Víctor Muiña Fano

Una nueva singladura: Gijón Mariners 11 – 0 Coyotes Santurzi

Imagen 020Reencuentro. Esa sería la palabra que mejor podría definir el partido disputado el pasado sábado en el complejo deportivo de las Mestas. Y es que había demasiadas cosas que, tras más de medio año de espera, se echaban de menos: el paseín hasta el campo, la rifa del descanso y, sobre todo, el sabor de la victoria. Muchos aficionados afrontábamos el partido inaugural como quien se dispone a ver el primer episodio de la nueva temporada de su serie favorita, tras lograr por fin olvidar el amargo final de la anterior. Todos los presentes, jugadores y aficionados, queríamos recuperar sensaciones.

El reencuentro con los viejos conocidos empezó en los prolegómenos: sigue agradeciéndose enormemente comprar las entradas a personas sonrientes que quieren que entres al campo a conocer su deporte. Ante tanto entusiasmo uno se viene arriba y cuando se quiere dar cuenta está rellenando el papel para hacerse socio y echando cuentas de cuánto se va a ahorrar la próxima vez que vaya al acuario. En cualquier caso, las principales ventajas del regreso a las Mestas fueron de tipo espiritual. Al fin y al cabo, subir las escaleras, observar al resto del público y pensar “este año ya no soy un rookie; este año soy yo el que me sé las reglas y, alguno de vosotros, aún no sé cuál, el que me va a tener que preguntar a mí”, es algo que no tiene precio.

Y con esa alegría tomas asiento mientras correspondes las sonrisas de los canteranos que controlan el acceso y te preparas para ver el arranque del equipo en una liga que estrena una denominación, Serie B, que cualquier buen aficionado al deporte asocia rápidamente con esos patatales italianos donde se practica profusamente el antifútbol. Además, resulta que el patatal ya lo tenemos: menos mal que el equipo ha llegado más en forma que el césped de las Mestas al inicio liguero.

Imagen 027Hubo reencuentro, también, con el equipo, que presenta de nuevo las mismas credenciales que el año pasado para alcanzar el objetivo del ascenso: fiabilidad y concentración. Virtudes capitales de este juego en el que no sirve hacer algo muy bien y descuidar otras facetas: aquí, para atacar es importante que la defensa haya cedido pocas yardas y, para defender, es importante que el equipo ofensivo se haya quedado lo más cerca posible de la endzone. Teniendo esto bien presente, los Mariners fueron navegando por un partido muy trabado, como todos los que enfrentan a los gijoneses con los correosos Coyotes. En el apartado de novedades tácticas locales, destacaron la incorporación del juego de pase corto al repertorio ofensivo y la triste desaparición de los jeroglíficos con los que se marcaban jugadas. Coach, reflexione y piense si no siguen siendo útiles, aunque sea para despistar. De todos modos, a medida que el partido iba avanzando, los gijoneses fueron regresando progresivamente a su esencia: una tenaz defensa y buenas carreras por parte de sus corredores. De hecho, otro reencuentro esperado fue el de Santi López y Raúl Caldero con los touchdowns y las conversiones. Fueron ellos quienes hicieron subir los puntos al marcador local mientras en la grada, que este año se nos va a quedar pequeña, los novatos hacían las preguntas de rigor:

– ¿Por qué cuando a un jugador se le escapa la pelota, todos los demás se tiran sobre ella y se niegan a levantarse?

– Mire usted, aquí no tenemos instant replay y, a efectos prácticos, el que salga de ahí dentro caminando por su propio pie y con el balón en la mano, se lo queda.

– ¿Y por qué cuando un equipo patea para alejar el oval todos los jugadores van corriendo a por él pero nadie se anima a cogerlo hasta que deja de botar?

– Esa me la sé, lo que pasa es que no sé explicársela. Es así y punto.

– ¿Y esos pañuelos amarillos?

– A eso vaya acostumbrándose, porque los va a ver muy a menudo. Usted relájese, no se haga demasiadas preguntas y ya irá aprendiendo poco a poco.

Y así, mientras nos entreteníamos transmitiendo los conocimientos que otros nos habían enseñado a nosotros la temporada pasada, fue acabándose el primer partido y empezando una Serie B que arrancó cumpliendo su cometido, que es, precisamente, entretener y dar espectáculo. Y como todo buen espectáculo merece un aplauso final, apréndase también la última regla del football: en este deporte, tanto los jugadores locales como los visitantes agradecen al público su presencia al término del encuentro, saludándolo respetuosamente. Si no conocía usted esta costumbre y se perdió ese bello momento, quédese a presenciar el ritual la próxima vez. No hay mejor manera de agradecer el esfuerzo de los jugadores que correspondiendo a sus aplausos.

Fotografía: Mayte Cueli

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