Javier Otero

Morrissey: memorias de orgullo y rechazo

Pues Morrissey ha escrito el libro. El libro ese que decía que iba a escribir. A los que seguimos con atención el culebrón del Moz desde hace años ya nos parecía que todo se trataba de otra de sus bromas, pero no. Lo ha hecho. Después de marearnos a todos con declaraciones al respecto, con que si sí, con que si no, al final lo ha escrito. Morrissey. Autobiography (Penguin Classics, 2013), 457 paginazas henchidas de delirios de grandeza, humor autoflagelante, rabia sin contener y poesía norteña.

autobiografía¿Y qué ha hecho exactamente? Pues lo que le ha dado la gana, que es lo que siempre ha hecho Moz desde que Moz es Moz. Su mera edición ya vino cargada de polémica al aparecer el libro directamente publicado en la colección Classics de la prestigiosa editorial británica Penguin, quienes, de este modo, colocaban automáticamente a un autor primerizo en el mismo estante que Shakespeare, Homero, Hans Christian Andersen, Samuel Beckett o Aristóteles (por citar a unos pocos). La prensa inglesa (tan comedida ella) y parte de la audiencia pusieron el grito en el cielo mientras yo me caía de la silla de nuevo, con la que parece ser ya la coña definitiva de este maestro de la manipulación.

A aquellos que se asomen a Autobiography con la mirada del fan acérrimo (cuéntenme entre ellos, gracias) el libro les va a dar una de cal y otra de arena (para variar), pero será sin duda una lectura fascinante en su mayor parte. A aquellos que lo hagan por mera curiosidad, habrá partes que les aburrirán hasta lo indecible y otras que tal vez satisfagan sus ansias de fisgar. Y si eres de los que odias al fulano, bueno, no lo leas; si lo haces, lo odiarás mil veces más y es casi seguro que te provoque algún tipo de sarpullido o algo así.

Salvaje Manchester

La primera parte del libro, la que relata su niñez y juventud antes de formar The Smiths, es sin duda la más interesante y reveladora, y también la mejor escrita. El desprecio sin miramientos hacia la ciudad de Manchester y sus circunstancias en aquellos años sesenta y setenta es palpable y sin excusas. Morrissey retrata una ciudad embrutezida, salvaje en su oscuridad y sordidez, donde no existe rincón para la poesía, la bondad, el romanticismo, ni nada que se le parezca. Sus calles son una amenaza constante, las noches son alucinaciones abominables. No existen los amigos, nadie en quien confiar, y aventurarse en sus parques y callejones es tener la seguridad de volver a casa magullado, o no volver. Las escuelas mancunianas son cárceles regidas por monstruos autoritarios y sádicos. Todo en aquel Manchester toma forma de pesadilla. Una ratonera inmunda.

Pero Moz encontró su trampilla de salida: la música, la televisión y la lectura. Allí se refugiará nuestro hombre, y del escapismo más brutal nacerá lo que hoy conocemos como Morrissey; allí empezó a fraguarse la muerte de Steven Patrick.

Un joven Morrissey

Un joven Morrissey

Nos encontramos en estas páginas entonces con un sinfín de menciones a actores de series y películas británicas de los que yo personalmente sabía bien poco (excepto por alguna referencia hecha por el propio Morrissey en entrevistas o canciones) y a cantantes de pop que le hacían soñar con una realidad más glamurosa. Se nos explaya el Moz en explicarnos el porqué de los peinados de una retahíla de personajes de la época que parece no tener fin. A muchos esto les hastiará sin duda. A mí, sin embargo, me pareció de una candidez preciosa, porque nos muestra lo que orgullosamente Morrissey nos lleva contando desde el principio de los días: que él es, realmente, el verdadero fan.

Esta parte del libro se lee como una letra de The Smiths de unas 140 páginas (y qué placer resulta esto, amigos). Es simplemente fantástica; el lenguaje es rico, el tono es mordaz, sin piedad alguna, las imágenes son vivaces, se palpa la angustia y de vez en cuando no puedes más que esbozar una sonrisa, igual que cuando escuchas (y comprendes) Girl afraid, Girlfriend in a coma o Unhappy birthday.

