Ismael Rodríguez

Doctor Who: 50 años de esencia británica

Los 11 Doctores

«¿Quieres venir conmigo? Porque si lo haces, entonces debo advertirte, vas a ver toda clase de cosas. Fantasmas del pasado. Alienígenas del futuro. El día que la Tierra pereció en una bola de fuego. No será tranquilo, no será seguro y no será fácil. Pero te diré lo que será: ¡el viaje de tu vida!»

              Texto del trailer de la primera temporada de la nueva serie de Doctor Who.

The Kinks publicaron en 1968 el que posiblemente sea su disco más popular a día de hoy, aunque fuese un fracaso de ventas en su momento, llamado The Kinks Are The Village Green Preservation Society. El mismo, sobre todo en temas como The Village Green Preservation Society, es una auténtica canción de amor a la tradición británica, a la vida tranquila de los pequeños pueblos, incluso a la cultura popular de estos. Llegó demasiado pronto, y por eso para Ray Davies la ejemplificación del imaginario colectivo pasaba por Fu Manchú, Dracula o Moriarty, pero sin duda unos años después el Doctor ya hubiese aparecido en la letra.

Y es que pocas figuras del mundo pop pueden llegar a sus bodas de oro en tan buena forma, con la friolera de 11 actores habiendo ocupado el papel principal de la serie, con un éxito a nivel mundial y siendo reconocida por el libro Guiness de los records como la serie de ciencia ficción más exitosa a nivel mundial. Doctor Who es el símbolo del triunfo de lo británico, de lo local, sobre lo universal. De cómo hablando a un público concreto se puede alcanzar a todo espectador posible. Y, sobre todo, de que la imaginación nunca dejará de estar de moda.

La prehistoria: El precedente del Doctor

Doctor Who, por supuesto, no puede ser visto como un suceso aislado. Su génesis y su desarrollo han estado ligados de manera indisoluble con la ciencia ficción británica en general, y en particular con la herencia dejada por Nigel Kneale y su personaje más famoso, el Profesor Quatermass.

En cierto modo, y sin querer quitarle ningún mérito a la concepción del Doctor, este no es más que un Quatermass alienígena que ha superado los límites técnicos y científicos que atenazaban al director del British Rocket Group. De hecho el propio Nigel Kneale no dudó en expresar en numerosas ocasiones su desdén hacia Doctor Who, una serie que creía que había saqueado con claro libertinaje sus ideas.

Quatermass 2Lo cierto es que con los años la serie de la BBC consiguió el más difícil todavía, y a día de hoy podemos considerarla la muestra más desarrollada de una ciencia ficción puramente británica, que desde luego le debe mucho, si no todo, a Nigel Kneale y su The Quatermass Experiment. La figura del personaje eminentemente británico, dotado de una profunda humanidad bajo una aparente flema, confundida a menudo con frialdad, puede sonarnos como a una descripción del primer Doctor interpretado por William Hartnell. Sin embargo todas esas características se encuentran ya dibujadas en la interpretación de Reginald Tate para el primer serial televisivo de Quatermass. Un héroe, además, ya maduro – 57 años contaba Tate – que sería la contrapartida del joven galán tan habitual ya en aquella televisión, y que de nuevo contaría con su eco en el Doctor de William Hartnell, que atacaría el papel contando 55 años.

La influencia de Quatermass va, por supuesto, mucho más allá de Doctor Who. El Museum of Broadcast Comunications británico no duda en citar la obra de Kneale como la iniciadora de una tradición en la ciencia ficción británica que engloba desde A for Andromeda a Blake’s 7, desde Enano rojo a Doctor Who. También Mark Gatiss – guionista entre otras series de la propia Doctor Who o de Sherlock, y responsable del guión de la reciente producción de la BBC An Adventure in Space and Time – ha indicado que posiblemente toda la ciencia ficción británica está en deuda con Quatermass.

La Hammer, como casi siempre en el fantástico británico, también tendría mucho que decir. No solamente fue la encargada de popularizar a Quatermass con sus adaptaciones de los tres primeros seriales, sino que el éxito de estos impulsaron que la Amicus perpetrase dos infames adaptaciones del Doctor, con los Daleks de co-protagonistas y un pobre Peter Cushing perdido en un guión insalvable. Por suerte para todos nosotros las cintas dedicadas a Quatermass son mucho mejores, sobre todo la tercera, y gracias a ellas el personaje de Kneale ha llegado a aparecer referenciado por John Carpenter cuando firmó como Martin Quatermass su El príncipe de las tinieblas, o ha sido el padre espiritual de obras como Lifeforce de Tobe Hopper, auténtica relectura en clave ochentera de ¿Qué sucedió entonces?.

