Adrián Sánchez Esbilla

Estrategias para perder un clásico

gol de alexis

Foto de El País

Mascherano le hizo penalti a Cristiano Ronaldo; está bien, lo compro. Los penaltis, eso sí, hay que meterlos también, no suben directos al marcador. Mi sensación con esto es que me han vuelto a joder el fútbol. Se acabó, todo lo demás no cuenta. Desde hace ya demasiado, desde que el fango mediático nos llega por encima de la barbilla veo estos clásicos y en general todos los partidos que el Real Madrid y el Barcelona juegan contra algún otro grande hincado de rodillas y rezándole a la santísima pelota para que el partido sea inmaculado y que el que gane lo haga claramente, como  si no hubiese árbitro. Porque a la mínima se cierra el fútbol y se abre la barra del bar; los boletines de forofos publicados bajo cabeceras que algún día, lejano, cada vez más lejano, significaron algo, sueltan a sus columnistas con cencerro y los cínicos de pantalla y radio se frotan las manos y hacen tintinear sus dientes como los villanos de Willy Fog mientras rellenan horas y horas de escombros y voces.

La estática de los medios de saturación zumbará toda esta a semana a plena potencia y por debajo se perderá el recuerdo de un clásico para aquellos que solo les gusta su equipo, como escribe Rubén Uría con el hacha siempre afilado. El ruido y la mugre no nos dejarán oír a quien diga que el Barcelona desperdició una primera mitad regalada por Ancelotti, quien para encajar a Gareth Bale, tan perdido como en sus anteriores presencias, sacrificó a un futbolista que ni por capacidades, ni por aptitudes, ni por necesidades del conjunto se lo merecía: Illarramendi.

En su lugar apareció Ramos, insólito, absurdo, recetando dos codazos consecutivos a Neymar como su gran acción del partido. Bale ni tan siquiera concursó como volante izquierdo, sino que lo hizo como delantero centro (o así), provocando un pasillo central sin presión de ningún tipo y todavía menso presencia ofensiva. Con eso y con Ramos clavado en la mitad del campo, ni organizando ni desorganizando, el Barça dominó andando todo el campo, sin oposición significativa.

No afectó demasiado, tal era la inoperancia del Madrid, que los de Martino jugaran al pie en lugar de la hueco, que Messi involucionara al extremo derecho, refugiado se diría en vista de su pésimo estado de forma, o que de continuo hubiese muchos más jugadores por detrás de la pelota que por delante o entorno a ella. Sirvió con que a Iniesta lo dejasen maniobrar a gusto, con parsimonia flotante y que Neymar recibiese siempre con la ventaja de encarar. Fue el mejor, otra vez, el brasileño, casi el único con electricidad en las piernas hasta que se le sumó un soberbio Alexis Sánchez en la segunda mitad para añadir a sus incansables desmarques un golazo de alta escuela.

Pero vuelo a Illarra. En cuanto entró por Ramos el Madrid se volvió más natural, Modric y él comenzaron a tener el balón y moverlo con fluidez, con el Barça ofreciendo campo en busca de un contragolpe venenoso que, efectivamente llegó. Illarra es de esos jugadores intangibles, que solo se nota cuando no están por que su labor es de intendencia. No le pidas un pase de 70 metros, pero te dará a cambio siete buenos de 10 metros. Al mediocentro profesional se le unió el delantero profesional, Benzema formidable como siempre que tiene jugadores con los que combinar y no lo tiran solo al mar de hierba, como recambio de la improvisación mediática; ya se sabía que este es partido grande, partido televisado y que tocaba lucir las joyas y la ropa buena; aun a costa de sacrificar tus opciones de victoria.

Illarramendi lo hizo todo más fácil y con el Barcelona arrastrando la lengua y la barriga demasiado llena de títulos el Real Madrid soltó sus mejores golpes, incluyendo un derechazo de foto de Benzema directo al larguero, ayudante perfecto de un Valdés otra vez decisivo. Pero al final llegó el gol de contragolpe que el Barça esperaba y al Madrid sele quedó la misma cara que él suele dejar en sus rivales. Perplejo miró al árbitro, con los altavoces de la prensa atronando ya en los oídos, en lugar de mirar hacia el banquillo y preguntarle a Ancelotti por qué decidió jugar solo cuarenta y cinco minutos pudiendo haber jugado noventa.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s