Marcos García Guerrero

Mourinho: retrato de un monstruo

La prensa deportiva española, y más concretamente la futbolística, que supone el grueso de la misma hasta el punto de canibalizarla, se caracteriza por emitir un inconfundible tufo de amarillismo que la emparenta a ojos de muchos con campos del periodismo socialmente denostados, como el del corazón. La vacuidad infantiloide de los Manolos o Futboleros, el partidismo militante de los periódicos catalanes y madrileños o el sensacionalismo cavernícola de Punto Pelota no difieren mucho del estiércol vertido a diario por la prensa del colorín.

Sin embargo, si uno se acerca con voluntad de cirujano a los medios deportivos, puede identificar un cuerpo extraño, pero consistente, de profesionales que, nadando contra corriente, o incluso dentro de ella, consigue sacar la cabeza por encima de la marejada. Ahí están esas crónicas casi literarias de Santiago Segurola, José Samano o Ramón Besa, los análisis científico-metafóricos de Martí Perarnau y el equipo que da nombre a su magazine, el sello documental made in Canal Plus de programas como Informe Robinson y Fiebre Maldini, o la perspectiva histórico-sociológica de Jot Down. Sólo hay que saber buscar en los medios para encontrar un fútbol (y un deporte) tratado por y para adultos, preferentemente inteligentes.

Así, en un lugar intermedio entre estas dos vertientes, entre la salsa rosa del fútbol y su análisis deportivo, social y político serio, encontramos a Diego Torres, periodista de El País que acaba de publicar Prepárense para perder. La era Mourinho, 2010-2013 (Ediciones B).

Ecce Homo

El libro de Diego Torres supone la puesta de largo de la tesis que el periodista argentino lleva defendiendo a través de sus artículos durante los últimos tres años: José Mourinho es un tirano ególatra y paranoico, sobrevalorado como técnico, y que en España ha experimentado su primer gran fracaso sobrepasado por una institución como el Real Madrid, a la que nunca entendió y en la que recayó por la conjunción de casualidad y pragmatismo, y un rival, el Barcelona, que se ha erigido frecuentemente como su kriptonita personal, hasta el punto de desquiciarlo.

PrepárenseLa imagen descrita por Torres de Mourinho, tan subjetiva que lleva casi a la caricatura, toma forma gracias al acostumbrado proceder del autor de construir un relato novelístico de los entresijos del club, a los cuales tiene acceso gracias a que cuenta en él con más confidentes que el Servicio de Inteligencia británico en una novela de John Le Carré. Así lo explica el propio autor: «La literatura es sólo una herramienta para describir la realidad. […] En toda organización, cuando las cosas no funcionan, o cuando los líderes fracasan en su intento por controlarlo todo, surgen versiones paralelas. El Real Madrid ha sido en los últimos tres años una organización en crisis de valores y de autoridad y ha habido muchas personas dentro del club que han procurado trasladar su visión al exterior».

Prepárense para perder es un ensayo novelizado o, si lo prefieren, una novela ensayística en la que, desde el punto de vista deportivo, no se intenta analizar objetivamente el paso de Mourinho por el Real Madrid, sino confirmar que tal paso ha sido un fracaso. Escrito con un estilo fluido y con el toque literario característico de la redacción de El País, el ritmo, la gravedad y la temática de la narración convierten el texto en un thriller político-futbolístico con un final que ya sabemos desde su título, y cuyo contenido, enriquecido por los detalles más o menos secretos aportados por sus gargantas profundas, ya conocíamos o intuíamos de antemano, porque nos había ido llegado a través de los diferentes medios. El principal problema para el lector es que se percibe en Torres una doble animadversión por Mourinho, tanto personal (por sus egolatría desmedida y sus intentos de totalizar el club bajo su poder) como deportiva (dado que el autor repudia, puede que inconscientemente, la filosofía futbolística del luso), que desacredita la imparcialidad de su discurso y hace que todo se ponga en tela de juicio.

