Jorge Alonso

Laura Castañón: «Me molesta que la literatura tienda a ser maniquea»

Laura Castañón, me van a perdonar el ripio, ha escrito un novelón. En el sentido más amplio, largo, ancho y bueno de la palabra. Dejar las cosas en sus días (Alfaguara, 2013) es una historia llena de recodos, esquinas, planicies y frases precisas que parten de una estructura fértil  bien definida. Ambientada  con toda la fidelidad que la ficción permite en el concejo asturiano de Mieres, concretamente en Bustiello, a finales del XIX y principios del XX, por una parte, y por otra, que en realidad es la misma, en el Gijón contemporáneo y alrededores, que incluye lo anterior y mucho más. Una historia que habla de silencios, amores, muertes y memoria, mucha memoria. Juez y parte de nuestra identidad. O no.

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-Bueno, la primera pregunta te la hago yo ¿a ti te gustó?

-A mí me encantó, me gustó muchísimo, entre otras muchas cosas porque es una novela, una novela, novela, un novelón, nada de cositas cortas.

-Es que, lo digo siempre pero es verdad, una de las cosas que he hecho es escribir lo que a mí me hubiera gustado leer, y hay muchas cosas en esta novela que son las que a mí me gustan como lectora. Las novelas que son una anécdota de 150 páginas hombre, me gustan si están bien escritas, pero lo que prefiero es meterme en una historia en la que te apetezca seguir a los personajes, incluso a los secundarios que tienen una vida más allá de las páginas en las que aparecen.

-Del personaje de Camino, me hubiera gustado saber mucho más, por ejemplo.

-Es que me tuve que controlar ¿eh? En esta novela había muchas posibilidades de extenderse más, de hecho el rollo de la trilogía viene de la potencia de algunas historias que me parecían muy potentes pero que no podía contar aquí. La historia de Paloma en París por ejemplo, aunque lo cierto es que los personajes serán diferentes sí que hay algunos que un poco a la manera de las buenas series de televisión aparecen ya en esta novela.

-Me imagino que el trabajo previo de arquitectura debió de ser importante.

-Sí, yo tenía muy claro el esqueleto de la historia principal, el principio, el medio y el final, pero muchas historias laterales fueron creciendo. En el momento en el que me metí en Bustiello todo fue creciendo. Citabas a Camino, pues iba a ser menor, y con otro nombre, pero a medida que me puse escribir fue haciéndose más grande, ella y Efrén, el médico, que iba a ser un personaje que simplemente formaba parte del paisanaje de la historia, pero a partir de una escena muy concreta, la cena con el marqués, le vi tan bien que también fue creciendo… Pasó con varios personajes, que se me iban un poco de las manos, pero bueno, creo que eso es lo más divertido de ir escribiendo, es casi como cuando lees, el problema es saber mantener el pulso de la historia principal.

-Me llamó mucho la atención que sea una novela tan localizada en un lugar y un tiempo, algo que es bastante frecuente en la literatura norteamericana, por ejemplo, pero que no se da tanto aquí.

-Yo creo que hay un cierto temor a que te reprochen cosas del tipo “ en esa esquina había un nosequé y no un nosécuántos”, a mí sí me apetecía poner nombres y he sido lo más fidedigna posible, aunque es cierto que en ocasiones he sido deliberadamente ambigua. Por ejemplo en ningún momento se dice el nombre del periódico en el que trabaja la protagonista en Gijón, pero todo lo que se refiere a Bustiello y la zona de la comarca de Aller, he intentado hacerlo lo más fiel posible. Hay alguna pequeña licencia geográfica que me venía muy bien y otra histórica que me venía de cine, y es que los lavaderos no los hizo el Marqués de Comillas, pero a mí me venía de perlas (risas).

-¿Y el uso del asturiano te planteo algún problema?

– No podía ser de otra manera, los diálogos no hubieran podido ser ni en castellano, que me daba la risa, ni en el asturiano, digamos, oficial. He reproducido la forma en la que se hablaba y se habla. Me preguntaba si sería necesario traducir alguna cosa pero los que lo leyeron que eran castellano parlantes me dijeron que no era necesario. En todo caso, haberlo hecho de otro modo no tendría sentido.

-Una cosa que conviene aclarar es que aunque la novela, o parte de ella, esté ambientada en los prolegómenos de la Guerra Civil y en la propia guerra, y que esto tiene mucha importancia… no se trata de una novela sobre la Guerra Civil.

-Claro, alguna gente me lo preguntaba y no lo es en absoluto. La Guerra Civil es consecuencia de cosas que van sucediendo y causa de otras, pero en realidad apenas sale, no quería hacer una novela sobre esto.

-Está muy bien descrito el ambiente de la minería y el tema de la empresa paternalista.

