José Luis Espina Suárez

David Roas y los koalas estrategas

David Roas
El pasado mes de junio, necesitado de inspiración sin saber bien para qué, decidí recorrer los faros del litoral asturiano. Visitar faros es lo más parecido a conocer fantasmas y lo que más se asemeja a los gigantes inventados por Don Quijote. Durante diez días recorrí los trescientos kilómetros que separan los dieciséis faros de Asturias, el primero el de San Emeterio, en la pequeña población de Pimiango, el último el de Tapia de Casariego, encaramado a un islote que conecta con el municipio a través de un espigón sobre el que reposan las gaviotas con la mirada puesta en el horizonte.
A la vuelta del viaje supe que la Editorial Candaya estaba a punto de publicar La estrategia del koala, último trabajo de David Roas de cuyos entresijos no tuve noticia hasta casi el mismo día de su lanzamiento: faros gallegos, pulpo, orujo, meigas, orvallo y acantilados con el Atlántico de fondo. Demasiadas afinidades para quien, como yo, tiene en el norte un referente de nostalgias ñoñas a las que placenteramente me he ido abandonando sin ningún complejo.
A David Roas lo he leído y escuchado, he presentado alguno de sus libros y hasta he tenido el honor de que presentase los míos, pero que un autor al que conoces, experto en literatura fantástica y cuya reconocida obra de ficción transcurre por la procelosa senda de la narrativa breve, irrumpa con una novela, no deja de ser un segundo motivo de curiosidad que unido a todo lo demás invita a recibir el libro con los brazos abiertos.
La estrategia del Koala arranca en la cubierta del libro, donde el título es en sí mismo una declaración de intenciones, algo así como un corolario a quemarropa con el que el autor se posiciona frente al conservadurismo,  la falta de iniciativa y  esa malsana adaptación social que no solo no aporta ninguna mejora a quien la practica, sino que conlleva una involución para la especie. La adaptación del koala a su entorno degradado le sirve a David Roas como metáfora para ilustrar la resignación humana, su incondicional claudicación.
Sobre la estructura del libro, la resume el propio autor en el último capítulo donde nos cuenta que «un azar en forma de libro me hizo regresar a la tierra de mi madre; otro –encarnado en un entierro- me obligó a volver a Ares; otro me metió en la casa familiar; y otro más me hizo descubrir las fotos y el diario del abuelo».
koalaEn la primera parte Marcos Fontana, indisimulado heterónimo de David Roas, es un autor obligado a escribir sobre los faros gallegos iniciando así un recorrido por la tierra de su madre, un deambular por los paisajes costeros comprendidos entre Estaca de Bares y Fisterra, un escenario cargado de arcanos donde el autor aprovecha para presentarnos un anecdotario de curiosidades, emociones y recuerdos en compañía de un escarabajo rinoceronte, una de los pocas formas de vida por las que el narrador manifiesta auténtico interés.
La sobrevenida obligación de asistir a un entierro familiar propicia la aparición de uno de los más amargos fantasmas que acostumbran a hostigarnos. La familia forma parte de esa constelación de sentimientos antagónicos y en nuestro protagonista, al amor por el paisaje y la gastronomía se le contrapone una buena dosis de misantropía y recelo hacia lo humano que sólo se suaviza cuando la convivencia se acompaña de buenas dosis de orujo, pulpo gallego y opíparos chuletones.
Pero donde la línea que separa al autor del narrador se hace más difusa es cuando asoma la figura del abuelo. El abuelo fascista, el falangista de quien Marcos solo tiene noticias por las escasas referencias maternas, cobra forma gracias al descubrimiento de unas fotografías que le servirán para elaborar el retrato de la sombra que le persigue. La figura del abuelo franquista es en su caso ese cromosoma anómalo que de una manera u otra a todos nos sonroja, es esa inevitable imperfección a la que estamos obligados a resignarnos porque nada podemos hacer.
Ni la La estrategia del koala es una novela convencional, ni está pensada simplemente como relato lúdico para amable entretenimiento del lector. David Roas nos introduce en una historia muy bien articulada en la que partiendo de un formato próximo al de la literatura de viajes, condimentado con anécdotas hilarantes y surrealistas en ese trasiego por la Galicia materna, nos va acercando hábilmente al terreno de los sentimientos. Para ello, para que ese ejercicio de introspección no se nos pase desapercibido, ese alter ego bautizado como Marcos Fontana se detiene en Ares, donde los recuerdos acumulados en una caja de latón le permiten reconstruir la figura del abuelo fascista, un ejercicio de exorcismo, una forma de conjuro contra esos fantasmas familiares que acostumbran a sobrevolar nuestras cabezas.

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