La verosimilitud del monstruo: Torres versus Mourinho

Y aquí está el quid de la cuestión: hasta qué punto es creíble el retrato que Torres hace de Mourinho. En lo que se refiere a las cuestiones políticas, la mayoría resultan verosímiles, al venir apoyadas no sólo por las anónimas fuentes del autor, sino por el hecho de que son vox populi las malas maneras del entrenador de Setúbal y su ego esquizoide. Por eso suena creíble, por ejemplo, la afirmación de que la estrategia de denunciar una persecución contra el Real Madrid y su persona (estamento arbitral, UEFA, LFP, FEF, CIA, KGB…) era una impostura orquestada desde el banquillo, porque sabemos que es la misma que utilizó en los clubes anteriores en los que estuvo. Por eso creemos también lo que se nos cuenta acerca de sus intentos obsesivos por atomizar el poder del club (y que incluiría desde controlar la comida de los jugadores ―se dice que llegó a despedir a los cocineros y cambiar de carniceros porque la carne tenía «un porcentaje muy elevado de nervios»― hasta sus declaraciones públicas ―imposición bajo represalia de transmitir el discurso oficial mourinhista―, sus relaciones con otros jugadores ―prohibición de hablar con los internacionales culés― y la marginación de posibles «topos» de la prensa ―Pedro León, Casillas…―, además de la absorción de la secretaría técnica ―pasó de no hablarse con Valdano a no dejarle presenciar los entrenamientos ni viajar con el equipo, para finalmente exigir su destitución―), porque todos hemos vivido en directo el rapto que Mourinho hizo del club blanco, con la aquiescencia no siempre silenciosa de Florentino, provocando el paso del club más presidencialista del fútbol mundial al «modelo inglés» como paradigma (Pérez dixit) del fútbol del futuro.

Uno de los puntos más interesantes a ese respecto es el que alude a cómo Mourinho y su representante, Jorge Mendes, hicieron de Valdebebas y del club su propio cortijo, y apoyados en Gestifute, su compañía de representación, intentaron tejer una red de influencia y control cuyo objetivo último era, además de hacer negocio, convertir al portugués en el Ferguson del Real Madrid. Torres se extiende bastante en esta cuestión, y desliza informaciones tan interesantes como que la entrada a Valdebebas estaba limitada para las personas ajenas al club (se cuenta que el padre de Canales tenía que pedir permiso con tres días de antelación para ver entrenar a su hijo), mientras que Jorge Mendes campaba a sus anchas por las instalaciones y veía casi a diario los entrenamientos desde la ventana del despacho del técnico. En este sentido, sólo hace falta comprobar hechos objetivos y conocidos por todos, como la incomprensible política de fichajes del entrenador (Coentrão a la cabeza), o la injusta gestión deportiva del equipo (privilegiando a los jugadores con los que compartía representante), para saber que, literatura aparte, la acusación de Torres no debe de andar muy desencaminada.

Y eso es un poco lo que pasa con este libro, que, pese a lo tendencioso del tono y del enfoque, todos conocemos demasiado bien la figura de Mourinho como para creernos, en términos generales, el retrato que se nos describe. Y ése es el as en la manga con el que juega Torres. Sin embargo, rechina que en casi trescientas páginas no haya mención a ningún aspecto positivo (¡ninguno!) del entrenador. Ni siquiera en el plano deportivo, donde desde luego, matices aparte, no se le pueden negar algunos logros. Cierto es que, objetivamente, y dado su currículum, su paso por Madrid no fue el más exitoso de su carrera (por mucho que él se empeñe en intentar convencernos de que ha sido el mejor entrenador de la legendaria historia de club y que consiguió acabar con la hegemonía del Barcelona), y que supuso además un evidente desaprovechamiento de una de las plantillas más caras y de mayor calidad que se recuerdan en el fútbol mundial reciente, pero reducir, como Torres hace, la victoria en la final de Copa a los aciertos de Iker Casillas, y la Liga de los cien puntos a la autogestión del vestuario son reflexionas tan simplistas que te hacen poner en tela de juicio todo lo leído. En ese sentido, quizá los más sonrojante sea ver cómo Torres se vale de los saberes de antropólogos, semiólogos e incluso de James George Frazer y su «pensamiento mágico» para justificar la abyecta imagen que quiere transmitirnos de Mourinho.

Decía John Carlin, no sin cierta suficiencia british, que el problema que teníamos con Mourinho en España, a diferencia de en Inglaterra, es que no habíamos entendido en ningún momento lo que realmente era: es decir, un payaso. Y puede que tuviese razón. Muchos aficionados y profesionales se han tomado la figura del portugués demasiado en serio. Puede que más en serio incluso que el propio Mourinho a sí mismo. O puede que no. Eso posiblemente sólo lo sepan las fuentes de Diego Torres.

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Un pensamiento en “Mourinho: retrato de un monstruo

  1. Casi que me quedo con la opinión de Carlin. Se le da más cancha de la que se merece. Así pasa, que se le pone el pecho como a un palomo y se dedica a dar carnaza a su público. Me temo que es de esos casos en los que el personaje se ha comido a la persona. Ni siquiera creo que sea un mal tipo (incluso mejor persona que entrenador, que me parece que se ha granjeado una fama de estratega muy bien publicitada y bastante superior a sus capacidades reales). Es, simplemente, un hombre muy pesado.

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