Marcos García Guerrero

La Liga que viene. Tenerife 0, Sporting 0

Scepovic Tenerife

Fotografía de El Comercio

No existen reglas ni verdades inmutables en el fútbol. Se esperaba el partido del siglo el sábado en el Calderón entre los dos líderes de Primera, y lo que hubo fue un choque sin apenas ocasiones pero que, analizado bajo el prisma de los especialistas, fue considerado como la quintaesencia de la igualdad estratégica, por más que no pasase de truñaco inmundo a ojos del simple aficionado. Paradógicamente, el encuentro de ayer en el Heliodoro Rodríguez entre el Tenerife y el Sporting sí que fue un partido de los buenos para los futboleros, aunque los gurús balompédicos convulsionaran analizándolo: ocasiones, idas y vueltas, balones al palo, expulsiones, tensión…, en definitiva, fútbol. En ambos casos, el resultado fue el mismo: empate a cero.

Pero hay muchos caminos diferentes para llegar a un mismo lugar, y si las tablas entre los líderes de Primera se obtuvieron a base de anularse mutuamente, de jugar para que el otro no jugase, las de Tenerife se fundamentaron en el libre albedrío tan propio de la división de plata y del Sporting, ese caos controlado que este año tan buenos resultado le ha dado a los rojiblancos pero que, con la munición serbia apagada, demostró ayer no ser la táctica más aconsejable para afrontar la segunda vuelta con la tranquilidad que un aspirante serio al ascenso debería.

El Sporting post Santos Pargaña, mutilado como un superviviente de un campo de minas, se presentó en Tenerife con Mandi de nuevo en el eje de la zaga sustituyendo a Iván Hernández, y con un sorprendente Álex Serrano ocupando el inmenso hueco que siempre deja Cases en el medio. Cuesta entender, con Lora en el banquillo, y pese a la correcta actuación del canterano, la decisión de Sandoval, motivada sin duda por razones que se nos escapan a los que no conocemos el día a día del trabajo en Mareo. Y volvemos a lo mismo: el fútbol no es una ciencia. Afortunadamente.

Y como no existen reglas ni verdades inmutables, lo que venía siendo costumbre este año en el Sporting, es decir, pegada arriba y tembleque abajo, invirtió sus tornas esta jornada. Los gijoneses salieron vivos milagrosamente de un partido loco gracias a dejar  su portería a cero (por mérito absoluto de un inmenso Pichu Cuéllar, no por una mejora de la defensa, que sin Hernández se volvió aún más impredecible de lo que acostumbra), y fallaron demasiado delante, donde no suelen, recordándonos que Scepovic también es humano y que los ascensos no se consiguen sólo con la calidad pura de sus delanteros.

Sporting tenerife

Fotografía de El Comercio

Acabada la primera vuelta, se impone una reflexión, pero aquí no vamos a repetirnos, porque las virtudes y defectos del equipo siguen siendo los de siempre. Sin embargo, algo sí que ha cambiado a estas a alturas en la categoría. La Segunda División, lejos de bipolarizarse como suele la Primera (por más que este año se haya invitado al hermano pobre y pequeño para que juegue un rato con los mayores), se muestra justo en el ecuador de la competición como un torneo igualadísimo en el que tan sólo seis puntos separan a diez equipos. Algo apasionante. Y exigente. Ya es hora de dar un paso hacia adelante. Pifias atrás, vaivenes tácticos, errores arbitrales (ayer otra vez)… Hay que dejar todo eso de lado y estar preparado para la Liga que viene.

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