Víctor Guillot

Nicolás Sartorius: siempre a la izquierda

nico sartorius

«En España tenemos la derecha más corrupta y más ineficaz de Europa y si alguien piensa que a través de la derecha se va a regenerar la vida política es que no conoce la historia de este país»

Nicolás Sartorius

Los carrozas de la corrupción, los trujamanes y trileros de la corrupción. Sorprende que sean capaces de soportar el insulto, la mierda, el menosprecio, la guerra, la humillación, el jarrapellejos en que se ha convertido este país, que no aguanta un solo instante la prueba del algodón, por una cuenta en Suiza o, peor todavía, por unas joyas y un abrigo de visón.

La corrupción o el sistema. No es un verso de Vicente Aleixandre, es un titular que explica la actualidad política española, que ha dado un giro radical en cuestíon de semanas y amenaza con permanecer sobre nuestras cabezas durante los próximos meses. Comienzo a pensar que el sistema es la corrupción y yo no suelo sentir ningún tipo de desafección política. Cualquiera que tenga dos dedos de frente y viva la política como una pasión, se da cuenta de que se necesita tener el hígado destrozado para aceptar el sistema. Me jode pensar que esta vida se ha hecho para viejos sobredorados que van para viejas, mientras los parados se suicidan y los banqueros se agarran a la pasta canalla.

Está claro que el peor enemigo de un político es otro político de su mismo partido. Bárcenas, junto a Pedro José, ha ejecutado la mejor traición hacia su partido. Ahora tiene tema para sus memorias, esas que sirven para cerrar las puertas del olvido. De modo que hoy nos desayunamos con la corrupción, el mutismo indolente de Mariano Rajoy, la presunción de inocencia, el ejercicio legítimo del Estado de derecho, y así en este plan: una letanía de presunciones que se repiten como un tedioso formulario.

Todo nuestro mundo occidental y crispado nos está dando el espectáculo enfrentado de los viejos políticos, los agiotistas carcaveras, los ancianos estofados de la tribu, que presiden este primer tercio de milenio bajo un palio de seda y crimen. Camps en Valencia, Millet en Barcelona, los ERES en Andalucía, Bárcenas en Soto del Real. Sospecho que han aceptado el soborno como un estilo de vida. Se han dejado seducir por el oro de la corrupción, ese brillo especial que tiene la mierda cuando el político se acerca un poco para saber a qué huele.

La corrupción es la expresión moral y económica de El Mal: crea pánico, vergüenza y resignación entre quienes gobiernan y son gobernados, en coherencia con su alma desmedida o acaso infinita. Observamos por la naturaleza del «caso Bárcenas» que la corrupción no se sacia, engulle millones de euros y deja en la cuneta infinidad de víctimas: sistemas políticos, partidos y ciudadanos, que mueren ahogados en el océano de la desilusión.

La corrupción se extiende sin coto, como un virus contagioso o una célula cancerosa que conduce al organismo a la metástasis de la desafección. La corrupción logra que toda la realidad sea sospechosa de ser corrupta y destruye la confianza, la seguridad, la esperanza, abriendo la puerta a otros monstruos que, en último término, la consagran, invocando su pureza. La corrupción, es el heraldo negro del terror que llamará próximamente a su puerta.

En las páginas de La Nueva España he dejado escrito que lo peor de la corrupción no es el trinque, pues a ése desgraciadamente ya nos hemos acostumbrado. Lo peor es que la nueva situación anuncia otro Gobierno y otro sistema tan corrupto como éste y peor. Y ahí tenemos Tangentópolis. La corrupción es también la antesala del fascismo, que ya planea como un buitre sobre la carnaza mientras los viejos predicadores se quedan solos en la paz de la trena, escriben sus memorias y, de vez en cuando, se rilan.

Hace un par de semanas compartí espicha con Nicolás Sartorius, con motivo de la Semana Negra, donde presentaba una antología de artículos que relatan el devenir de los españoles a lo largo de los últimos treinta años. Contra la corrupción está el compromiso intelectual de la izquierda, y uno de nuestros referentes morales y políticos es Sartorius. A Nicolás lo hemos seguido desde las páginas de El País desde no se sabe cuándo, y ahí, en la hoja volandera, es desde donde ha abordado los retos fundamentales de la izquierda. La crisis del sistema financiero, el papel de la clase obrera, los movimientos sociales, la Europa social, la Europa del capital, nuestro modelo de estado y la garantía de los derechos de los hombres.

Nos interesa Nicolás Sartorius porque tiene un planteamiento internacionalista del socialismo organizado. Como hace poco le escuché, era mucho más internacional la izquierda de Marx que la izquierda de la globalización económica. Reclama desde la tribuna una cura de humildad, una mayor conexión entre los sindicatos y los partidos socialistas y comunistas y la sociedad organizada en las calles de la pobreza, sometidos a la tortura moral de la austeridad.

Las cosas no cambian si la gente no se mueve. Su palabra es un llamamiento a las movilizaciones españolas y a las movilizaciones europeas. Todas las grandes revoluciones de nuestra historia comenzaron con la semilla de una movilización. Como dijo un día Valle Inclán, la anécdota es el nervio de la historia. El movimiento obrero europeo es un sistema nervioso adormecido y las palabras de Sartorius son un calambrazo destinado a la movilización.

Tengo el gran convencimiento de que la gran obra de Nicolás Sartorial ha sido CCOO. Me gusta pensar que CCOO fue el caballo de Troya del franquismo, un sindicalismo renovado que insufló esperanzas para el cambio de régimen. Desde un compromiso político irrenunciable, el intelectual Sartorius, el aristócrata Sartorius, sustentaba su manera de estar y de ser en una elegancia adusta y en una propuesta política que iba a cambiar la historia de un país proletarizado como España. Ahora, tanto tiempo más tarde, sabemos que Sartorius no se había desvanecido en un elegante retiro. La obra de que nos habla había estado siempre en marcha haciendo la crónica de su otra obra: el moderno sindicalismo de una democracia avanzada y pobre, sí, pero más pobre de apariencia y método que de realidades en el mundo del trabajo.

Pero no voy a hacer un ejercicio de nostalgia, porque el pensamiento de Nicolás Sartorius no se ha detenido sólo en una transición, la nuestra, sino que alerta permanentemente sobre los problemas actuales. El otro día escribió un artículo que bajo el título Tu paraíso es mi infierno, nos alertaba sobre el escándalo financiero que supone la evasión fiscal en nuestro país, y de como un control fiscal más riguroso de las empresas internacionales bastaría para poder tener garantizadas en el futuro nuestras pensiones.  Quiero decir que Sartorius ha puesto toda su experiencia política, todo su compromiso intelectual con la izquierda, al servicio de los trabajadores, sin maniqueísmos. Y eso es lo que hoy celebramos y te agradecemos. Seguirá siendo un faro de luz de nuestra acción política y de nuestro pensamiento. Siempre a la izquierda. A la izquierda, siermpe.

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