Adrián Sánchez Esbilla

La segunda familia: FF. Partes de un hueco

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Un amigo mío siempre dice que una de las cosas más grandes de Roger Corman es que tiene talento para el talento. De Matt Fraction se puede decir algo similar: tiene sensibilidad para el talento ajeno. Eso y modestia para plegar su ego al de aquellos que tienen unas capacidades superiores a las suyas. No es de extrañar que sus mejores obras (Casanova, Ojo de Halcón y esta FF) sean compartidas con unos dibujantes cuya impronta, estilo y personalidad resultan tan invasivas, tan determinantes para el resultado final.

Gabriel Ba, David Aja y Mike Allred tienen una poética tan propia que sólo un necio intentaría forzarla en lugar de amoldarse a ella. Y Fraction, por lo que se ve, no es ningún necio. Su mejor cualidad es la de ser un guionista líquido, que toma la forma del dibujante que lo contiene y plantea sus historias al gusto estético y dentro de un universo referencial y expresivo lo más cercano posible. En Casanova Fraction le ofrece a Ba un universo sensualista, curvo e inestable desde el cual interpretar al Jerry Cornelius de Michael Moorcock, Aja encuentra en Ojo de Halcón todas las piezas para su slice of life superheroica y en FF dispone todo para el pop poskirbyano de Mike Allred.

Logra, en definitiva, que sus dibujantes se sientan cómodos. Aunque, a decir verdad, esto sólo parece funcionar cuando son verdaderos creativos y no cualificados ilustradores. Quizá sucede que el propio Fraction -y volvemos a lo de que nos es necio- es consciente de que es un guionista limitado y entiende que sus mejores facultades, que tienen que ver con la ligereza de tono, la caracterización costumbrista y la imaginación, se amplifican y potencian tanto al contacto con este tipo de dibujante-autor como al estar enmarcadas en series o bien independientes o bien muy laterales con respecto a los angustiosos macrouniversos del cómic de superhéroes y la política presente de cruces y eventos de la editoriales Marvel y DC. Algo fácilmente comprobable a tenor de la mediocridad y el aburrimiento que preside sus series superheroicas, todas ellas adormecidas en la mansedumbre y el lugar común en un contraste que se hace más chocante cuando compatibiliza mundos vecinos como los de Los Cuatro Fantásticos junto al más que profesional Mark Bagley y FF, junto a la dinamo creativa que es Allred (y esposa), de vuelta a una serie regular Marvel después de su justamente legendaria X-Force/X-Statix  escrita por Peter Milligan hace ya una década.

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También sucede que el guionista mejora en formatos comprimidos. Es uno de los contados escritores actuales del cómic book superheroico USA que conoce el valor de las veinticuatro páginas y las exprime a conciencia. Eso no impide que pueda plantear arcos mayores, pero, como a los entrenadores de equipos modestos, le va mejor partido a partido. En esta característica se encuentra otra razón de su formidable entendimiento con Aja y Allred, quienes son creadores de gusto retromoderno, con una noción muy formalista del cómic como artefacto pop y como marco narratológico y estilístico.

Las historias mínimas y los formatos acotados incentivan la variedad y creatividad de sus soluciones, convirtiendo cada mes en un juego nuevo con la manera de contar, con las posibilidades expresivas y técnicas del medio. Fraction entiende que Allred y Aja son narradores de cómic, creadores de cómic, y facilita que el lenguaje privativo del medio sea lo que vertebre estos universos de bolsillo. Aunque en FF, Fraction sí que parece planificar expandiendo subtramas y planteado arcos que ocupan varios números, yuxtapuestos a esas historias mundanas que van ocupando número tras número hasta crear un lugar acogedor, familiar y confortable donde los colores planos y brillantes de Laura Allred hacen que todo parezca táctil, redondeando el pop-art mensual que su marido, Mike Allred, entrega cada mes extremando aquí su reinvención de Jack Kirby; no sólo en esa Cosa trasplantada directamente desde 1966, sino en la planificación o en los fondos llenos de modismos kirbyanos y hermosas evocaciones de la belleza perdida de la cuatricromía y la trama de puntos.

En FF hereda una de las ideas más felices de la larga etapa de Jonathan Hickman en la cabecera de Los Cuatro Fantásticos: la Fundación Futuro, donde los Richards acogían a todo tipo de niños-criaturas para educarlos en la ciencia loca de pasado mañana y mostrarles que no importa lo raro que seas. Esta fundación era la cara B del lujoso single que formaban sus historias más grandes que la vida de la primera familia en los límites del imaginaverso. El contraste entre la ambición elefantiásica de Hickman y la voluntad doméstica de Fraction no puede ser mayor: mientras uno piensa en macro, el otro miniaturiza. Como sucede en Ojo de Halcón, los nuevos Cuatro Fantásticos tienen suficiente con preocuparse de todo lo que pasa en el edificio Baxter con sus fantatecnológicas salas que hacen bup-bup y sus niños excéntricos (qué bien dibuja Allred a los niños y qué bien los escribe Fraction, por cierto) reunidos bajo el uniforme blanco de la Fundación Futuro.

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Lo primero que hace el guionista es sacar del cuadro a los Cuatro Fantásticos originales, prodigiosamente caracterizados por Allred en apenas una viñetas (¿alguien ha dibujado a Susan Storm a la vez tan bella y tan mundana?), embarcados en un viaje extradimensional y extratemporal de sólo cuatro minutos que, es evidente, saldrá peor que mal. Cada miembro de la familia escoge a un sustituto que se encargue de sus deberes como 4F y como custodios de la Fundación Futuro: Scott “Hombre Hormiga” Lang, un padre sin hija, Hulka, quinta fantástica por derecho, Medusa, reina de los Inhumanos -otro concepto de Kirby arrebatador-, y Darla Deering, estrella pop y (pen)última amante de Johnny Storm serán los 4F para un 2013 donde ya no hay certezas.

Ellos serán no sólo unos extravagantes Cuatro Fantásticos -cosa nada rara en la historia del grupo, por otra parte-, sino una alterfamilia que habla, precisamente, de los roles parentales y fraternales mutantes del mundo contemporáneo, donde los lazos afectivos son los que conforma las verdaderas familias y no la consanguineidad accidental.

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Un pensamiento en “La segunda familia: FF. Partes de un hueco

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