Marcos García Guerrero

En la rula. Hércules 0, Sporting 1

07/12/2013 Alicante.- Hercules - Sporting de Gijon. / Foto: J.P.REINA

Fotografía de El Comercio

La cosa va en serio: gol de estrategia, segunda victoria consecutiva fuera de casa, terceros en la clasificación a tres puntos del ascenso directo, segundo equipo más goleador de la categoría y el que menos derrotados ha sufrido. La de mi madre. Que vale, que sí, que no jugamos un pijo, pero si nos ponemos sibaritas, cuesta recordar cuándo hemos jugado a algo. Desde Ciriaco Cano. Igual.

El Sporting de ayer en Alicante, como el de toda la temporada, fue esa estrella fugaz que explota cuando entra en contacto con la atmósfera y ciega al rival con la luz de su estallido, hasta que poco a poco va desapareciendo, dejando en el aire apenas un eco de su juego. Cuesta mucho ganar un partido en Segunda División, y más aún fuera de casa, pero para encarrilarlo a este Sporting le sobra con unos entonados veinte minutos como los iniciales de ayer, en los que marcó cuando el Hércules aún estaba saltando al campo, y en los que en varias ocasiones pudo rematarlo definitivamente. Luego la nada. O mejor dicho: la supervivencia.

Porque las pasó canutas el Sporting para aguantar el empuje del Hércules, que, recuperado del apretón inicial rojiblanco, se hizo dueño del balón, lo que normalmente suele traducirse en sufrimiento para nuestro medio campo. Hasta tres dibujos diferentes registró la anguila de Sandoval ayer sobre el campo (del 3-4-3 inicial a un transitorio 4-4-2 y un alambicado 4-1-4-1 final), demostrando una fluidez táctica que la mayoría tachará de indecisión, pero que, si la protagonizara un técnico iluminado como Mourinho, sería elevada a categoría de genialidad estratégica napoleónica. Cuestión, como casi siempre, de perspectivas.

Y la cosa salió bien, una vez más. Hay que olvidarse ya de quimeras e ilusiones. Porque este año hemos jugado partidos como nunca, y los hemos perdido como siempre, por no hablar de todos los puntos escatimados por los abyectos arbitrajes padecidos en encuentros que objetivamente deberíamos haber ganado. A nadie le amarga un dulce, pero hay que empezar a pensar que subir se logra así, marcando goles y echando el candado. Sobreviviendo. Habrá quien sueñe con el jogo bonito (yo el primero), la manzana mecánica y la de Dios, pero ni con Preciado se subió con un Sporting imperial, ni hace unos meses dábamos un cagarro por un equipo que, intervenido por poderes superiores, vendía jugadores a precio de saldo para que nos nos cerraran el chiringo.

Los más vieyos del lugar, y los entendidos, dirán que jugando así no vamos a ningún lado. Ok, aceptamos pulpo. Todos querríamos ser el Bayern de Múnich y que Sandoval mease colonia. Pero llevamos diecisiete jornadas con la misma cantinela, y el equipo suma tantos puntos como los que llevaba a la misma altura de la temporada del último ascenso. Ahí queda eso. Y ya se sabe, «en la rula no pregunten, apunten».

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