Marcos García Guerrero

La paradoja de Schrödinger. Sporting 1, Real Madrid Castilla 0

GOL

Foto de La Nueva España

Reconozcámoslo: la mayoría de sportinguistas no tenemos ni idea de lo que se cuece en la segunda división, más allá de la información tangencial que afecta al equipo cada semana. Esta ignorancia es fruto de la indiferencia que nos causa una categoría a la que, por un sentimiento de superioridad basado en un pasado glorioso cada vez más idealizado, vemos como un via crucis pasajero que hay que padecer para volver a donde históricamente pertenecemos. Lo vemos todo desde nuestro sportingcentrismo. No es solo que no conozcamos a los típicos jugadores con mote de extrarradio que pululan por equipos como el Mirandés o el Sabadell, es que a duras penas podríamos citar todos los clubes que conforman la categoría. ¿Para qué?

Como la mayoría de sportinguistas no tenemos ni idea de lo que se cuece en la segunda división, afrontamos el comienzo de cada temporada con la incertidumbre de ver realmente si los refuerzos del equipo nos permitirán afrontar la liga con verdaderas posibilidades de conseguir el ascenso, único objetivo válido del club (y de la afición) sea cual sea su situación económica. Porque por más palos y decepciones que llevemos, lo que queda siempre, al final del verano, es un sportinguismo soñador con ganas de animar a su equipo.

Por supuesto, antes del inicio liguero podríamos sacar conclusiones del período de pretemporada, pero la experiencia nos asegura que hacernos una idea prematura en base a las pachangas veraniegas con el Caudal o el Villareal es tan poco fiable como ligar el futuro económico de un país a los consejos del FMI. Por eso, y por nuestra ignorancia-idiferencia, llegamos al primer partido de liga con una incertidumbre que solo con el devenir de las jornadas se puede ir clarificando. Como en el imaginario experimento del gato de Erwin Schrödinger, es necesaria nuestra interacción (o mejor dicho, la acción del equipo y que nosotras la veamos), para comprobar que nuestras esperanzas están vivas o muertas.

Pero si no es realista sacar conclusiones precipitadas de los resultados de pretemporada, tampoco lo es hacerlo de un único partido liguero. Sin embargo, la victoria de ayer en El Molinón ante el filial blanco sí que sirve para confirmar una sensación que el equipo nos había venido transmitiendo en las pasadas semanas: por primera vez en muchos años el Sporting parece dispuesto a bajarse de su característico juego vertiginoso (y frecuentemente descabezado) e intentar un fútbol asociativo más acorde con un equipo que necesita, por sus permanentes exigencias deportivas, la tranquilidad necesaria para conseguir objetivos largoplacistas. No se puede subir de categoría en el primer partido. Tampoco se puede ganar un encuentro en el primer minuto. Sin renunciar a un fútbol directo que ante el Real Madrid Castilla propició las jugadas más peligrosas, se nota en el Sporting una voluntad evidente de salir jugando con el balón desde la defensa, y de buscar vías alternativas para pisar área más allá del patadón primario tan tristemente frecuente en los últimos tiempos. Quizás, el hecho que mejor ilustre esta nueva filosofía sea el empeño del entrenador en reconvertir a Mandi, centrocampista defensivo, en central. Esta es de largo la apuesta más arriesgada de Sandoval (dada la propensión del jugador canario a la volatilidad mental) pero también la que de funcionar (teniendo en cuenta sus características técnicas: buena salida del balón, anticipación y facilidad para el desplazamiento en largo) más puede aportar al juego del equipo.

Pese al buen (pero temerario) papel del citado Mandi en su nuevo puesto, y de Scepovic, que goleó en su debut y dio impresión de poderío, sigue latente la sensación de necesitar otro central y otro delantero de garantías. No fue un partido brillante, ni tampoco era el rival un peso pesado de la categoría. Habrá que ver cómo se desenvuelve este nuevo Sporting ante equipos más incómodos y en circunstancias más desapacibles. 

La mayoría de sportinguistas no tenemos ni idea de lo que se cuece en la segunda división, pero disfrutaremos esta semana de una efímera alegría al haber comprobado que la primera vez que levantamos la caja el minino respira. La próxima jornada retomaremos el experimento.

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