Raquel Rodríguez

Despachos desde El Cairo: Sisi manda en Egipto

Protesters cheer with drums near a poster of army chief Abdel-Fattah El-Sisi as they gather for a mass protest to support the army in Tahrir square in Cairo

Abdel Fattah al-Sisi inunda las calles de todo Egipto, quitándole el puesto a las ilustraciones de pirámides y esfinges. Su cara aparece en carteles, camisetas y gorras por todo El Cairo. Pero ni es un actor o un cantante, es el mariscal del ejército egipcio y personifica el poder en estos días convulsos. Cada vez es más aficionado a los focos del país más grande de Oriente Medio, protagoniza discursos televisados y aparta del protagonismo al verdadero presidente Adli Mansur. Así su rictus serio, su gorra de general y sus eternas gafas oscuras salieron hace cinco días a la televisión estatal para pedir a los egipcios que salieran a la calle a apoyar la lucha del Estado contra el terrorismo. Su lucha contra el terrorismo, que se ejemplifica en terminar de una vez con todas con los campamentos protesta que los simpatizantes de Morsi han levantado en los alrededores de la Universidad de El Cairo y que están llenos de familias completas con mujeres y niños. De momento ha empezado por inhabilitar todo el alcantarillado.

Fue el propio Morsi, en un día que a buen seguro no olvidará, quien le nombró mariscal en jefe del ejército, una institución venerada por los egipcios con casi 500.000 soldados y que tiene en sus manosel 40% de la riqueza del país. Pasaba en esos momentos por ser un hombre de perfil bajo y poco dado a las luchas de poder. El menos general de los generales. Nada más lejos de la verdad. Desde que decidió apoyar las masivas manifestaciones del 30 de junio que sacaron a casi 30 millones de personas a la calle para pedir la dimisión de los Hermanos Musulmanes, Sisi se ha vuelto el hombre fuerte de Egipto, apoyado por los dólares y el petróleo que vuelven a correr por el país y decidido a declararse el salvador de un pueblo que sale a las plazas a pedir democracia pero ni sabe cuál, ni cómo conseguirla. Es un político de primer nivel que sabe jugar con los medios y orquestar demostraciones de apoyo cada vez que lo necesita, con este método ya se ha ganado el cariño de los americanos que de no recibir el Golpe de Estado con la mejor de las caras han pasado a apoyar sin fisuras al nuevo gobierno interino.

Tal es su capacidad de convicción estos días en el país, que apenas nadie ha levantado la voz contra los baños de sangre que se produjeron a principio de mes frente a la sede de la Guardia Republicana y estos últimos días en Rabaa y el puente Seis de Octubre. En una lucha desigual entre policía y ejército contra una guerrilla armada de palos y piedra, Sisi inflama los ánimos con discursos en los que compara a los Hermanos Musulmanes con Al Qaeda. Unos y otros se acusan de terroristas, mientras en una paradoja difícil de explicar el presidente depuesto es acusado de traición, y todo el mundo parece haber olvidado las elecciones que se tendrían que celebrar este otoño.

Ahora el gran desafío de los egipcios es conseguir que los “barbudos” vuelvan a participar del juego democrático, si no será cuestión de tiempo que vuelvan la mirada hacia métodos mucho más violentos que una acampada con piedras. Esto lo sabe Sisi, pero el caos es el mejor caldo cultivo para los héroes.

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