-Aquello era una burbuja, el movimiento obrero revolucionario estaba hirviendo en toda Asturias y allí no había nada. Esa época, a medida que iba conociendo más, me resultaba fascinante. Cuando iba al instituto un compañero de mi padre encontró en su casa las actas del jefe de los guardas jurados  en las que estaba manuscrito todo, un documento precioso, con una expresión engolada increíble, que tenías que ver además lo que contaba. Que si fulanita, mujer de menganito que trabajaba en la mina tal, se había tirado de los pelos con aquella, que si mengano había salido tarde de taberna o había blasfemado, o que se le había visto en un mitin, bueno que lo escribían en inglés, meeting, pero le habían visto en uno de Manuel Llaneza y, claro, a ver quién le iba después a pedir un favor al jefe.

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Laura Castañón. Foto de Nafría.

-Por cierto el nombre del personaje principal va a costar fuera de Asturias, Aida es un nombre un poco contaminado por la televisión.

-Ya, aquí tenemos el referente de Aida La Fuente, que es por donde va la cosa, pero por fuera conocen más a Aída.

-Ese furor revolucionario que cargaba contra la iglesia tiene su explicación, que no su justificación, en el férreo control de esta sobre cada aspecto de la vida de los feligreses. Y eso se ve muy bien en la novela.

-Sí, no sólo en el personaje del cura, el propio Benito Montañés es un ejemplo de esa influencia.

-Y el suplicio de ser homosexual, en parte por esa visión tan concreta del mundo.

-Absolutamente, era terrible.

-Vamos que no hay muchas cosas nuevas bajo el sol, salvo algo fundamental que también muestras con precisión: había armas.

-Había, claro, había pistolas, y hay un episodio concreto que conocí hace pocos años, el tiroteo de Moreda. Y es que esta gente tenía armas y luego según se iba preparando la cosa mucho más, imagínate. Empezaban a aparecer muertos y se iba viendo venir, aunque no quise entrar demasiado en ello, porque hablamos un poco del telón de la historia,  pero si te pones hay una novela tremenda en todo esto.

-Está tratado de un modo muy ecuánime, quiero decir que se ven desmanes ambidiestros.

-Sí, a mí me molesta mucho que la literatura tienda a ser maniquea, moralizante incluso, didáctica en cuanto a la visión del autor, y no tiene nada que ver con la equidistancia, que tampoco me gusta nada, pero traté de contar cosas que si bien son pura ficción, reflejan esa visión general. Los comportamientos individuales son una cosa y los colectivos son otra.

-La reflexión en la novela parece ir más en el sentido de la memoria en general, no de la Memoria Histórica, sobre hasta qué punto conforma nuestra identidad o no.

-Efectivamente, la cuestión de si realmente sabes o quieres saber de dónde vienes. Corre paralelo a la Memoria Histórica, pero la idea era tratar lo que somos en base al sitio del que venimos, o del que creemos venir, que esa es la amenaza que sobrevuela por toda la novela, fui dejando miguitas de pan.

-Sí, cuando acabas ves de dónde viene todo, no es nada mentirosa.

-No, no, eso es parte de lo que te comentaba sobre lo que a mí me gusta como lectora, y una de las cosas que me gustan es ir compartiendo cierta complicidad con el autor, incluso a espaldas de los personajes, que sepamos cosas que ellos pueden o no saber. No me apetecía hacer una novela en la que el final brote de la nada. Por ejemplo en las novelas de misterio suele hacerse trampa y eso me molesta mucho, y en el cine también, eso no es contar una historia en condiciones, hay que respetar a quien te presta atención, a quien dedica una parte de su tiempo a leer o ver esa historia que le quieres contar, y para eso hay que buscar algo que sea interesante y honesto.

-Además, como toda buena literatura, tiene párrafos preciosos que dan aire a la historia, por ejemplo ese en el que hablas de «el mar de ginebra y el desierto de la rehabilitación» y que no sé cuánto tienen de arrebato y cuánto de meditación.

-Sí, puede que sean los que más tiene de rapto, la verdad es que casi toda la novela tiene bastante de eso ¿lo que decía en los talleres literarios? todo mentira (risas). La verdad es que fue así, está escrita un poco en momentos de gracia, hubo meses enteros en los que no la tocaba, así que cuando me ponía estaba tan feliz de hacerlo que… verás, me cuesta incluso confesarlo, pero esta es una novela que ha sido escrita del tirón, quiero decir, la primera frase de la novela es la primera que fue escrita y la última, pues la última. Y a veces, y juro que es cierto, pasaban bastantes meses y abría el archivo y me ponía a seguir dónde lo había dejado sin leer lo anterior, supongo que tenía tan interiorizado todo que salía sin más.

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-Pues debiste pasarlo muy bien escribiéndola.

