Tim Girven

Francisco Tario, el «arquero literario»

Tim Girven, desde México, traza un retrato futbolístico-literario de Francisco Peláez Vega, de sobrenombre Francisco Tario, misterioso y secretamente venerado escritor (de orígenes familiares asturianos) cuya obra se está empezando a redescubrir en España gracias la reedición de su colección de relatos La noche (Atalanta).

Tim Girven y Jethro Soutar están lanzando un proyecto de crowfunding para publicar The football crónicas, una colección de quince relatos de temática futbolística escritos por autores latinoamericanos con el objetivo de darlos a conocer entre el público anglosajón.

Francisco Tario en 1940

Francisco Tario en 1940

Siempre que en una conversación se habla de literatura y fútbol, es recurrente citar a Albert Camus y su época de portero en el equipo junior del Racing Universitaire de Argel en los años treinta. Pero en aquella misma década América latina tuvo a su propio «arquero literario». Según  Alberto Manguel, nada menos que Gabriel García Márquez consideraba que aquel escritor había producido «una de las mejores historias cortas del siglo XX», La noche de Margaret Rose, una de las historias que forman parte de la colección La noche, donde «lo imposible cohabita con la rutina, lo trágico se vuelve agriamente cómico y lo absurdo, irremediablemente lógico».

Nacido en México, D. F., en 1911, aquella figura era conocida en el césped como Paco Peláez. Siempre llevaba una boina (más parecida a las de Pablo Neruda que a las actuales gorras tipo béisbol) y un jersey de cuello alto, lo que le valió los apodos de el Elegante y Peláez el Adonis.

Tario 1Durante su juventud, jugó en el Asturias, F. C., de México, D. F., un club formado por emigrantes asturianos en México y que en 1920, con el escocés Gerald Brown como director técnico, ganó su primer trofeo, la Copa Covadonga. Posteriormente, el club se convertiría en el primer campeón del fútbol mexicano de la era profesional (en 1943-1944), y conserva hasta la actualidad el récord de haber conquistado todas las competiciones del país (ocho). La carrera de Peláez, sin embargo, se vio truncada cuando los tacos de Juan el Trompo Carreño* le produjeron una lesión permanente en los riñones.

El mismo año en que el Asturias, F. C. ganó la Liga mexicana, un hasta la fecha desconocido autor, Francisco Tario, publicaba dos obras: La noche y Aquí abajo. Tres años más tarde llegaría La puerta en el muro y un inclasificable libro de aforismos que muchos consideran único en la literatura latinoamericana, llamado Equinoccio, que el autor mexicano Mario González Suárez describió como «un manual de maldad esencial para nuestra salud mental». A principios de los años cincuenta llegó una segunda tanda de obras: Breve diario de un amor perdido y Acapulco en el sueño (con fotografías de la renombrada Lola Álvarez Bravo), ambos de 1951, y al año siguiente Tapioca Inn: mansión para fantasmas. Pero, a pesar de la amistad con Octavio Paz y otras grandes figuras literarias, la inclasificable naturaleza de su obra le mantuvo firmemente alejado de cualquier corriente o grupo literario del momento. Su obra podría describirse (aunque parcialmente) como «fantástica», y lo cierto es que podríamos imaginar que los suyos son el tipo de libros que leería alguien como Leonora Carrington o Remedios Varo.

Luis Miguel Dominguín, Carmen Farell y Francisco Tario en Acapulco, en 1950

Luis Miguel Dominguín, Carmen Farrel y Francisco Tario en Acapulco, en 1950

Con la muerte de su esposa, Carmen Farrel (con la que tuvo dos hijos), en 1967, abandonó México y se instaló en Madrid. Al año se publicaría su última obra en vida, la melancólica obra maestra Una violeta de más.

Hasta su muerte en 1977, se hizo evidente que Tario no había dejado de escribir: unas extrañas obras dramáticas, incluidas en un volumen publicado como El caballo asesinado, vieron la luz en 1988; y en 1993 se publicó otra novela, Jardín secreto. Estas obras póstumas se hallaron en un gigantesco mueble de madera de estilo barroco (con frontispicio barroco y laterales en estilo colonial) que Tario había comprado décadas atrás en una iglesia.

La víspera del centenario de su nacimiento se publicó una historia para niños escrita para sus hijos. Como corresponde a un «arquero literario», se llamó Dos guantes negros.

P. S.: Dos guantes negros y las únicas diez páginas supervivientes de la obra Diario de un guardameta (1931) han sido publicados recientemente en La desconocida del mar y otros textos recuperados (Ficticia Editorial, México, 2013).

* Carreño, delantero durante casi toda su Carrera del Club de Fútbol Atlante, se haría famoso al marcar el primer gol para México en unos Juegos Olímpicos (los de 1928) y en un Mundial (el de 1930).

(Traducción del inglés de Pablo García Guerrero)

Algunos aforismos de Equinoccio

Sentir miedo — llenarse de humo por dentro.
El pornográfico espectáculo de una persona que nunca ríe a tiempo.
No soy hombre de consejos, pero quisiera advertirte una cosa: Mira pasar las nubes, bajar las golondrinas, saltar la espuma en las rocas; mira llover, levantarse la arena con el viento; mira, mira muy bien a una mujer desnuda. Es lo más saludable.
Pero la revolución seria, necesaria, definitiva, vendrá algún día; y será a pedradas, puñetazos y mordiscos — no se sabe aún contra quién.
Mujeres todas que os desnudásteis algún día ante mí: ¡nunca sabréis cuánto, cuánto os lo agradezco!

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