Marcos García Guerrero

Sentido arácnido. Alavés 3, Sporting 0

Alavés 3 - Sporting 0

Foto de La Nueva España

Como le sucede a Peter Parker, alias Spiderman, al que su «sentido arácnido» le pone en guardia ante la proximidad de un peligro, el futbolero desarrolla con los años una especia de super poder semejante que le permite percibir, ya en los primeros compases de un partido, la llegada de un desastre inminente. Es el caso del encuentro de ayer en Mendizorrotza, en el que a los cinco minutos los sportinguistas ya teníamos la piel de gallina.

El sentido arácnido del futbolero, a diferencia del de Spiderman, no llega de repente, si no que suele presentarse de forma progresiva a través de señales más o menos apreciables. Se percibe, por ejemplo, en ese mal rollo que empiezas a sentir cuando no encuentras sitio para sentarte en el bar al que vas para ver el partido, cuando en la pantalla del televisor no se distingue si la pelota va o viene porque al campo en el que atacamos le da la sombra, o cuando no funciona la contraseña de Yomvi aunque pruebes a poner todas las palabras en mayúsculas, en minúsculas, o la primera letra en mayúscula y el resto en minúsculas. Son señales extrasensoriales para las que estamos receptivos y que ya sabemos captar e interpretar.

Pero nuestro sentido arácnido también percibe los avisos emitidos por las señales puramente futbolísticas. Ver cosas como que tu equipo a duras penas consigue pasar de medio campo, que su defensa se ahoga bajo la presión rival, que cualquier balón dividido siempre cae del lado contrario, o que tu portero y central se hacen un lío y acaban marcándose un gol en propia puerta. Sentido arácnido on fire, y el run-run en la cabeza de aquello de «parezme a mí que hoy no hay manera».

Sin embargo, este super poder no siempre es infalible. Hay casos épicos e inesperados como el de la remontada in extremis precisamente del Alavés en casa hace cinco años contra la Real Sociedad, y que supuso, a la postre, el salvoconducto para que el Sporting volviese a primera, que demuestran que a veces nuestro sentido arácnido no anda fino y que lo imposible en el fútbol, aunque sea un tópico, puede volverse posible. Es precisamente esa imprevisibilidad una de las grandes virtudes de este deporte.

De todos modos, al inicio del partido de ayer todas las señales extrasensoriales y futbolísticas apuntaban hacia el mismo lugar. Así como los dos empates anteriores a domicilio podían haberse convertido con la misma facilidad en victorias o derrotas, ya que cuando juegas para ganar siempre te arriesgas a  perder, el Sporting no podía volver de Vitoria con los tres puntos porque disputó un partido que no podía ganar ni siquiera sin querer. Solo dio señales de vida cuando quiso su rival, es decir, cuando con dos goles a su favor el Alavés disminuyó la presión, dio un paso atrás y cedió la iniciativa.

Ya se lo decía el tío Ben a Peter Parker, «un gran poder conlleva una gran responsabilidad». Y los sportinguistas lo sabemos. Por eso debemos usar nuestro sentido arácnido con cabeza, y al igual que no debíamos dejarnos llevar por el entusiasmo desenfrenado del espectacular arranque del equipo, tampoco debemos lanzarnos ahora, con la primera derrota de la temporada, por abultada que sea, a ese pesimismo tan típicamente nuestro. Que no cunda el pánico. Ni antes éramos el Bayer Leverkusen ni ahora somos la última mierda que cagó Pilatos. Eso sí, esperemos que el sentido arácnido de Sandoval esté tan desarrollado como el nuestro. Por el bien del equipo.

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