Resulta interesante apreciar con más detalle y por voz del propio Morrissey cómo comenzaron sus ideales sexuales a originarse en su mente (a través, en parte, de la estruendosa aparición en escena de los magníficos New York Dolls, para los que no repara en halagos; aunque, claro, más tarde todo se acaba yendo al garete con éstos también); y del mismo modo, cómo sus ideas sobre la amistad y la lealtad se afianzaron bien pronto y marcaron su personalidad. Se puede observar que, aun siendo un adolescente confuso, perdido en su ensimismamiento y en su depresión continua, siempre ha tenido una idea muy clara de quién sí y quién no merecía la pena y por qué (generalmente personajes de algún modo extremos y divertidamente peligrosos); y su determinación a ser el mismo a toda costa, aunque el final se presagiara trágico.

Y entonces… los Smiths

Y entonces… Entonces Johnny Marr. Después de marear la perdiz en infructuosos intentos por comenzar una andadura musical, Johnny llama a su puerta y todo cambia de repente. The Smiths se forman y en muy poco tiempo una auténtica revolución musical y estética se pone en marcha.

Resulta fascinante leer las descripciones de nuestro recién estrenado autor sobre su relación con el resto de los miembros de The Smiths, pero sobre todo con Marr. No siempre buenas, claro. Cuando Morrissey cantó allá por el 2004 aquello de My life is a succession of people saying goodbye, no lo cantaba a la ligera. Su relación con el resto del grupo, si bien parece puntuada por momentos de auténtico candor, parece ser que fue más bien un campo minado de incomprensión y rechazo.

Formaión de los Smiths

Formación de los Smiths: de izquierda a derecha, Andy Rourke, Johnny Marr, Morrissey y Mike Joyce

Que un grupo como The Smiths trabajara al nivel al que trabajó y diera tales resultados, en un periodo de tiempo tan corto (cinco años escasísimos), siendo la relación entre sus miembros tan volátil y sumamente extraña por momentos, es una de esas cosas que no se pueden explicar fácilmente. Pero Moz lo hace aquí y es cuestión de si te lo crees o no. Si todo lo que dice es verdad…, ¡ay!, ¡pobre Morrissey!, que tuvo que aguantar la indiferencia, la incomprensión, el rechazo y, finalmente, el odio de unos tipos sin más talento que el meramente instrumental. Exceptuando a Johnny, claro, para el cual salva alguna que otra bella palabra y al cual también entierra en reproches incontables.

Steven Patrick Morrissey "Wilde"

Steven Patrick Morrissey “Wilde”

Mención especial merece la relación de Morrissey, en particular, y de The Smiths, en general, con su sello, Rough Trade, y con su cabeza visible, Geoff Travis. Tremendamente triste. De nuevo, si uno confía plenamente en las palabras de nuestro protagonista, aquello tuvo que ser realmente la muerte a caballo. Mr. Travis queda reflejado aquí como un ser mezquino, carente de gusto y retorcidamente desagradecido. Que Morrissey tiene bilis para todos no es ningún secreto, pero aquí se nos ha quedado a gusto el hombre.

Igualmente ancho se nos queda al relatar el final de aquella preciosa unidad. El final de The Smiths es una imborrable mancha de tristeza en la psique de Morrissey. Y no es para menos. Qué final tan absurdo y qué mal se hicieron las cosas. Qué pena.

Esta parte del libro, la que habla sobre su andadura con The Smiths, ya carece de la poesía y el arrebato de la primera parte. Es más bien una colección de reproches, escupitajos a la cara, maldiciones en alto y autocríticas a su propia música, unas veces muy buenas y otras no tanto. De alguna forma me recuerda a ratos al De profundis de su amado (y qué menos) Oscar Wilde. Y entones, una vez enterrado en una fosa poco profunda el cadáver de The Smiths, nos adentramos en el accidentado camino de la carrera en solitario.

