Paula Corroto

Miguel Anxo-Murado, arqueólogo: «El problema de la memoria es que se ha mantenido la legitimidad del franquismo en la Democracia»

Miguel-Anxo Murado (Lugo, 1965) es arqueólogo y experto en Historiografía. Ha escrito varios libros como Otra idea de Galicia y colabora habitualmente con medios como la BBC o The Guardian. Ahora acaba de publicar La invención del pasado (Debate), un interesante ensayo en el que, desde el escepticismo “como fuente de conocimiento” aborda algunos de los hechos de nuestra Historia que siempre son susceptibles a todo tipo de interpretaciones. En esta entrevista abordamos nuestros eternos problemas con la memoria, o la Historiografía, como él matiza, la influencia de la cultura pop, la literatura o el cine, en la creación de hechos históricos o aquella revolución conservadora y revisionista que hizo Aznar durante su Gobierno y que, incluso, le llevó a vestirse un día de Cid, cual caballero de la España de la Reconquista.

 anxo-murado

-¿Cómo contamos nuestro pasado desde el escepticismo? Si hay mucho porcentaje podemos llegar a un revisionismo atroz.

-El escepticismo es casi obligatorio para cualquier historiador. Es la madre del conocimiento. Y sobre todo en Historia porque esta tiene una singularidad: el conocimiento no es acumulativo. Cada generación reescribe la Historia y para ello es necesario ser escéptico con respecto a la Historia que hemos recibido. No tiene sentido repetir las mismas cosas sino cuestionarlas.

-¿Por qué en España tenemos tendencia a no caer en ese escepticismo del que usted habla sobre todo cuando ‘la Historia’ interesa?

-No creo que España sea en esencia diferente a lo que ocurre en otros países con la Historiografía.  Quizá es posible que en nuestro caso, por las polémicas en torno a la forma del Estado, la Historia sea más tabú que en otros sitios. En Francia o Gran Bretaña hay un consenso mayor sobre el pasado. En España hay más división por cuestiones políticas, por la divisoria entre Historia conservadora e Historia progresista, que es feroz por la Guerra Civil. En Gran Bretaña la historia conservadora o laborista no son tan diferentes. Aquí son dos mundos.

-El franquismo creó un relato mítico de la Historia de España con el Cid y los Reyes Católicos. ¿Hasta qué punto continúa vivo este relato y de qué manera nos afecta?

-Ese relato mítico no lo crea el franquismo, sino que lo crea la generación de Menéndez Pidal y se lo encuentra el franquismo. La generación de Pidal es ilustrada, bastante progresista, liberal en general, aunque en el fondo Pidal era bastante conservador y ya no digamos Sánchez Albornoz, Modesto Lafuente… Pero era una tradición liberal ilustrada. Y eran nacionalistas, por lo tanto el discurso ya era nacionalista en origen y el franquismo lo que hace es exagerarlo hasta extremos a veces grotescos. En esto España, no obstante, tampoco es diferente a otros países. Todos los países europeos modernos crean una Historia nacional a finales del siglo XIX. Lo que ocurre es que el franquismo la exagera, y ¿hasta qué punto sigue funcionando ahora? Pues es la que la gente sabe. Ningún historiador serio habla ya de la traición del Conde Don Julián o cuenta anécdotas como que Isabel La Católica no se quitó la camisa hasta expulsar a todos los judíos. Son chascarrillos, pero son muy importantes porque son los que la gente sabe. Ese tipo de historias ya no se enseñan en los colegios. Yo ya no la estudié en los setenta. Pero, sin embargo, ¿por qué aún se conocen? Por el boca a boca. ¿Y por qué funcionan? Porque son como un rumor, que se propaga más rápido que la noticia. Da igual lo que diga un catedrático sino que la gente ve en la televisión la película de El Cid y eso es el Cid. Toca más las teclas de la gente más que un estudio académico.

-Y el discurso político las aprovechó y las sigue aprovechando.

-Sí, por ejemplo cuando Rajoy dice, “España es el país más antiguo de Europa”. Pues todos los países son igual de antiguos.

-Y esto nos remite a otros discursos que se hacen desde regiones de España tan en boga ahora mismo.