El lejano pasado: El nacimiento del Doctor

Los orígenes de Doctor Who se remontan hasta 1962, y tienen mucho que ver con la llegada a la BBC de Sidney Newman. Este canadiense sería el encargado de llevar la sección dramática de la cadena, la encargada de la producción de series, durante cinco años. Desde diciembre de 1962 al mismo mes de 1967 tuvo la oportunidad de dar a luz a dos series definitorias de su época, la propia Doctor Who y la diametralmente opuesta en concepto adaptación de The Forsyte Saga. Su gusto por la ciencia ficción también es evidente si uno se fija en que también puso en marcha esa locura británica muy olvidada hoy en día que es Adam Adamant Lives!.

A su llegada Newman se encontró con parte del trabajo ya realizado, puesto que anteriormente se había preparado un estudio indicando que el viaje en el tiempo sería el mejor tema para una nueva serie de ciencia ficción. Cuando la BBC se tropezó con un hueco en la tarde del sábado, entre un programa de deportes y uno de música para adolescentes, Newman no dudó en lanzarse a la producción de esa nueva serie que debería atraer por igual a niños, adultos y adolescentes.

An Unearthly ChildLa otra gran figura que ayudó a poner en marcha la serie fue Verity Lambert. En uno de esos curiosos giros del destino estamos hablando de la única mujer productora del momento en la BBC, una inexperta recién llegada de la ABC americana de la mano del propio Sidney Newman. Lo cierto es que no era la primera elección, hasta dos productores británicos se negaron a trabajar en la nueva serie, pero si demostró ser la correcta. Lambert trabajó durante las dos primeras temporadas de Doctor Who, para luego pasarse a la ya mencionada Adam Adamant Lives! antes de terminar encargándose en Thames del cuarto serial del Doctor Quatermass, entre otros muchos trabajos. Ciertamente en Lambert está una de las grandes figuras de la ciencia ficción televisiva británica.

Para cuando el 23 de Noviembre de 1963 se estrenó An Unearthly Child, justo después de unos noticieros volcados en el reciente asesinato de John Fitzgerald Kennedy, la serie había ido creciendo desde aquel germen que recomendó el viaje en el tiempo como una idea viable hasta tratar acerca de un misterioso viajero temporal cuya nave tenía el aspecto de una cabina de la policía de los años 60 debido a un problema en su circuito camaleónico – o a la falta de presupuesto, si es que queremos ser fieles a la realidad – y que respondía al nombre del Doctor.

Con los años, por supuesto, son los actores los que se han quedado con la fama. Uno habla del Doctor de William Hartnell, del de Patrick Troughton… no del de los productores o los guionistas. Por suerte, la propia serie si es consciente de su herencia. De ahí que en un episodio de la nueva serie – en concreto en Human Nature, que se encuentra en la tercera temporada – el Doctor, disfrazado como un ser humano de nombre John Smith, diga que sus padres son Sidney y Verity, un sentido homenaje a las dos figuras a las que la televisión mundial le debe uno de sus mayores iconos.

Tras su estreno Doctor Who no tardó en convertirse en un icono de la televisión británica, llegando a cruzar el Atlántico con éxito por primera vez con la ayuda de la interpretación de Tom Baker, todavía el más famoso de los intérpretes del personaje a día de hoy. Su fama es tal que hasta los mismísimos Simpsons han llegado a tenerle como invitado especial. Todo un honor para una barata serie de ciencia ficción producida por la BBC.

El pasado reciente: Tribulaciones de un Doctor

La carrera del Doctor, sin embargo, no fue siempre un lecho de rosas. A lo largo de los años 80 la serie fue sufriendo un desgaste progresivo y tras 26 años consecutivos en antena la BBC decidió que en 1990 no habría una nueva temporada. Sylvester McCoy fue el actor que tuvo el dudoso honor de interpretar al protagonista en el momento de la cancelación, lo que siempre manchará su trayectoria como Doctor. Una injusticia si tenemos en cuenta que la serie había vivido ya momentos más pobres a nivel creativo con anterioridad.

