Víctor Guillot

Luis el Cabrón: memorias en Soto del Real (I)

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En Soto del Real, las auroras aparecen atravesadas por barrotes. A Luis el Cabrón le gusta despertarse con la luz de la mañana y el canto de un ruiseñor posado sobre el alfeizar de su ventana. El verano sofocante de Madrid no le quita el sueño, ni siquiera las llamadas de sus abogados, que le han dado la espalda este lunes, tras enterarse por Pedro J. que no les ha contado todo lo que sabe. El caso es que Bárcenas ha rechazado a Miguel Durán y ha solicitado los servicios de Javier Gómez de Liaño, ex magistrado de la Audiencia Nacional y columnista de El Mundo, dedicado a la abogacía desde que fuera condenado en 1999 a quince años de inhabilitación y expulsado de la carrera judicial por prevaricación en el caso Sogecable.

A Luis le crecen los enanos en este circo de hienas y ahora está huérfano de letrado, huérfano de madre y, sobre todo, desde hace un tiempo, huérfano de partido. En Génova todos desean su muerte antes de que cante como el ruiseñor de su ventana. Pero en Soto del Real, Bárcenas ha encontrado nuevos amigos. Se muestra desprendido y generoso con sus vecinos de celda. Los ladrones de cuello blanco siempre fueron admirados en el meco. Le pasó a Mario Conde y también a Ruiz Mateos. Por ellos sabemos que de la trena se sale con la templanza de los toreros y el resplandor de los legionarios. Mientras Luis repartía regalos entre los reclusos, el más viejo del módulo le espetó tumbado sobre su litera que más de un hombre público ha tratado de ocultar un delito y sólo logró ocultar la disculpa. Pero ahora Luis no escucha, vive preso de su ira, un pecado que por el momento sabe que le beneficia.

A Bárcenas le toca jugar la partida desde el trullo como si pusiera en práctica una partida de ajedrez con mando a distancia. Ha llegado a eso que algunos llaman el punto límite, el momento en  que se despierta a todas las brujas para lograr que el enemigo sucumba al jaque mate. Luis  ha convertido Soto del Real poco menos que en la casa de Circe, un templo de piedra levantado en mitad de un denso bosque, a cuyo alrededor rondan los leones. Como en la Odisea, todos ellos no son  más que las víctimas de su magia.

En el gran telar de Bárcenas se cuenta la corrupción de nuestro país. Ha puesto a Pedro J. y a Eduardo Inda a trabajar con el hilo de su madeja. El Cabrón sabe que de sus palabras y sus papeles pende la supervivencia de un gobierno y, lo que es peor, la existencia del único partido de la derecha en España. Bárcenas ha puesto en entredicho todo el sistema. Si el año pasado Rajoy tenía que vérselas con la prima de riesgo para salvar al país de la catástrofe económica, este año le toca enfrentarse a su tesoreo, que desde el púlpito de El Mundo no sólo ha cuestionado la honorabilidad del presidente del Gobierno, sino las elecciónes generales de las que salió triunfante con mayoría absoluta. Cayo Lara, el agricultor, ha salido a la tribuna del Congreso a pedir explicaciones junto a Elena Valenciano. Luis ha convertido el caso Gürtel en el caso Bárcenas. De simples sobresueldos hemos pasado al Watergate: dinero en comisiones para financiar ilegalmente las campañas electorales del Partido Popular. El presidente ha mentido y ahora lo que le toca es dimitir y convocar nuevas elecciones.

Si me enchironan, cuéntalo todo, creemos que le dijo a Pedro J. días antes de que lo encerrasen. Pedro Jesús Ramírez ya tiene los papeles originales donde el recluso registraba los sobresueldos de Mariano Rajoy, Arenas, Acebes, Cascos y toda la grey de la dirección nacional desde que fuera nombrado tesorero, allá por los noventa. Todos los capitanes del gobierno aznarí tienen su nombre escrito en las cuentas oscuras de Bárcenas, incluido José María Aznar. El punto límite se ha activado como si de una bomba se tratara y va arrasar con todo lo que tenga escrita la letra de Bárcenas, al que todos llaman con cariño “Luis el Cabrón”.

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