-Muy  pero que muy bien (risas). A ver, no te digo que no hubiera algún momento un poco duro y tal, porque la novela los tiene. Pero me espanta la gente que dice que lo pasa tan mal escribiendo, a mí creo que no me saldría a cuenta, y como me pasaba tantos periodos sin poder dedicarme a ella cuando la hacía estaba, no voy a decir inspirada porque el de la inspiración no es un concepto que me entusiasme, pero sí que había momentos en los que todo confluía. Que eso no es que sea cosa de magia, es simplemente que estás tan metida en una historia que todo te lleva a ella. En mi caso por ejemplo un artículo de un historiador, Ernesto Burgos, en La Nueva España, en el que comentaba unos papeles que hablaban de las Misiones Pedagógicas en los que se mencionaba Pomar, y le parecía raro porque no coincidía con los itinerarios. Más que nada porque no hacía falta, en el Círculo Católico había cine, que eso, en fin, era la hostia. Pues a mí me vino estupendo, me abrió una puerta perfecta, igual que la historia de un maquinista que me contó mi padre y que me apropié, todo me valía (risas).

-Me gusta mucho también como se filtra una canción, en este caso Ya no es el que era ayer de Víctor y Diego, además un verso acabó  siendo el título de la novela.

-Sí, esa frase me quedó ahí y llegó un momento en que no podía ser otro título, bueno antes la busqué en Google no fuera a ser que hubiera algo anterior, que luego vienen los pleitos (risas). Aunque parezca que yo lo estoy afirmando, que hay que dejar las cosas en sus días. Me planteé incluso ponerlo en interrogantes pero era muy cutre (risas).

-Hay otra parte muy emotiva en la que una canción de Pedro Guerra acompaña el desenterramiento de una fosa.

-Sí, tenía que ser así, le viene al pelo y fue una parte muy emotiva también a la hora de escribir.

-De escribir, y permíteme que entre el pantanoso terreno editorial, para Alfaguara, nada menos.

-Ya… pero créeme que no hubo nada planeado, ni siquiera intencionado. Yo siempre he recomendado, tú lo sabes, escribir y luego buscar editorial de arriba abajo, de las más grandes a las más pequeñitas, bueno pues en esto tampoco me hice caso (risas). La verdad es que empecé a escribir simplemente porque quería contar esta historia y luego fue el entorno, el familiar primero, ciertas amistades después, el que llevó, literalmente, esta novela a donde está. Y ese proceso hace de todo esto algo aún más emocionante.

-Y a la hora de escribir, de todo el bagaje que llevas a cuestas, de todas las lecturas, cuál crees que es lo que más ha tirado ¿La literatura sudamericana? ¿La novela europea del XIX?

-Yo no pensaba tampoco en escribir un tipo determinado de novela, sí en que quería una historia potente, con personajes bien construidos y sugerir muchas cosas al lector, así que supongo que la novela del S. XIX estaba ahí de forma inconsciente, pero también me he dado cuenta de que hay elementos de la literatura sudamericana, de cierto realismo mágico tal vez, la facultad de presentir. También me han dicho que ciertas frases recuerdan a Muñoz Molina, y puede ser porque es un autor que me gusta mucho. No sé. Lo que tenía claro como te digo es que no quería contar una anécdota sino un río, algo lo más rico y fluido posible.

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Laura Castañón. Foto de Nafría

-Con partes duras, que nadie crea que esto es un caramelo.

-Algunas me revolvían un poco, sí. Algunas historias, una en concreto que no vamos a desvelar, que parte de un caso real y que no tenía previsto contar pero decidí incluirla y fue un momento que me resultó duro. Luego hay alguna otra que con ser terrible como los personajes me gustaban mucho no me costó tanto, pero hubo cosas que revolvían sí.

-Pero debe ser así, quiero decir, una buena historia de este tipo, volvemos sobre ello, debe tener esas partes un poco duras.

-Sí, aunque en un principio ya digo que escribía sin más intención que contar, y desde luego no creía que esto acabaría así (señala el libro), sentía que tenía un compromiso con los lectores, que eran mi familia y mis amigos, y ese compromiso era el de no hacerles perder el tiempo leyendo algo que no tuviera el suficiente interés. Que los personajes fueran creíbles, que la historia fuera firme y con matices y tramas y… Que mereciera la pena, vaya. Mira ahora que estoy con la que podríamos decir es la segunda parte de esta especie de trilogía, me he puesto a hacer un árbol genealógico en Genon.com para tener bien centrados a todos los personajes.

-¿Estás ya en ello?

-Bueno, poco a poco, tenía el esqueleto principal y sí, ya estoy en ello. Muy contenta, la verdad.

-A ver si vas a acabar haciendo un En busca del tiempo perdido.

No, no, no va a ser para tanto (risas).

Desde luego no es una pérdida de tiempo.

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2 pensamientos en “Laura Castañón: «Me molesta que la literatura tienda a ser maniquea»

  1. Preciosa la entrevista. Estoy a la cola para leer la novela, de momento se la regale a mi madre, gran lectora y asidua de los clubs de lectura. Y enhorabuena al entrevistador, al que descubri comentando nada menos que partidos de football americano!

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