Adrián Sánchez Esbilla

Pasa el fútbol

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Salió Morata entre aplausos del Bernabéu este sábado y cada uno de ellos es vendido como una bofetada a Benzema; ya se sabe, el revanchismo. Lo tiene crudo el francés, principiante porque es un jugador malentendido desde el primer día y además uno del tipo que no gusta en la grada. Tiene la costumbre de ahorrarse las carreras demagógicas y no regala gestos, además, aunque juegue como delantero es más bien otra cosa, una atacante sí, pero no un delantero; y sufre porque pretenden convertirlo en aquello que no es. Benzema limpia la jugada en un movimiento o la construye en un toque y para ello necesita un microcosmos favorable.

Morata desprende clasicismo donde el francés refleja modernidad: es alto y fuerte, se maneja muy bien de espaldas y busca el remate con cierto instinto, tiene buena caída a banda donde impone su cuerpo, recuerda, por tipología y modos a Fernando Llorente, Mario Gómez o Roque Santa Cruz. Es una tipología que invita a buscarlo, a resolver más rápido y sencillo, a atacar de otra manera y por otros caminos.

Llegó mucho el Real Madrid, pese a que jugó lento; en parte porque el Málaga invitaba a esta lentitud: mucha gente atrás pero defendiendo mal, por acumulación, sin método. Las bandas desarbolaban una y otra vez a los de Schuster y solo un Willy Caballero, portentoso, evitó que el partido se acabara antes de la intervención del árbitro; y sí, me refiero al autopenalty que se hizo Gareth Bale, igual de perdido en la derecha como contra el Villareal y con la misma suerte. Gastarse 100 millones en un volante izquierdo para ponerlo a jugar de volante derecho es una de esas cosas del florentinato: el imperio del alarde.

Al menos este dispendio ha servido para resucitar a Di María, otra vez jugador de fútbol, intactas sus caóticas virtudes. Y si por la derecha el argentino pone el punto de locura e improvisación por la izquierda se mueve la mejor noticia y el mejor fichaje blanco de este año, Marcelo. Su impacto sobre el juego es prodigioso, diferente pero homologable al de Roberto Carlos en su día; pero mientras este era un carrilero puro, un martillo implacable, Marcelo es un extraño centrocampista organizador disfrazado de lateral izquierdo. Su ascendencia sobre la construcción es absoluta y su claridad para decidir mejora al equipo claramente.

Poco exigido recorta un par de puntos de cara al primer clásico pero, ay, deja alguna dudas como, por ejemplo, que el partido estuvo abierto en el marcador hasta casi el final: Y esta vez no estaba Benzema para cargar con la culpa.

El Barça se dejó los dos puntos que se encontró el Madrid en el Sadar (moderno Reyno de Navarra) y parece que el cielo cruja. Es lo que ocurre cuando te instalas en la anormalidad y lo conviertes en día a día. Nos hemos desacostumbrada a que los contrarios también jueguen y que el Barcelona  sufra en un campo históricamente jodido nos descoloca. Lo mismo sirve para esa lectura unívoca de “el Barça no jugó bien”; perdón, jugó a lo que el contrario le dejó, y fue poco. El Osasuna, que en su casa no tiene por costumbre dejarse, cerró todas las vías con orden espartano y el juego se bloqueó en intentos.  A posteriori todo este esfuerzo se diluye en si a Neymar le hacen muchas faltas o si sufre de lipotimia transitorio. Zanja Zubizarreta, que fue futbolista: «es un jugador peligroso y por eso le hacen faltas».

Total que el Barcelona empató fuera de casa y le sirve para mantenerse líder mientras nos asombramos de presenciar una anomalía en pamplona: se jugó un partido de fútbol.

Lo mismo se puede decir de la derrota de Atlético en Cornellà-El Prat, ese campo de fútbol para jugar al fútbol y para respirar el fútbol donde el Espanyol  ha vuelto a ser un equipo. Aguirre le respondió al Cholo Simeone con su misma receta de intensidad y crudeza. El partido fue feo y malcarado, resuelto en un pifia de un porterazo y con el atlético añorando al presencia de Diego Costa para darse cuenta de que la fuerza del grupo puede mucho, pero no lo puede todo.

Pasaron más cosas esta jornada pre-Champions y pre-clásico, la más admirable que el Rayo, cosido a las ideas de su entrenador Paco Jémez ha vuelto a demostrar que jugando al fútbol también se puede ganar, aunque seas el Rayo Vallecano y te hayan pelado al equipo durante el verano. El domingo, jugando con diez, le ganó al Almería y se aleja del pozo. Sorprende también, la naturalidad con la que el Getafe se ah instalado arriba, quinto con 16  a un punto del Villareal, ayudado quizás por su condición de equipo fantasmal, anodino, al cual ni sus propios aficionados, si los hubiera, hacen caso; al menos eso cuenta el cemento de las gradas del Alfonso Pérez.

Arriba sigue el Athletic también, de manera bastante inexplicable a tenor de la inconsistencia de su fútbol. No se puede decir que jueguen mal los de Valverde, pero son el facsímil de algo real, como sucedáneos de angulas: dan el pego a la vista pero son insípidas al gusto. Con Bielsa se perdió una posibilidad histórica de cambiar el club de arriba abajo, pero los jugadores no quisieron y la presidencia no respaldó, asustados quizás de las consecuencias de traer al hombre que había traído. Pero bueno, sobre Bielsa, ya, otro día.

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