-Como toda la Historia, hay cosas que son ciertas y otras no. Lo que importa son las interpretaciones. 1714 lo puedes ver como parte de una guerra dinástica o puedes exagerar el elemento de conflicto territorial, aunque hablar ahí de nación es anacrónico porque las naciones surgen después. A mí me sorprendió cuando el Parlamento catalán aprobó la ley sobre la consulta porque había un preámbulo muy largo que era historicista, puesto que hacía alusión a que Cataluña desde el siglo no sé qué lleva luchando por su libertad… Es anacrónico: proyecta ideas propias del presente en el pasado. Y en tercer lugar, para qué se utilizó. Si quieres argumentar la independencia de Cataluña no te hace falta irte al pasado. Pero, ¿por qué lo hacen? Por lo mismo que desde el otro lado se niega ese derecho apelando a que España ha estado unida desde hace 500 años. Ninguna de las dos cosas tiene importancia. Es una manera de prestigiar la legitimidad actual. Pero la única legitimidad actual es la de 1978.

-Es la Historia como arma arrojadiza.

-Sí, porque tiene una gran capacidad de emocionar. Y la Historia funciona como símbolo para movilizar.

-¿Por qué en el momento que nos ocupa no salen historiadores que hablen de esto, sino que muchos parecen plegarse a determinados discursos políticos?

-La misión de un historiador es deconstruir estos discursos. Tratar de hacer ver que los discursos ideológicos que se apoyan en la Historia son construcciones de ahora. Mi opinión sobre la Historia es que uno puede tener razón siempre. Basta con que elijas los datos adecuados. Un historiador es como un abogado y te puede argumentar lo que sea: selecciona aquellos elementos del pasado que más o menos favorecen a su tesis.

-Y eso cae en el revisionismo. Y en el falseamiento.

-Lo único que tiene sentido en Historia es revisar, no repetir lo que se ha dicho antes.  A mí no me gusta hablar de falsear, y sólo hablo de ello para casos flagrantes, por ejemplo, cuando un documento se falsifica. Ahora bien, yo diría que los historiadores no falsifican el pasado, sino que creen en lo que dice. Lo que ocurre es que uno puede engañarse tanto a uno mismo que eso es casi peor. La Historia nos proporciona muchos datos, pero en sí mismos no dicen nada. La cuestión es qué documentos privilegias y cómo los relacionas. Y hay muchos documentos que se contradicen. Por ejemplo, hay documentos que dicen que los Reyes Católicos se consideraban Reyes de España pero otros dicen que no, que renunciaron a eso. ¿Cuál crees? La que quieras. Por esto, en estos debates históricos me parece inútil entrar, sino ver por qué los hay. Siempre es una proyección de los deseos que tienes en el presente, en el pasado.

anxo murado-Pero insisto en esta politización de la Historia, porque usted mismo habla en el libro de cómo la Real Academia de la Historia ha actuado de forma política, lo cual quedó comprobado con la elaboración del Diccionario Biográfico Español.

-Eso significa que hubo una época con el Gobierno de Aznar donde la sociología electoral había cambiado y había una gran mayoría conservadora, y las instituciones decidieron cambiar la Historia para que se acomodase a esa nueva mentalidad. Fue cuando apareció una nueva escuela de historiadores que hicieron una revisión del pasado correcta, pero más conservadora y otros historiadores que hicieron una revisión de la Guerra Civil totalmente ideologizada. Fue la época en la que se pagó una fortuna por la Tizona, que es un objeto falso. Pero se le daba una importancia que en los años setenta ya tenía. El propio Aznar se hizo fotografiar vestido del Cid en una revista. Fue un momento de rearme ideológico de la derecha española y se llevó a la Historia en ese rearme. La izquierda también ha tenido su momento de rearme, todo el mundo utiliza la Historia para sus fines. Incluso los clubs de fútbol se inventan su historia.

-¿Mitificación de la II República por parte de la izquierda?

-Sin decir con esto que no sea verdad lo que dice la izquierda, sí, porque es un momento al que se le da una importancia enorme y es un momento muy breve en la Historia de España, desde 1931 a 1939. Pero es lógico por otra parte porque es el gran momento de la izquierda en España.

-Antes hablábamos de la época de Aznar, ¿están volviendo ahora esos mitos franquistas con el Gobierno actual?

