castellano. Yo pertenezco a esa primera generación de gente que estudió euskera en la pública, que eran hijos de emigrantes. Y yo creo que ahora todo se ha normalizado mucho. Por ejemplo, es increíble la aceptación que ahora tiene el flamenco. No es que antes no la tuviera, pero no generaba ni la mitad de expectación que ahora. Y yo, que he bailado en el Centro Andaluz de mi pueblo, cuando íbamos a otros pueblos tampoco es que hubiera mucho público ajeno a esa realidad, cosa que ahora sí. Por otro lado, como los adolescentes somos muy gregarios por norma general, tendemos a hacer todos lo mismo. Si lo normal era bailar danzas vascas, todos igual. Lo del flamenco era exótico, y ahora yo sigo bailando y en mi grupo hay gente de todo. No son todos hijos de emigrantes.

-Hablas de la normalización, pero ¿qué piensas cuando escuchas discursos políticos que insisten en la diferenciación?

-Desde luego, cultivar el enfrentamiento y el enfado de modo gratuito no es algo que yo vaya a apoyar nunca. Yo prefiero fomentar el acuerdo.  Parece que hay gente que prefiere estar discutiendo antes de poniéndose de acuerdo.

-Eres hija de emigrantes y escribes en castellano, aunque hablas euskera. ¿Te sientes cómoda si te encuadran dentro de la ‘nueva literatura vasca’?

-No sé si es muy vasco lo que yo he hecho. Ahora estoy preparando un librito infantil en euskera. Pero no me siento ni cómoda ni incómoda. Me da un poco igual. No sé si esta novela es muy característica de lo que pueda ser la literatura vasca, porque claro, ¿qué es la literatura vasca? En castellano ahora estamos Juan Carlos Márquez, Jon Bilbao, que aunque sea asturiano lo tenemos en Bilbao desde hace mucho tiempo… No sé qué hacemos que nos distinga como vascos. Pero no me molesta. Soy vasca y hago literatura, así que me parece bien.

-¿Por qué escribiste Agosto en castellano?

-Para desarrollar las ideas que quería desarrollar y con ese nivel de complejidad me sentía más cómoda en castellano, y creo que tengo un nivel superior en castellano que euskera. Hay gente que sí es bilingüe perfecto, pero yo no. También se podría traducir en un momento dado, como sucede con Kirmen Uribe, Harkaitz Cano o Iban Zaldúa, que  además escribe muy bien en los dos idiomas. Yo no lo he hecho por limitación. Lo que quería expresar tenía que hacerlo en castellano. Además, mi lengua materna es el castellano. Yo soy hija de un gaditano y una malagueña y en casa es lo que he mamado y escribo mejor en castellano.

-Por cierto, en esta novela, Berta es periodista y está muy quemada con su trabajo. Tú también eres periodista. Imagino que hay parte de ti en esa crítica.

-Es que los periodistas no podemos estar contentos con cómo se está precarizando nuestra situación. Y eso que Berta trabaja en un medio público y su situación no está muy mal. Pero no quería mostrar a una periodista satisfecha porque me parecería hasta indocumentado, insolidario… Los periodistas no podemos estar contentos.

-¿No estamos haciendo lo suficiente los periodistas para luchar contra esta precarización? De hecho, nunca hemos sido demasiado gremialistas.

-Sí, no hemos sido muy corporativistas, pero no estaría mal quejarse más. Aunque quizá ahora ya se está empezando a ver muy bien la solidaridad entre periodistas. Después de la construcción los gremios afectados por la crisis somos los periodistas. Es una profesión ahora mismo muy poco valorada. El derecho a la información se sustenta en tanto en cuanto haya periodistas que hagan noticias, es decir, que las busquen, no este periodismo del retuiteo, de declaraciones… Al final, todos estos temas de corrupción son periodistas los que los están sacando.

Txani Rodríguez lo que será de..-¿Somos culpables los periodistas de esta situación a la que hemos llegado?

-En alguno igual sí, por no habernos agrupado más. Se ha tenido un concepto alto de la profesión entre nosotros, pero quizá no lo hemos sabido trasladar. Como ahora cualquiera puede escribir…, pero, claro, ¿la noticia? ¿El análisis? Y tampoco es una cuestión de las plataformas. En lo digital han surgido medios excepcionales de periodismo de altísimo voltaje. Esto son siempre cosas de las personas, de las decisiones de las direcciones. Además, en lo digital también se puede cobrar porque los periodistas tienen que cobrar. No creo que sea la plataforma lo que lo condicione.

-¿Cómo combinas tu labor periodística con la literatura?

Yo creo que combinan bien. Quizá si tuviera otro trabajo más físico, que acabara más hecha polvo… Pero tengo la sensación de estar haciendo todo el rato lo mismo.

Agosto es tu segunda novela, ¿en qué crees que has cambiado desde la publicación de tu libro de relatos El corazón de los aviones (2006) y tu primera novela Lo que será de nosotros (2008)?

-Me parece una novela más adulta y con mayor recorrido. El libro de relatos también me gustaba mucho, pero no la puedo comparar porque es otro género. En cualquier caso, esta novela es más personal. Mis amigos y los que me conocen lo saben.

-¿Y eso no da pudor?

-No especialmente porque la peripecia argumental, el perfil final de los personajes no tiene que ver conmigo, pero sí son cosas que yo he visto en otras personas o cosas que sí he vivido, pero están colocadas en distintos cajones. He cogido el material y lo he movido al servicio de la historia. Todo tiene una conexión personal del autor con su obra. Si no la hay yo creo que es inviable. Partiendo de la necesidad de esa conexión personal siempre habrá un grado autobiográfico. La mirada te define.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s