Adrián Sánchez Esbilla

Carta de Martino a los blaugranas. Versículo I

 martino

Martí Perarnau escribía el otro día en su columna de Marca (sí, todavía hay rincones a resguardo de la inundación) sobre la confusión entre medios y objetivos que llevó al Barcelona a creer ciegamente en el dogma de la posesión. El tener elevado a ley y objetivo sin preguntarse: “Tener ¿para qué?”.

El control de balón, la famosa posesión del Barcelona de Guardiola, era tanto un instrumento para protegerse como para agredir. Cuando Xavi, por ejemplo, dice tras ser vapuleados por el Bayern que no les quitaron el balón, está dando signos de ofuscación; está secuestrado por la idea áurea del Barcelona splendente, neoclásico. No se le puede disculpar por el aturdimiento típico del atropellado; es reincidente.

Xavi, y otros como él que no forman plantilla sino entorno, esa bestia mitológica que cerca al Barça y a la cual Cruyff dio nombre y facultades para, más tarde, transformarse él mismo en bestia, prefieren situarse en el estado de negación del ganar la posesión a reconocer lo natural del fútbol: tarde o temprano perderás y lo harás con estrépito.

Se confunde también el valor de la posesión, a la cual se considera un absoluto sin discriminar. El Barcelona de Guardiola, pongamos el perfecto, el que abarca entre la segunda Copa de Europa y el Mundialito contra el Santos, el de los centrocampistas (o todocampistas, mejor dicho), basaba su poder en el conocimiento exhaustivo de las zonas del juego y de los tiempos del mismo. No era la posesión, como un bloque, sino su empleo quirúrgico: cuándo, cuánto, dónde, cómo, por qué.

Aquel equipo prodigioso, perfecto, conocía el objetivo de la posesión; el Barça desnortado de la mitad del año pasado, golpeado por los cuatro poderosos vientos de la canción de Ian Tyson, se hizo bola, se replegó sobre el dogma. Se transformó de equipo que había convertido el pragmatismo en un arte (Guardiola, no lo olvidemos, es italianófilo) con la solución más sencilla aplicada por sistema, despreciando el arabesco a favor del esplendor geométrico, en un grupo religioso. Pasó del racionalismo a la fe con el miedo a la disolución de su identidad como gran fantasma, y por el camino ungió a Guardiola en apóstol equívoco malversando su palabra.

El fanatismo, ya se sabe, no trae nada bueno. Martino, ayer mismo lo dejó dicho, no es ni de la casa ni holandés, lo que lo convierte en sospechoso, en cuerpo extraño. Es un desprogramador, uno de esos especialistas en sectas o en secuestrados con síndrome de Estocolmo que son contratados para devolver a los captados a su ser racional. Es familiar al lenguaje Barça porque su propia escuela de pensamiento, el bielsismo adaptado, comparte alfabeto, y eso, de entrada, le supone una ventaja. Pero no ha venido a profundizar el dogma; a Martino el sexo de los ángeles blaugranas parece que le da lo mismo. Dijo también, y eso comentaba Perarnau en aquella columna que mencionaba al principio, que su intención era llevar al equipo a un lugar en el que había estado antes, de lo cual se infiere que, en algún momento, lo abandonó, y para hacerlo no le va a importar modificar el evangelio. Su objetivo es devolverle al equipo el raciocinio, sacarlo de la fe del falso apostolado y regenerar la verdadera herencia del guardiolismo: la inteligencia para jugar de la mejor manera posible con los jugadores a tu disposición.

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4 pensamientos en “Carta de Martino a los blaugranas. Versículo I

  1. De toda la debacle del año pasado (ganar una liga con 100 puntos estando la competición como esta no es ningún mérito), lo más negativo me parecieron las declaraciones de Tito (siempre a la defensiva, cero autocrítica) y, sobre todo de Xavi, que le convertían en una caricatura de sí mismo y daba la razón a sus más enconados detractores (es decir, es como si Arbeloa fuese un día a entrenar disfrazado con orgullo de cono).
    Son palabras que reflejan la pérdida de la distancia necesaria, una cerrazón mental que solo conduce a darse cabezazos contra la pared y una desorientación histérica y obsesiva, donde esas anteojeras calzadas a conciencia no dejarían ver (ni aceptarían) ninguna salida posible.
    No sé qué tal lo hará Martino (hasta ahora creo que le espera mucho trabajo por delante), pero me satisface mucho ver y escuchar a un tipo tan sensato, que trabaja desde la mesura, la razón y el conocimiento, y que no entra al trapo con ninguna de las estupideces que forman parte del pan de cada día del común de la prensa (joder, qué vergüenza cada vez mayor, ¿cómo puede nadie creerlos o siquiera escucharlos? ¿No hay ningún alma compasiva que decida recuperar ‘+ Deporte’?).
    Y leches, que me está gustando Neymar Jr. Hasta parece que también él tiene la cabeza bien amueblada y nunca busca polémica, no responde a la alegre caza cuya falsa fama parece haber despertado (¡vamos a dar al niñato de la cresta, que dicen que mola!) y cumple con creces en el campo, con más oficio del que se le suponía y aparente y abundante margen de mejora.
    Por cierto, qué excelente analista es Perarnau.

    • El Barça el año pasado se acojonó, se desorientó y se refugió en el dogma, en la fe. Es, después de todo comprensible. Más preocupante es que este año gran parte de ese famoso entorno siga en lo mismo.

      Neymar me está gustando a mi también más de lo que pensaba. ES un poco Navas de momento, muy guarecido en el extremo, pero hace lo que se le pide, es combativo y ve rápido el juego.

      Y si, Perarnau es un grande.

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