-Este Gobierno se interesa menos por la Historia. La verdadera revolución conservadora fue la de Aznar. Rajoy tiene estas frases, pero son clichés. No veo el mismo interés que tenía Aznar por la cultura de la derecha, por crear una cultura conservadora. A Rajoy le veo más pragmático. Hay políticos a los que les interesa más y otros menos. Así como Aznar con aquellas famosas clases que dio en Georgetown, sobre que España estaba luchando contra los musulmanes desde el siglo VIII, no es que sean ideas falsas, sino que son absurdas. No puede existir algo que dure cientos de años. ¿Cómo va a durar 800 años un estado de ánimo?

-Como experto en Historiografía, ¿cómo cree que se ha escrito la Guerra Civil y el franquismo?

-Es curioso, porque la Guerra Civil hasta los años sesenta el discurso lo domina el franquismo, dentro y fuera de España. Son historiadores franquistas. Y la izquierda que está en el exilio solo produce memorias exculpatorias. Los de Negrín acusan a los de Largo Caballero y al revés. Es para justificarse. La primera vez que se publica una obra de síntesis sobre la República y Guerra Civil de tendencia prorrepublicana es cuando Herbert Southworth publica la suya, y después viene Hugh Thomas. Eso ocurre en los sesenta, pero hasta entonces hay treinta años donde el discurso lo dominan los franquistas, luego hay veinte años en los que los discursos de los perdedores ganan muchas posiciones, incluso se convierte en ele dominante entre las personas cultas, pero es efímero. Y en los años noventa vuelve a haber un discurso revisionista que es un reciclaje del material de los años cuarenta y cincuenta, y que tiene un éxito enorme. En el fondo siempre ha habido esas dos memorias, esas dos Españas, y la única diferencia es que en los setenta, ochenta, la sociología de la universidad hacía que el discurso fuera el prorrepública, pero después sale a flote otra media España que se ha educado en el discurso franquista y aceptan la explicación franquista de la Guerra Civil, de que fue una tragedia que no se pudo evitar. En mi opinión, una explicación surrealista.

-¿Y la mayoritaria?

-Probablemente sí, porque la aceptan muchas personas en el campo de la izquierda. Porque es una explicación, muy discutible, pero que funciona, porque vale para la derecha y una posición neutra en la que la guerra se ve como algo inevitable, cuando en realidad la guerra se hace para interrumpir la República, para acabar con ella. En este tipo de cuestiones es donde se ve que la Historia es una opinión.

-O ese discurso de que en una guerra todos fueron malos.

-Claro, porque es cómodo. Además, eso nos vale para el pasado pero no para el presente donde que queremos saber quién es el bueno y quién es el malo. Y hacemos unas distinciones radicalísimas. Por ejemplo, en Siria, ¿qué bando es el bueno? Curiosamente el discurso neutro nos permite resolver el problema de qué hacer con la Guerra Civil. Y esa es la opción fácil. Mis tías, que sufrieron muchísimo durante la guerra, se adaptaron más fácilmente a la narrativa franquista porque les proporcionaba una solución que era la de que esto fue una tragedia y que no fue culpa de nadie.

-¿La Transición es culpable de este relato que nos sirve para todos?

-Hay que entender lo que fue la Transición. La palabra lo dice: fue una transición, por lo que no hubo una ruptura. Para mí lo interesante es ver lo efímero que fue la visión prorrepublicana de la Historia de ese periodo. Durante esos años, setenta y ochenta, pareció que esa iba a ser la versión definitiva, pero de repente vemos que no, que al final la sociología de la Historia es más compleja. Da igual lo que digan en la Universidad, si alguien publica una novela histórica que se vende eso es lo que condiciona la imagen que tiene la gente.

-Para un sector de la ciudadanía, la Transición también fue un relato mítico al que ahora se le empieza a ‘limpiar’ de su parte más fabulosa.

-Siempre hay que desconfiar. Todos los relatos tienen algo de mítico. Todos tenemos una mentalidad literaria, no científica, ya que para eso hay que hacer un esfuerzo y es más fácil dejar volar la imaginación. Todo discurso, si triunfa, es porque tiene algo de literario. Y la visión que tenemos de la Transición es la que ha canonizado Victoria Prego con su serie sobre la Transición. Eso es lo que la gente sabe de la Transición, y  resume todo lo que se ha hecho para ensalzarla. Es una versión canónica, pero muy intencionada y muy sesgada políticamente. Es la versión de ella, que es la de la élite que hizo la Transición a la que ella perteneció como periodista y por su familia. Para sustituir eso podemos hacer una revisión, pero es minoritaria, y se hace en la academia. Habría que crear otro mito que tendría que tener las mismas funciones que cumple esta y ser mejor, porque si no, no lo sustituye.

