Paula Corroto

Nell Leyshon, escritora: «El capitalismo pretende que la mujer mueva dinero»

nell leyshon

Uno de los hasthag más utilizados en las últimas semanas ha tenido que ver con Miley Cyrus. Primero fue su bamboleante baile en la gala de los Premios MTV. Después su videoclip con subida y bajada de barra y su apetito apasionado por un martillo. La norteamericana exniña Disney no ha dejado de aparecer en los medios por su estética, corte de pelo o sus movimientos corporales, una mezcla de Lisbeth Salander, pero en plan cachondo. Algo parecido a lo que ha sucedido también en los últimos tiempos con Rihanna, la cantante jamaicana, otra adicta a ese exceso que tan bien cotiza en las redes sociales y en páginas como TMZ. La primera tiene más de 14 millones de seguidores en Twitter; la segunda sobrepasa los treinta millones. Son excesivas, son canallas con un punto macarra, pero gustan. Y mucho.

Para muchas chicas de todo el planeta, tanto Cyrus como Rihanna –ahora que tanto Lindsay Lohan como Paris Hilton han desaparecido algo del mapa mediático de las drogas, sexo y rock and roll- son sus modelos. Y esta es una cuestión que para la escritora británica Nell Leyshon, autora multipremiada que acaba de ser publicada en español con la novela Del color de la leche (Sexto Piso), debería llevarse a debate. Pero no por razones de quítame allá esos pelos de color rosa o ese roce de entrepierna, sino porque «están en la base de muchos de los problemas que volvemos a tener las mujeres en relación con nuestros derechos. En los medios de comunicación no deja de representarse a las mujeres jóvenes por la ropa que llevan, por cómo la llevan y siempre de una forma sexy, divertida, cool. No hay modelos serios que muestren lo que puede llegar a ser una mujer más allá de ser sugerente. Deberíamos reflexionar sobre ello», explica.

El alegato de Leyshon, que este fin de semana participará en el Hay Festival de Segovia, tiene mucho que ver con lo que cuenta en su novela: la historia de una chica de quince años que a mediados del siglo XIX, después de una vida de trabajo en el campo y malos tratos, humillada, aprende a leer y escribir con el fin de sentirse libre. «Escogí esa época histórica porque quería hablar de la educación y en ese momento las mujeres no podían estudiar ni aprender nada. Ella es muy fuerte y tiene que mostrar todo su talento para conseguir su libertad. Sin embargo, es cierto, que ahora también tienes que ser excepcional y trabajar muchísimo para conseguirlo», sostiene.
del color de la leche 2Ahí está la cuestión. No el siglo XIX, sino el ahora después de tantas revoluciones. Después de tanta lucha, la mujer vuelve a la calle a reivindicar derechos que ya se habían conseguido. O se creía que se habían conseguido. Vuelve a entonar el concepto de feminismo, tan denostado, tan criticado incluso por tantas mujeres. «Sí, sí, de hecho muchas mujeres más jóvenes que yo no quería ni oir hablar del feminismo, ni que las llamaran feministas», manifiesta la escritora. Para ella, este retroceso y la vuelta a reflexionar sobre los modelos femeninos tiene que ver con el zarpazo del capitalismo durante el siglo XX. «Muchas de estas mujeres que han criticado el feminismo tampoco entienden su significado. Para mí, el feminismo es igualdad de derechos. Pero el problema deviene del capitalismo, que nos muestra a una mujer que se tiene que cuidar las uñas, el pelo, vestir bien. Esa es la mujer para el capital, porque lo que pretende es que la mujer mueva dinero. Es lo único que le interesa». Como ejemplos pone la representatividad de las mujeres en medios de comunicación como la BBC. «En muchos casos solo tenemos voces masculinas. Hay dos horas seguidas de voces masculinas por las mañanas, en una de las televisiones más importantes del mundo. Y solo aparecen mujeres cuando hablan de flores, animales… Necesitamos a mujeres en la esfera pública», manifiesta Leyshon que es defensora de las cuotas del 50% en las empresas como una forma de mostrar que existen modelos más allá de los que muestra TMZ o las hermanas Middleton.

En el libro, la pequeña Mary tiene que enfrentarse a un poder patriarcal y también eclesiástico. De hecho, es un sacerdote anglicano quien la encamina por los senderos de la escritura y la lectura, y por otros menos púdicos. Por suerte, según ella, el poder de la Iglesia sí que ha pasado a la historia en Inglaterra. «Tenemos diferentes creencias y podemos decir que sí hay libertad», explica mientras se asombra de que en España se le esté dando tanto espacio en los medios al nuevo Papa. «Para mí no ha cambiado nada, primero porque no creo en Dios ni en el Papa, segundo porque no habla de las mujeres, y tercero porque la Iglesia sigue conservando todos sus privilegios económicos. El poder de la Iglesia en el mundo es enorme. Sólo hay que ir a ver el Vaticano para darse cuenta de dónde y cómo viven», añade.

Del color de la leche, un título que puede remitir a la inocencia y la pureza –de Mary-, también lanza otra pregunta acerca de si el ejercicio de escribir nos hace más libres. La escritora cree que es una pregunta difícil, pero afirma que ella sí siente esa libertad. «Sueltas lo que tienes dentro, tu alma, y eso libera, aunque esto es una novela y eso es trampa. Los valientes son los que escriben no ficción. En una novela siempre te puedes esconder», asiente Leyshon a la que no hay que perder de vista.

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