Sylvester McCoyPero, aunque los británicos habían ido olvidándose del Señor del Tiempo de manera progresiva, lo cierto es que este aún estaba muy vivo en el corazón de un fandom tan activo como beligerante. A pesar de la cancelación de la serie televisiva la producción de audiolibros y novelas no se frenó en ningún momento, a menudo contando con las voces de los actores televisivos y una consideración casi canónica por parte de los lectores. Merece la pena señalar que entre los autores de las novelas del séptimo Doctor se encontraba Russell T. Davies, cuyo nombre será capital para el futuro del Doctor.

Tampoco hay que olvidar el intento de relanzar la serie, esta vez con una producción externa a la BBC y en colaboración con los Estados Unidos, que tuvo lugar en 1996. Muy olvidada hoy en día, la película – en realidad un piloto – tuvo muy buena acogida en el Reino Unido, pero no más allá del Atlántico. El resultado fue que, una vez la FOX abandonó el barco, la BBC se encontró con que le resultaría más barato producir ella misma una nueva serie en lugar de pagar a la Universal para que continuase con su trabajo. Por eso Paul McGann se ha convertido en un Doctor casi olvidado, aunque por fortuna recientemente haya sido reivindicado con ocasión del 50 aniversario.

Con ese panorama, el 40 aniversario de la serie, allá por 2003, solamente nos trajo de la mano de la BBCi – la sección de medios interactivos de la BBC – la producción de un serial animado, Scream of the Shalka, con Richard E. Grant dando voz al Doctor. Es curioso que el sucesor de McGann fuese originalmente el mismo actor que había debutado en la gran pantalla a su lado en la mítica Withnail & I. La BBCi, en un ataque de entusiasmo, llegó a decir que Richard E. Grant era el noveno Doctor de manera oficial. Pronto se probaría que no era así.

El presente: La segunda edad de oro del Doctor

La figura central para entender la vuelta de Doctor Who a la BBC es la del ya mencionado Russell T. Davies. El guionista y productor galés siempre fue un fan del Doctor, y su novela Damaged Goods ya había dado alguna pista de por donde iría su trabajo en la serie. Además cuando la BBC decidió dar el visto bueno a una nueva temporada de Doctor Who era ya uno de los guionistas más famosos de las islas, sobre todo gracias al gran éxito de Queer as Folk.

Noveno Doctor

Russel T. Davies dio forma a una nueva encarnación del Doctor, más moderna que la anterior y basada en una serie de premisas que han ido calando en el espectador actual, pero que no por ello dejan de ser bastante arriesgadas. La primera fue que, pese a mantener la continuidad anterior, los Señores del Tiempo dejarían de aparecer en la serie. Y es que para el espectador moderno el Doctor es siempre el último de los suyos, una reliquia de un tiempo anterior, poco menos que un mito andante, pero esto no fue siempre así. La decisión de Davies vino motivada en gran parte, debemos suponer, por un intento consciente de simplificar la trama para poder atraer a nuevos espectadores. Si esa era la idea, ciertamente dio en el clavo.

No menos polémica puede considerarse su conversión de las relaciones entre el Doctor y sus compañeras – en el canon de Davies no parece haber lugar para un compañero masculino- en una suerte de relación romántica, que alcanzará su punto álgido en el final de la segunda temporada con el personaje interpretado por Billie Piper. A pesar de que la química entre los actores siempre funciona, y de que el público reaccionó con agrado a la historia de amor planetada, lo cierto es que el asunto termino cayendo en una suerte de lugar común que parecía enquistarse en la trama, sin ninguna resolución que pareciese realmente satisfactoria.

Para terminar, en la que curiosamente fue la decisión más polémica de todos, la nueva temporada de Doctor Who se denominó por parte de la cadena como la serie 1, dejando de lado la numeración clásica. A pesar de que esta decisión aparente ser una cuestión organizativa más que otra cosa, y que seguramente fuese auspiciada por los ejecutivos de la BBC y no por el equipo creativo, lo cierto es que ayuda a poner en perspectiva la nueva producción. Así no nos puede caber ninguna duda de que Doctor Who vuelve a empezar, de que habla especialmente a los nuevos espectadores y no solamente a los que ya conocían la serie clásica.