-¿Cómo de abierta está la Universidad para construir un nuevo relato?

-La Historia académica tiene una calidad muy alta en España, pero se mueve al margen. La gente no la conoce. No puede acceder a ella porque no quiere también. La gente prefiere las novelas históricas. La gente donde aprende Historia en España es a través de las novelas.

-Curioso también que la novela histórica se pusiera tan de moda a finales de los noventa, en la época de Aznar.

-No es casualidad. Es porque la gente quería un relato mítico del pasado, y además es un escapismo. Hay siempre la tentación de la nostalgia del pasado, que es muy impostada: las mujeres no se mueren de parto, no hay caries… Es el equivalente de la fantasía oriental y la novela de caballerías. Hay novelistas que se toman mucho esfuerzo, pero hay un límite porque, si no, la gente se aburriría. Ahora vamos cada vez más a lo contrario y se hace menos esfuerzo en el rigor. Por ejemplo, la serie Águila Roja, que es interesante porque es anacrónica deliberadamente, pero lo hacen porque saben que eso funciona mejor.

cuentame

-Hablando de series, ¿qué te parece el relato que está construyendo Cuéntame?

-Cuéntame se estudiará en el futuro en las universidades, porque es un ejemplo muy útil como experimento. Nos permite ver cómo en cada momento se revisa el pasado del franquismo. Y van cambiando el enfoque en función de la actualidad.

-Tiene ese punto del que hablábamos antes: una historia válida para todos.

-Sí, pero es inevitable. Siempre será así. Me interesan mucho los anacronismos, pero por interés académico. No lo considero un fallo. Sé que es imposible contar el pasado. Por muchas razones, una es la que tú dices, que tienes que generalizar algo demasiado. Y sí, tenemos una familia tipo que es una generalización. Echo de menos la ausencia de la religiosidad, pero si lo pones ahora resultaría rarísimo. El pasado hay que impostarlo. Como ocurre en la serie Isabel, que hacen que la gente hable como ahora, pero es que no sabemos cómo hablaban antes, ya que solo tenemos textos y los textos no son grabaciones. Una serie histórica tiene que ser verosímil.

-¿Isabel lo es?

-Depende. Para la mayor parte de la gente que lo ve sí, porque le gusta. Tiene cosas muy logradas y otras que a mí no me gustan. Me choca el exceso de información histórica, los personajes hablan demasiado de la Historia. Es para que la gente no se pierda, pero me resulta excesivo. Se pasan del esfuerzo de ser rigurosos. Se criticó que la actriz que encarna a Isabel fuera rubia, pero lo cierto es que era rubia, quizás pelirroja, tenía los ojos claros…

-En los cuadros aparece morena.

-Eso es lo interesante. En los textos se dice que es rubia. Y ahí tengo que decir que en eso sí que creo porque son varios textos. En cambio, el cuadro es un convencionalismo. Hay que tener cuidado con el arte del pasado y con pensar que son como fotografías y un reflejo realista. No es así. Está bien que sea rubia y los ojos claros y olvidarse del cuadro, porque este reflejaba un ideal.  Sin embargo, la ropa en este caso es muy bonita, pero está claramente copiada de cuadros de la época y de varios países, y no podemos estar seguros nunca de que esa era la ropa que de verdad se llevaba. Ese es el peligro de ambientar utilizando documentos del pasado. Yo no soy escéptico de la Historia pero sí hay que ser consciente de lo difícil que es el trabajo de los historiadores.

-¿Por qué estamos en un momento en el que han aparecido series históricas como Isabel, La señora, Amar en tiempos revueltos etc?

-Son modas. Y una serie lleva a la otra. Ahora parece por ejemplo que la ciencia ficción no interesa. Ese escapismo son aventuras exóticas.

alatriste[1]

-¿Y la apelación que se hace ahora a la literatura de la decadencia, la del siglo XVII, cuando España lo perdió todo? Es algo que, por ejemplo, hace mucho Arturo Pérez-Reverte.

