Marcos García Guerrero

Cagallón. Numancia 0, Sporting 0

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Cagallón. Así, con tilde en la “o” y con emoticono de caca sonriente. Así resumimos vía Whatsapp el partido de ayer. Una nueva salida en la que no ganamos, en la que no jugamos pero en la que al menos puntuamos. Tristeza a medias. De ahí el emoticono. De ahí la mierda. Y la sonrisa.

Decía Sandoval durante la semana, bravo, a puerta gayola, como a él le gusta, taurino, que aquí el modelo no se discute, como Martino, que se juega fuera de casa como en casa, valientes, a por todas, y que además la historia, por lo de Soria, por su indestructibilidad en casa, por las resistencias numantinas y eso, estaba para cambiarla. Torero. Con dos cojones. Y olé.

Así que escuchas las palabras del míster y te emocionas. Esta vez sí, a ganar fuera de casa, a por ellos, oé, que somos el Sporting, joder, y que pobre del que quiera, pero luego ves el partido y te viene el gatillazo. Porque el valiente planteamiento existirá, pero no se transfiere al terreno de juego. Y piensas que eso de la innegociabilidad del modelo igual es un poco milonga. Y no porque el técnico nos quiera vender la moto, que igual sí, que Jose Ramón es muy así, de hacerte ojitos y susurrarte cosas guapas al oído, picarón, si no porque a lo mejor entre todos nos hemos creído que no podemos renunciar a algo que en realidad aún no tenemos, a algo que a día de hoy solo pretendemos. A una idea. A un Sporting platónico que de momento no pasa de un Sporting de las cavernas, o mejor dicho, cavernario.

Vale, que sí, que aquí hemos dicho que hasta ahora había una hoja de ruta. Que aunque tímidamente, el equipo sabía más o menos a lo que jugaba. Pero paradójicamente, en los últimos partidos se ha ido desandando lo andando y han ido apareciendo señales inequívocas de falta de fiabilidad: un portero dubitativo, una defensa que, pese al empate a cero de ayer, ha encajado más goles en los dos anteriores partidos que en el resto de las jornadas, un medio del campo al que cada vez le cuesta más imponerse (de hecho ayer no se impuso en ningún momento) y una delantera que, quizás porque la columna vertebral se tambalea, se agazapa bajo la sombra gigantesca de su delantero serbio. Y es que las dudas ya no se adscriben solamente a los partidos a domicilio. Ante el Eibar se sacaron los tres puntos a lo sálvese quién pueda, y porque Scepovic está en plan hacerse una estrella (In Scepovic we trust. Bendito sea).

Acabado el partido dijo Sandoval que el empate era de justicia. Y también señaló que al equipo le queda mucho aún por aprender. Para el aficionado, el empate, de justicia o no, no pasa de ser una mierda; una caca reciclable que tiene cara de felicidad porque ahora mismo hay bolsa que la recoja. Pero cuando nos falte el plástico de El Molinón y este perro Sporting nos vuelva a cagar fuera de casa, a ver quién es el valiente que coge el cagallón con la mano. Ya puestos, que sea Sandoval, por torero.

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