El éxito de la propuesta de Russell T. Davies fue inmediato, tanto crítico como de público. Su etapa al mando de la serie duraría 5 años, en los cuales contó con 4 temporadas al uso y una serie de especiales para cerrar su ciclo. De su mano muchos conocieron por primera vez al Doctor, que además empezó a tener cierta presencia en los Estados Unidos. Curiosamente el abandono de la serie por parte de Christopher Eccleston, primer Doctor de la etapa Davies, terminó siendo un punto a favor de la misma en las audiencias al ser su sucesor un más desconocido David Tennant, convertido de la noche a la mañana en todo un ídolo de la televisión británica.

Doctor WhoPara cuando Davies decidió abandonar la serie, de la mano de David Tennant, la difícil tarea de llevar Doctor Who más allá acabó en manos del escritor que más premios haya conseguido nunca gracias a su trabajo en la serie: el escocés Steven Moffat. Este, al igual que había pasado con su antecesor en el cargo, era ya muy conocido entre los fans del Doctor antes de la nueva serie. No en vano había sido el guionista de un muy celebrado especial cómico llamado Doctor Who and the Curse of Fatal Death allá en 1999, y ya en 1996 había escrito una historia del personaje para una antología llamada Decalog 3: Consequences. En el mundo televisivo británico tenía, además, una merecida fama gracias a producciones como Press Gang, Joking Apart o, sobre todo, Coupling.

El primer Doctor de Moffat sería el actor Matt Smith, que a sus 26 años se convertía en el más joven que nunca interpretase al Señor del Tiempo. De la mano de Smith y sus nuevos compañeros Moffat nos trae a un nuevo Doctor, más cercano al de la serie clásica, sobre todo al interpretado por Peter Davison. Nuestro nuevo protagonista es más alocado e imprevisible que los anteriores, además de vivir aventuras más cercanas a la ciencia ficción clásica en lugar de encontrarse tan atado al presente como en la etapa de Davies.

Es en este momento cuando la fama de Doctor Who atraviesa finalmente el Atlántico como un huracán y tanto Matt Smith como Karen Gillian – que interpreta a su compañera Amy Pond – se convierten en figuras mediáticas en los Estados Unidos. La serie sigue sufriendo de una periodicidad extraña en ocasiones, pero también mantiene la calidad en los guiones y va construyendo una nueva mitología que, ahora si, llega a todos los nuevos espectadores de manera casi inmediata.

El futuro: El día del Doctor y lo desconocido

Day of The Doctor

Y así, en la cúspide de la popularidad desde su regreso, el Doctor se enfrenta al más difícil todavía: un 50 aniversario que se ha convertido en un especial que se emitirá en cines por todo el mundo, incluida España, en 3D y que marcará la aparición en la serie de un actor del calibre del mismísimo John Hurt.

Y es que Doctor Who no puede celebrar un aniversario como cualquier otra serie. Así esta misma Navidad abandonará la serie Matt Smith, tras el especial con el que se suele celebrar la festividad desde la vuelta de la serie. Y para anunciarlo la BBC dedicó un programa especial en horario de máxima audiencia para presentarnos a su sucesor, Peter Capaldi. Y es que todo tiene que ser a lo grande cuando eres uno de los mayores iconos de la cultura británica.

Así la influencia de la serie en la producción de las islas parece no tener fin. Sin ir más lejos este mismo año se ha estrenado la tercera entrega de la “trilogía del corneto”, ese proyecto más que difuso capitaneado por Edgar Wright, Simon Pegg y Nick Frost, llamada Bienvenidos al fin del mundo. En la misma, tras pasearse por los zombies en la genial Zombies Party y por las buddy-movies policíacas en Arma fatal, se sumergen en una historia que bien podría considerarse una aventura del Doctor, pero sin la aparición de este.

El resultado, además de hilarante, es muy ilustrativo de por qué los británicos, y con ellos el resto del mundo, adoran al Doctor. Cuando algo amenaza a nuestro estilo de vida, cuando lo extraño aparece entre los pliegues de nuestra cómoda realidad, no hay nadie mejor que un Señor del Tiempo con una sonrisa y un destornillador sónico para que todo se solucione. Sin él nos encontraríamos atrapados con nosotros mismos, y eso no auguraría ninguna cosa buena. Y es que ya lo dijo Steven Spielberg, el mundo sería un lugar mucho peor sin Doctor Who.

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