Moz solo

Todo parece precipitarse al comienzo de esta época para nuestro Moz. Todo resulta confuso, complicado y doloroso. Pero, ¡ah!, el dulce sabor de la venganza a través de su éxito también se paladea. A partir de aquí lo que se nos cuenta es cómo, cuándo y dónde se grabaron éstos y aquellos discos. Las salidas y entradas de músicos, productores, sellos, amigos, managers y abogados en el reducido círculo mozzer. Los abruptos e incesantes tours. Su relación con el público. Qué bonito habla de esa legión de fans latinos (mexicanos en particular) que salvó su fe por la humanidad justo en el momento preciso y que merece en sí un estudio detallado, por lo bizarro y hermoso de su existencia. De nuevo, si no eres un fan de Morrissey (con lo que eso conlleva), parte de todo esto te va a poner de los nervios. Si lo eres, lo disfrutarás por lo que vale. A mí prestóme.

También es esta porción del libro la que abunda en anécdotas más del tipo showbiz: encuentros (y más a menudo desencuentros) con figuras tan dispares como su admirado (y más tarde defenestrado) David Bowie, con Prince o con Tom Waits. Pequeños apuntes, sin más, de lo ridículo y patético que puede llegar a ser el mundillo ése del star system. Y, entre todo ello, voraces ataques a la industria de la carne (los mataderos y eso, no los puticlubs) y una defensa a ultranza de la opción vegetariana. Su amor y respeto por los animales queda más que patente; tanto casi como su (en mayor parte) desprecio por el género humano.

3

¿Morrissey folla?

A los que sientan curiosidad por aquello de «pero ¿Morrissey folla?…» hay que informarles de que, sin mucho aspaviento, nuestro héroe nos dice que sí. Que tardó (bastante) en pillarle el tranquillo a la cosa, pero que follar, folla. E incluso, ¡válgame Dios!, se nos ha enamorado en un par de ocasiones: una vez de un maromo y otra de una maroma. A mí esto, la verdad, siempre me ha traído un poco sin cuidado (aunque reconozco que el misterio que rodea su orientación sexual no hacía más que sumar al enigma de su persona), pero bueno, si eres de los que lo quería saber, pues ahí lo tienes.

Capítulo especialmente duro de leer (por lo hastiante de sus cuarenta o cincuenta páginas) es el que dedica al juicio que enfrentó a Mike Joyce (batería en The Smiths) y Andy Rourke (bajo) contra Johnny Marr y el propio Mozzer. La sección rítmica exigía a la sección creativa una parte de los royalties que produjeron las grabaciones de The Smiths… Y Morrissey y Johnny que nanai. La cosa acabó malamente, bla bla, bla. Si bien a ratos resulta atractivo el escuchar por boca del Moz los entresijos de aquel incidente, son demasiados los detalles y la jerga legal que se despliegan en esas páginas y, sinceramente (sorry Moz), hay veces en que aburre a las piedras.

Hemisferio Morrissey

Yo he disfrutado del libro, y mucho. Especialmente de la primera parte, como digo. Y luego me ha encantado ver cómo Morrissey se refiere a veces a su público (o a cierto sector del mismo) y, por qué no, me ha entretenido toda la mala baba que nos demuestra, así como ese sentido del humor tan suyo que me resulta realmente descacharrante y que ha sido tan mal interpretado o simplemente ignorado por la mayoría.

Para bien o para mal, cumplí mis 16 años en 1991, y fue entonces cuando a través de mi compañero de pupitre en el instituto la obra de este tipo llegó a mis oídos, arrasando con todo. Y se ha quedado conmigo para siempre. Si bien hoy mis gustos han evolucionado hacia terrenos que distan muy mucho del hemisferio Morrissey, su voz, sus letras y su sentido melódico siempre sugieren en mí un lugar familiar y acogedor en el que me encuentro a mis anchas. La voz y el ruido grabados por un compañero en la distancia que aparece de vez en cuando para entretenerme y emocionarme a partes iguales. Decidme, ¿qué más se le puede pedir a un músico?

¡Viva Moz!

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Un pensamiento en “Morrissey: memorias de orgullo y rechazo

  1. Los Smiths también me transportan a épocas adolescentes,(instituto, chicas, primeros discos, futbolines,…), un tiempo entrañable en el que Smiths y otros grupos pusieron su música y sus letras. A veces los pongo y también tienen ese aire familiar, de siempre. Lo grande del grupo y Morrisey es que no han tenido secuelas y no hay escuela Smiths, serán siempre únicos.

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