Marcos García Guerrero

Huelga. Contra el día del club (2). Sporting 0, Recreativo de Huelva 0

Foto de El Comercio

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Hay pocos motivos reales para sentirse orgulloso de ser hincha de un club. Normalmente confundimos la filiación inquebrantable con el orgullo. Un pasado glorioso, un pasado de penurias, jugar como los ángeles, ganar…, nada de eso justifica realmente el sentirse orgulloso por seguir a un equipo, al igual que no hay razones objetivas para sentirse orgulloso por ser guapo, listo, o haber nacido en un determinado sitio. Son hechos todos ellos puramente circunstanciales, carentes de méritos y universales. 

La única realidad es que te haces seguidor de un club de forma ajena a tu voluntad. A la tierna edad en la que se forjan las filiaciones futboleras hay demasiados condicionantes externos como para poder asegurar, una vez adulto, que dicha decisión ha sido objetiva y consensuada. Te has casado con el Sporting, y la única forma de justificarlo cuando tienes un poco de conciencia parece ser la de enarbolar su bandera a la mínima posibilidad y demostrar tu inquebrantable apoyo en la salud y en la enfermedad, en la victoria y en la derrota. Es decir, que más que sentir orgullo por ser de un equipo, lo que exteriorizas es un voto de fidelidad irracional.

Sin embargo, hay veces, pocas, contadísimas, en la que sí se puede legítimamente levantar la barbilla y gritar que eres hincha de un club. Y la mayoría de ellas suelen ocurrir fuera del terreno de juego. Esta semana, sin ir más lejos, una vez confirmado que el Sporting (junto a unos pocos clubes más, en su mayoría del norte -hecho del que seguro que se pueden extrapolar interesantes conclusiones sociológicas-) no apoyaba la obscena carta con la que el fútbol español pedía el indulto para el ex presidente Del Nido, cualquier sportinguista tuvo que, a la fuerza, sentirse más orgulloso de sus colores que en cualquiera de las múltiples (ejem) hazañas acontecidas en los últimos tiempos sobre el césped. Se trataba de un acto de decencia moral, uno de esos que desgraciadamente escasean en un mundo tan turbio y deshonesto como el del fútbol. Y esta vez el club estuvo a la altura.

No obstante, y como con el Sporting nunca se puede escupir muy alto, en la misma semana que para nuestro orgullo la institución se desmarcaba de otras entidades señoras como las dirigidas por Florentinos y Roselles (ese Barça Mes que un Club…), nos obsequiaba de nuevo con un día de “ayuda al club” (WARNING! WARNING! ¡Eufemismo!), que a tenor del ridículo resultado (13000 espectadores) confirma que los aficionados no tragamos con todo. Y para explicarlo no hace falta irse a argumentos manidos y rayanos a la demagogia. Independientemente de crisis y paro, la gente YA AYUDA al club con sus abonos de temporada. Y punto.

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Así que una vez más, y como ya ocurriera contra el Deportivo, se nos jodió una fiesta que sin duda nos merecíamos. Con la defensa del liderazgo en liza, el enfrentamiento directo ante unos de los grandes de la categoría, la agradable mañana del domingo, y con el regusto de la demostración de dignidad pública hecha por el club esta semana, los sportinguistas hubiésemos abarrotado ayer El Molinón y con nuestro entusiasmo, a lo mejor podríamos haber dado ese impulso que le faltó al equipo en un partido tan importante. Quizás podríamos haber conseguido paliar el agujero negro que supone en el medio la ausencia de Cases; puede que hubiéramos podido insuflar el aire que le faltó a la medular ante la axfisiante presión del Recreativo en nuestra salida de balón; y es posible que hubiésemos conseguido dotar de la fe necesaria a la delantera en las ocasiones que tuvo y erró. Quizás. Y quizás no. Nunca lo sabremos. Gracias al club. Porque sentados delante del televisor o de la radio, más que “ayudar” al Sporting como se debe (en el estadio), lo que hicimos muchos fue apoyarlo, acto más simbólico que efectivo. Y los que sí estuvieron en el campo hicieron lo que pudieron.

Personalmente, y habida cuenta del bodrio de partido y de resultado de ayer, de lo que un servidor está orgulloso esta semana es de no haber pagado los 15 euros de “ayuda” al club. Y soy sportinguista. Y a mucha honra.

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