-Henry Kamen dice que hay una obsesión nacional con ese periodo. Yo creo proviene de la época nacionalista. Pidal fue quien habló del Imperio español en su famoso discurso de La Habana. Y luego el franquismo lo elaboró más. Y esa construcción reaccionaria ha resurgido ahora en un contexto diferente. Pérez-Reverte no es exactamente un reaccionario. No sabría cómo definirlo. Pero para mí preserva muchos de los elementos de ese discurso antiguo y le incorpora unos nuevos mucho más políticamente correctos: el héroe es a la vez un poco antihéroe, trágico y que en el fondo es pacifista. Eso es lo que tiene de moderno. Me gusta detectar esas novedades. Eso aparece con Isabel, que parece una reina mucho más feminista de lo que probablemente era, aunque también es cierto que hubo un debate, y está recogido en las crónicas sobre el papel de una mujer como reina. Y es un debate sobre el feminismo. Ahora bien, está claro que la solución que se le da es moderna. Siempre desde el presente reescribimos el pasado para que sirva a nuestros intereses, igual que hacemos con nuestra propia vida.

-¿Tenemos un problema de memoria en España?

-A mí la palabra ‘memoria’ no me gusta nada. Y soy un poco enemigo de la memoria. La Historia intenta corregir la memoria, porque esta es muy poco de fiar. Los recuerdos tienden a lo mítico y exagerado. Yo creo que tenemos un problema de Historiografía, pero no de memoria. De hecho, a mí la Historia oral no me merece ninguna confianza. Hay muchos factores psicológicos de distorsión del recuerdo. Otra cosa es el caso concreto de la República o la Guerra Civil, pero ahí se usa mal la palabra memoria. Se debería hablar de Historiografía. Es cierto que en España no se ha resuelto la cuestión historiográfica y sigue dividido en dos como si aún existiera una Guerra Civil cultural.

-¿Y a quién le interesa esto?

-Yo creo que es consecuencia del hecho de que se ha mantenido la legitimidad del franquismo dentro de la Democracia. El franquismo ha pasado a ser uno de los elementos de la Democracia española. La memoria del franquismo sigue formando parte del consenso de la memoria de España. Eso es muy singular porque es un caso raro en Europa. Un caso similar quizá sea Rusia con el estalinismo.

-¿Y qué tiene que pasar para que ese franquismo que sigue entre nosotros desaparezca? ¿Cuestión generacional?

-Yo creo que no puede pasar ni dejar de pasar nada. Creo que la Historia responde a una necesidad. Cuando hay un discurso histórico es porque hay un grupo de personas que lo necesitan, que quieren que sea ese. Y mientras exista ese grupo de personas, ese discurso estará. Si es un grupo muy poderoso, tendrá una gran presencia. En el caso de la memoria republicana el problema es que la gente es numerosa, pero no poderosa y por tanto es un discurso pequeño. Pero no tiene solución. Hay una parte de la sociedad española que, o fue franquista o, aunque sean del PSOE, son hijos de personas que fueron franquistas y quieren absolver a sus padres y además esa es la memoria que ellos han recibido y no quieren cambiarla, no lo aceptan. Lo mismo del otro lado. A mí me ocurre. Yo no aceptaría una memoria que contradijera radicalmente lo que yo no quiero. Todos construimos nuestra memoria a partir de los datos que tenemos. Porque el pasado no existe, es una fantasía que está más lejos que Saturno. Ni siquiera podemos volver a hace un hora. Se ha perdido para siempre.

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10 pensamientos en “Miguel Anxo-Murado, arqueólogo: «El problema de la memoria es que se ha mantenido la legitimidad del franquismo en la Democracia»

  1. La periodista parece estar convencida que la Historia de España es la más inventada y falsificada del Universo xDD Menos mal que el arqueólogo le aclara que todas las historias nacionales lo son.

