Víctor Guillot

Un cabrón con los bolsillos vacíos. Memorias de Soto del Real (III)

U222874

El juez Pablo Ruz ha reclamado a las autoridades de Uruguay que bloqueen las cuentas y demás bienes que figuren a nombre de Luis o de su sociedad pantalla Tesedul, nos cuenta la prensa. El dinero de Suiza no es mío, es del partido, le dice al funcionario, mientras ordena su ropa. En menos de un mes, Bárcenas contempla desde su celda cómo toda su gloria se desmorona y sus millones se volatilizan. Todos los años de tesorero, trajinando con sobres y billetes de 500 euros, arden en la pira funeraria de la justicia, la misma en la que los Arenas, los Cascos y los Marianos se achicharran ahora como sardinas sobre las brasas. «Pueden quitarme todo lo de Suiza, pero en el Sur, bajo las cascadas de Iguazú, todo es mío, de Rosalía y de mi hijo.  No me lo pueden arrebatar así como así».

El funcionario se siente un privilegiado entre los presos. Bárcenas es un tipo dadivoso, pero no permite a nadie que acceda a su celda. Hasta el momento, ningún preso ha sido capaz de inventar un pretexto para entrar, de manera que las únicas personas que han visto los aposentos de Luis el cabrón son los currelas de Soto del Real y los ruiseñores de la mañana. Así que fue uno de ellos quien me contó que se echaba en la cama con los pies  mirando a la puerta, sin leer ni hacer nada: echado, mascando el aire de la celda, arañando con la mirada el techo, como si un demonio la habitara.

A la hora en que la gente corriente desayuna, Gómez de Liaño prepara la defensa de su cliente junto a su mujer. El funcionario le cuenta a Luis que Gómez de Liaño ha explicado en El Mundo las razones que le empujaron a ser su abogado. «Se ha enseñoreado en una tribuna de Pedro J. como un Beccaría ilustrado del XVIII o un Zola en el XIX. No le interesa tu libertad, le interesa tu dinero», le dice a Luis, que teme perder su Potosí en Uruguay. Liaño tiene su público y además escribe bien. Sin embargo, por mucho talento que los dioses le hayan brindado, es un alguacil alguacilado, al servicio de Pedro José, que quita y pone abogados como un novelista quita y pone personajes en un folletín por entregas. El caso es que Gómez de Liaño ha pedido un careo entre su cliente y Dolores de Cospedal. Dolores se querella constantemente contra Luis, como si eso sirviera para dejar claro que la secretaria general del PP está limpia de toda la mierda que se acumula en Génova, aunque asume perfectamente que un convoy de camellos pasarían por el ojo de una aguja antes que ella. Los 200.000 machacantes de su número dos le aprietan el cuello como la soga de un ahorcado al que todavía no le fallan los pies sobre un taburete que ya se tambalea. La secretaria general del Partido niega haber recibido sobresueldos pero eso tendrá que explicárselo a Ruz, al que han prorrogado su estancia en la Audiencia Nacional, sin que sepamos todavía si eso es bueno o malo para el extesorero.

Mientras tanto, Pedro José ha apuntado su rifle sobre la frente de Álvarez Cascos. Ayer informaba que los pagos del IRPF corrían a cuenta del PP a partir de una cifra determinada. Una especie de compensación, al estilo de la Mafia. El Mundo nos hace pensar que el general secretario urdió supuestamente la trama de los sobresueldos. PAC tiene el perfil de un boxeador sonado. Siempre lo tuvo. Es buen fajador y su punch es letal. Sin embargo, parece que al anterior presidente del Principado le falla la respiración. Dicen que duerme mal, asistido con una máscara de oxígeno.  Se sabe políticamente agotado. Pero en Asturias nadie le pide la dimisión. Todos temen su sombra. Ni siquiera él ya sabe por qué.

Por el momento, a Luís no le queda otra cosa que descansar en paz, tranquilo y satisfecho. El PP se romperá en facciones. Por fin en España habrá varias derechas. Todo apunta a una UCD desmembrada, de la que es pronto anunciar quiénes serán sus nuevos generales. Bárcenas se rasca los bolsillos. Por primera vez están vacíos. Entre una cosa y otra, barrunta que todos caerán como fichas de dominó. A todo esto, en Oropesa ya esperan a José María Aznar y en Madrid de nada sirve que mueva sus fichas. El jueves de la semana que viene Rajóy hablará en el Congreso. Pierden el tiempo. Lo que importa son las carpetas de la contabilidad, los recibís que el diablo guarda en su fragua. Sólo entonces, cuando Pedro José los saque a la luz, toda Génova estará libre de Bárcenas. Entonces vendrá otro a ocupar su sillón en el despacho de la cuarta planta, el mismo que ocupó Laporta, Cascos o Naseiro hace más de veinticinco años.

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