Marcos García Guerrero

Not A Perfect Day. Sporting 2, U.D. Las Palmas 3

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Foto de El Comercio

Frente a otro “clásico” que devino en truño el sábado, el partido de ayer en El Molinón fue un encuentro de esos locos que tanto detestan los entrenadores (y los que van de expertos en la materia) pero que, por emoción y vistosidad, hacen las delicias de los aficionados al fútbol. El problema, básicamente, es haberlo vivido desde el lado rojiblanco.

Se inició el encuentro con cánticos desde la grada ultra recordando a Manolo Escobar (ahí es nada), y cuando apenas nos estábamos situando en los asientos ya perdíamos por dos goles en un escenario que a más de uno nos recordó a una de las tardes en las que se fragüó el preciadismo, aquella épica remontada en casa contra el Cádiz que empezó con idéntica fatalidad y acabó en gloriosa victoria (5-4). La sensaciones eran parecidas porque, como en aquella ocasión, aunque con la diferencia entonces de un penalty en contra parado, el rival maximizaba sus dos aproximaciones cortesía de nuestra endeble defensa mientras el Sporting minimizaba su fluido juego ofensivo por falta de puntería, y todo ello bajo la sensación en al aire de que la cosa no estaba perdida.

Con dos goles recibidos en casa en apenas veinte minutos y tras la dolorosa derrota en Girona, se mascaba la tragedia en El Molinón y amenazaba el alien con despertarse y empezar a pegar dentelladas. Sin embargo, las intenciones ofensivas que había mostrado el equipo en esos primeros compases y las malas artes de los jugadores canarios, que empezaron a demorarse y a sufrir todo tipo de dramáticos problemas fisiológicos ya desde el primer gol (minuto 7), amansaron al respetable y lo unieron en el objetivo común de animar al equipo. Paradógicamente, el empuje de la grada no vino desde la zona ultra (que andaba, suponemos, a encontrar el carro robado de Manolo Escobar), si no desde el fondo norte donde debajo de los aficionados amarillos se encontraba el guajerío colegial, quien creía en el Sporting más que la mayoría y lo demostraba con el esperanzador cántico de “sí se puede”.

Y por un tiempo pensamos que se podía. Las ocasiones rojiblancas siguieron llegando, con un Nacho Cases que canalizaba el torrente ofensivo sportinguista (demostrando que si Sandoval considera un problema cómo encajarlo en el equipo titular con Bustos y López Garai disponibles, a lo mejor lo que habría que plantearse es que el problema es el propio entrenador) y un Mandi y un Scepovic (one more time) que materializaban la superioridad en ataque. Pero la última jugada de la primera mitad fue un aviso de lo que sería la segunda: ocasión clara de Las Palmas (librada por la mano salvadora de Cuéllar) y canguelo rojiblanco en la grada.

Salió el Sporting como se despidió tras los primeros 45 minutos: vertiginoso. Pero el entusiasmo ofensivo duró lo mismo que tardó Las Palmas en recordarnos la fragilidad de nuestra defensa. Tras varios avisos serios canarios, y después de alguna llegada más impetuosa que certera por parte del Sporting, un nuevo error defensivo permitió a un Chrisantus disfrazado de Kanu firmar un hat- trick inapelable y volver a enmudecer a la grada.

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Foto de El Comercio

Coincidiendo con ese tercer gol de Las Palmas y con la noticia vía Whatsapp de la muerte de Lou Reed, la bruma emergió dede la playa de San Lorenzo como una triste metáfora del panorama, quedándose impregnada en el cesped y nublando definitivamente la claridad sportinguista. Desde entonces la cosa ya no daría para mucho más, con una afición desencatada, unos jugadores fundidos físicamente y unos cambios infructuosos que solo sirvieron para demostrar la falta de respuesta táctica del entrenador. Podríamos hablar además de la ranciura del colegiado y de más de una de sus dudosas decisiones, pero refugiarse en el arbitraje para no ver los errores propios no es digno de equipos grandes (ejem).

En El Molinón algunos empezaron recordando a Manolo Escobar y otros acabamos llorando a Lou Reed. Así están las cosas. Primera derrota en casa, dos puntos de los últimos doce posibles y el equipo fuera del play off. Una vez más, se impone la necesidad de reflexionar. Porque no, querido Lou, este domingo no fue precisamente un día perfecto.

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