Paula Corroto

Balas contra Felipe Calderón

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No es habitual que una obra de teatro te deje sin aliento. Que fijes tu vista en el escenario y no la despegues hasta que se apaguen las luces y resuenen los primeros aplausos. Que mantengas el corazón en vilo ante una puesta en escena fabulosa en su sobriedad, ante un texto elegante, con una gran riqueza literaria, y a la vez durísimo, y ante imágenes llenas de violencia regadas con algunos tragos de tequila y música de narcocorrido de fondo.

Pero eso es lo que sucede con Música de balas, una obra del mexicano Hugo Salcedo (Premio Nacional) que han llevado a la sala madrileña El Sol de York los actores mexicanos Christel Klitbo, Carlos Segura, Quetzali Cortés y Raúl Rodríguez. Posiblemente sea de lo mejor que se puede encontrar ahora en la cartelera de Madrid. Sin mucha alharaca, sin gran tramoya, pero disparando sin pudor a esa guerra contra el narco que se sufre en México y que el expresidente Felipe Calderón llevó hasta sus últimas consecuencias causando más de setenta mil muertos.

Christel, Carlos, Queztali y Raúl tienen entre 26 y 31 años. Todos, excepto Christel, viven en México. Fue ella la que decidió llevar este texto a las tablas madrileñas como un proyecto propio que la devolviera la ilusión del teatro que había estudiado en su país después de tres años en Madrid buscándose la vida con todo tipo de trabajos precarios. «Me lo pasó una amiga y enseguida me di cuenta de que era lo que quería hacer. Cuenta algo que me interesa, una realidad que no se quiere ver. Y sin moralina ninguna te hace pensar. Los muertos al final no son números. Todos tienen un padre, una madre, un hijo. Eso me impactó mucho», cuenta la actriz. Consiguieron los derechos y cuando todos pudieron estar en España presentaron el proyecto a la sala Sol de York que dirige Javier Ortiz. «Son los únicos locos que se atreven con obras así. Mientras haya gente como ellos podrá haber un teatro distinto», recalca. Así fue como crearon un espectáculo que destruye la imagen del narco-malo-que-debe-morir. «Queríamos mostrar que no todo es blanco o negro con el crimen organizado, sino que hay gente que vive en situaciones extremas que lo único que quiere es sobrevivir», afirma. El texto no da lugar a ninguna duda cuando una voz en off recuerda que el salario medio son 73 euros y un sicario puede conseguir más de 2.000 (al cambio de los pesos).

La obra dirige sus balas contra Calderón, el presidente del PAN que se creyó que podría acabar con el crimen organizado a sangre y a fuego. «Una guerra costosa e inútil, que no iba a ningún lado», afirma la intérprete. Pero para los actores, el presidente cowboy no es el único culpable de la situación violenta de México. «El narco no apareció con Calderón. Es algo que el PRI ha tenido pactado durante décadas atrás», sostiene Christel. Por eso no es casual que hacia el final del montaje aparezca una imagen de Peña Nieto, el actual presidente, perteneciente al PRI. «Es algo que ha ocurrido con todos los presidentes», añade la actriz.

Para el espectador español, la obra puede asumirse desde la distancia. Desde los miles de kilómetros que nos separan de México. Es la ventaja del dolor que se cree ajeno, que no toca de cerca. Quizá por ello este montaje es también especial y diferente al que se representó en tierras mexicanas. «Era más una farsa, porque no sé si un montaje muy directo funcionaría», sostiene Christel, quien compara esta obra con el terrorismo de ETA: «Quizá dentro de unos años, cuando las heridas hayan cerrado, habrá más montajes sobre este tema».

En México, la herida aún sangra de forma abundante. Christel reconoce que «la situación está más tranquila» porque ya no aparecen tantos muertos degollados, «pero han subido mucho los secuestros». Aunque sean los virtuales, como el que recientemente sufrió el grupo español Delorean. Y la sensación que tienen los mexicanos es de impotencia. «Nadie tiene ni idea de qué se puede hacer. Mientras no haya educación, igualdad, el crimen organizado existirá. Y hay mucha gente que tiene mucho miedo. Y lo peor es que te acostumbras a vivir con esa violencia», reconoce.

La obra permanecerá en Sol de York hasta el 13 de octubre. Un texto lleno de compromiso, que habla de justicia, de verdad, de dolor y de terror y que nadie en Madrid debería perderse

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