Paula Corroto

Jo Nesbo: el algoritmo del mal

Jo Nesbø

El 22 de julio de 2011, Anders Breivik mató a 77 personas tras varios tiroteos en la isla de Utoya y la ciudad de Oslo. Con una ideología de extrema derecha –había militado en el fascista Partido del Progreso- se convirtió en el mayor terrorista de toda la historia de Noruega.

La aparición de Breivik en el país escandinavo, modelo de democracia en Europa por su brillante Estado del Bienestar, no debería ser, sin embargo, sorprendente. Menos aún después de las recientes elecciones en las cuales la ultraderecha ha conseguido entrar en el Gobierno de la mano del Partido Conservador. La retórica del miedo al inmigrante –criticaron la islamización de Europa- y el populismo son el pilar de un discurso que se asienta sin fisuras en un país en el que no todo es blanco y refulgente. También hay mucha mierda bajo la alfombra. También hay un pasado oscuro –de apoyo a los nazis durante la II Guerra Mundial- al que pocos quieren atreverse a mirar.

Uno de los que lleva años haciéndolo es Jo Nesbo, escritor de novela negra y creador del comisario Harry Hole, un tipo solitario, desesperado, duro, y alcohólico,  pero sin las trazas de macho alfa que suelen tener otros héroes del género (pienso en Jack Reacher, de Lee Child), y que no duda en meter el bisturí en el mal que atenaza a la sociedad. Para limpiarla por dentro, para remover sus miserias morales, para intentar analizar por qué alguien decide matar y convertirse en un asesino en un país que, a priori, al no depender de las importaciones de gas y petróleo, saca el pecho de los triunfadores.

Hasta la fecha se han publicado en España seis de sus novelas. Y si bien, muchos lectores le conocieron con El Petirrojo, Némesis y La estrella del diablo, en las que abordaba temas como la venganza o la Historia nazi de Noruega, ahora ha regresado con El muñeco de nieve, una novela mucho más ambiciosa en la que los intersticios que llevan a cometer el mal quedan mucho más al descubierto. Todas ellas han sido lanzadas al mercado español por RBA.

La historia comienza en 1980 con una inyección de terror en el lector. Después da saltos en el tiempo hasta llegar a 2004, año en el que George W. Bush volvió a ganar la contienda electoral en Estados Unidos. Un dato que no es baladí. Y mientras esto sucede un asesino en serie va dejando cadáveres por el camino. Todos ellos con una conexión curiosa: son mujeres que han cometido adulterio en alguna ocasión. De nuevo tenemos a la moral como origen del mal. Qué pensamos que está bien y qué no, y conforme a qué estructuras mentales dictaminamos una cosa u otra. Y cómo lo solucionamos.

el_muneco_de_nieve_300x457Dice Nesbo que los seres humanos no nos movemos por impulsos, sino que nuestros cerebros son perfectos ordenadores bien estructurados y que funcionan mediante algoritmos: aquellos hechos que se van guardando en nuestra memoria, los aprendizajes, los mensajes que recibimos y que van creando conexiones que “impulsan” después nuestros comportamientos. O nuestras demencias. Por lo tanto, no somos tan libres como podemos imaginar. Y ahí para él podría estar el origen del mal. Y de ahí que, para él, Breivik no sea un loco, un trastornado que un día decidió cargarse a casi ochenta personas.

El asesino en serie de Nesbo tampoco es ningún tarado, sino que es un sujeto que desde niño un conjunto de hechos trastocaron su percepción de la realidad. Y crearon al monstruo, un arquetipo que está entre nosotros mucho más de lo que podamos pensar y al que a veces incluso podemos llegar a darle la jefatura de un Gobierno.

Las novelas de este escritor no son ningún alarde de invención dentro del género negro desde su estructura formal. Están escritas para aquellos que disfrutan de esta vieja fórmula. Pero, ¡cómo consigue Nesbo hacer disfrutar! No cae en las repeticiones de Stieg Larsson, ni en sus listas de la compra del Ikea, y muestra un país que está muy lejos del paraíso natural de los programas de televisión de viajes o de las páginas del ¡Hola! El ritmo es trepidante y el lector apenas tiene un minuto para el sosiego. Una página tras otra, el escritor, que antes fue miembro de un grupo de rock, va dotando a la historia de una sinfonía de riffs y en ocasiones un tono noise, muy ruidoso –las novelas están llena de nombres de bandas de música-, por la que pasan periodistas que sólo buscan hacer dinero y vender revistas instaurando un sistema neoliberal, políticos populistas o policías con escabrosos secretos bajo la cinta donde guardan sus pistolas.

Si quieren conocer otro Oslo, menos límpido, y, sobre todo, si buscan pasar unas buenas jornadas de lectura, no se pierdan a Nesbo ni a su comisario Harry Hole. Y, sin que haya un análisis político de por medio, entenderán también, por qué la extrema derecha gobierna en el país de la nieve con brillantina.

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