  2. Visto lo visto, para que sirve entonces la historia? Y los historiadores como el entrevistado?
    Dice que la historia es una opinion y reconoce que en realidad no tiene ni puta idea del pasado. La historia ha muerto. Es el fin de la historia.
    El pasado segun el es un relato que se compra y se vende, y es aceptado porque tenemos una mente “literaria” y unos nos seducen mas que otros. Todo vale. Los relatos historicos son como las opiniones. Todo es relativo y depende de como lo vendas. No hay historia sino miles de historias.
    Sin embargo habla de documentos verdaderos y falsos (ahi si distingue), textos frente a tradicion oral, escepticismo… Luego detras de todo este relativismo y manipulacion
    hay una verdad por saber.
    La historia española es sesgada, dice; la de la BBC no debe serlo. España, pais de flagelantes
    Creo que deberia dedicar todos sus conocimientos a desentrañar la historia, y no a enmarañarla o diluirla en una relatividad suicida, ya que todo relativismo conduce a la ausencia de sentido, es decir, de impulso vital, y por tanto a la muerte.

    • Hay buenos historiadores y malos historiadores. Los buenos son los que respetan las reglas de la disciplina y evitan, en la medida de sus posibilidades, ese relativismo. Los malos son los que inventan el pasado o lo acomodan a lo que quieren decir: la selección de hechos del pasado es inevitable, pero no se pueden obviar determinados hechos porque no entran en tu discurso. Eso es mala práxis y va en contra de la disciplina. Lo mismo que falsear documentos, leer documentos a medias, descontextualizar… eso es manipulación de la historia. Y se aprende cuando se estudia para ser historiador. (Otra cosa es que haya personas que creen que con leer dos libros ya pueden escribir sobre historia).

      Los historiadores no son inmunes a tener opinión: la tienen y generalmente es más honesto explicitarla para que el lector pueda separar adecuadamente historia de opinión.

  3. Siguiendo las teorías de este señor, ha escrito un libro para desenmascarar algunas grandes mentiras del pasado, cuando se reconoce incapaz de emitir un juicio sobre lo que ha pasado hace cinco minutos.
    Si lo ha escrito para decir que la historia es una ficción, “pues toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”, mejor estaría cepillando piedras en un castro.

  4. Resulta curioso comprobar cómo el escepticismo es aceptado incuestionablemente en la metodología científica, mientras que se critica si se usa en la revisión histórica. Me encanta ver cómo saltan los nacionalistas españoles a poco que se toque o cuestionen los pilares de la mítica fundación del estado español. Sus ladridos señalan la dirección correcta. Gracias Sr. Murado, y los franquistas, como ellos mismos acostumbran a decir: “…que se jodan”.

    • No se trata del cansino tema franquistas contra repúblicanos, ni de nacionalismos y naciones, se trata de un tema filosófico: si hay una verdad o no. No se cuestiona el escepticismo, ni siquiera el nihilismo, se cuestiona la función misma de la historia. Este señor se contradice pues dice que la historia es una opinión, y a continuación escribe un libro entero para tirar algunos mitos, es decir, expone otra, según él, la verdadera.
      La otra opción es que no sabe lo que escribe, como él mismo dice, porque el pasado es inalcanzable. Entonces es un mero ejercicio de divagación.
      Las implicaciones morales de esto son grandes y se pueden aplicar a todo, empezando por la justicia.
      Pero bueno, no hay más que ver los comentarios de la noticia de El Pais de hoy para observar que no convence a muchos.
      A mi si quiere suicidarse diciendo que la historia es inútil me parece bien. Pero que no se lleve la inquietud por descifrar el pasado. El pensamiento-ameba es muy frecuente y pasa por correcto hoy. De un pensamiento-ameba, una historia-ameba.

      • “Este señor se contradice pues dice que la historia es una opinión, y a continuación escribe un libro entero para tirar algunos mitos, es decir, expone otra, según él, la verdadera.”
        No. Este señor es un historiador, y como tal sabe que parte de la historia “oficial”, esa que forma parte del saber popular, las cosas “que son así y lo sabe todo el mundo” están manipuladas, a veces a partir de hechos reales leídos de cierta manera y otras directamente a través de hechos falsos y documentos manipulados.
        Y escribe un libro con ejemplos, para ilustrarlo. Es lo que diferencia una opinión cualquiera, como la tuya o la mía, de un trabajo científico: las pruebas y demostraciones. El objetivo del libro no es decir: “la historia que conocéis es falsa: esta es la correcta”, sino “toda historia está manipulada, ved estos ejemplos, leed historia pero desconfiad de las interpretaciones, leed autores de ideologías distintas, contrastad”.

  5. Decir que el discurso republicano es pequeño cuando ha sido y es el discurso oficial de los últimos 40 años es mucho decir.
    Traumas infantiles.

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