Paula Corroto

Franz-Olivier Giesbert, director de Le Point: «El periodismo está en las sábanas pero yo no hubiera publicado el affaire privado de Hollande»

Olivier Giesbert (Catherine Hélie © Editions Gallimard)

Olivier Giesbert (Catherine Hélie © Éditions Gallimard)

Franz-Olivier Giesbert (Washington, 1949) es desde hace más de una década director del semanario francés Le Point. Es también un periodista bastante conocido en Francia, donde ha presentado varios programas y tertulias políticas. Desde hace algunos años se dedica a la novela. Su último libro es La cocinera de Himmler (Alfaguara), donde hace un trazado de la historia del siglo XX en Europa a partir de un personaje carismático que trabaja para uno de los mayores sanguinarios del nazismo. La promoción de esta novela coincidió esta semana con la publicación del affaire amoroso del presidente François Hollande con la actriz Julie Gayet, una información que se convirtió en un fenómeno mediático y que rompió un tabú en la prensa francesa. En esta entrevista ofrece su punto de vista sobre la noticia y también sobre los cambios que se están sucediendo en el periodismo.

-¿Mejor un personaje indirecto como esta cocinera para narrar atrocidades del siglo XX?

-Bueno, son atrocidades que yo no he conocido ni he vivido. Es verdad que cuando escribes un libro así parece más sencillo. Es un personaje que habita en ti y un día sale. Cuento la historia de alguien que es jovial y con la voluntad de vivir, la pongo en el siglo XX y a ver qué hace. La idea era contar la historia de esta mujer y hacer un himno a la vida. Es un poco sorprendente por el periodo que he elegido, pero quería ponerle buen humor.

-El personaje de Himmler recuerda mucho a la “banalidad del mal”, de Hannah Arendt. Fueron estos personajes los que permitieron que todo ocurriera.

-Siempre me ha apasionado la teoría de Hannah Arendt y al principio mi cocinera tenía que haber sido la de Stalin, pero se fue hacia Himmler porque este personaje me fascina más. Stalin era un psicópata, un enfermo mental, como Hitler, que se escapó de un psiquiátrico. Tienes toda la razón al hablar de eso. Himmler era una persona normal y eso me da más miedo. Te lo puedes cruzar por la calle y ser muy simpático. Para mí, de las personas horribles del nazismo, es de los que más miedo me dan porque a Hitler o Goebbels los ves venir. Himmler tiene algo que es distinto y eso lo hace mucho más interesante, ya que tiene que ver con el mal que podemos hacer nosotros mismos.

-¿Eso es lo que ocurre con los políticos actuales que no definimos como “los malos”, en contraposición a un Le Pen o a los nazis de Amanecer Dorado de Grecia?

-No puedo dar nombres porque no sabemos si será la historia quien nos lo cuente. Desde luego, un Himmler puede estar en cualquier sitio. Y es cierto que, en este sentido, si me hablas de Le Pen es demasiado evidente. Y lo que ocurre en Grecia es muy inquietante. El Frente Nacional me inquieta pero menos que lo está pasando en Grecia. En el FN hay límites que no se pasan. No atenúo su agresividad en el discurso, pero no es lo mismo que el discurso de la extrema derecha griega, que da más miedo. Tenemos pueblos a los que se les saltan los plomos por las dificultades económicas y se empiezan a buscar culpables, a atacar etnias… El FN está más cerca de la xenofobia básica, con una parte muy violenta.

-Algunos creen que en Europa estamos como en el periodo de entreguerras. ¿Lo ve usted así también?

-Creo que el germen está ahí siempre. Cuando hay problemas económicos los pueblos se pueden convertir en peligrosos. Y Europa ha entrado en una fase de declive que se alarga. Pero el motor de la historia ya no está en Europa sino en Brasil, en China… Nosotros nos sentimos un poco desplazados. En Francia hay una corriente nacionalista y xenófoba, incluso en la izquierda, contra los chinos, los alemanes… Estamos buscando responsables. Si vemos la historia reciente lo que ha sido Yugoslvaia después de Tito es algo que sigo sin entender. Muchos idiotas dijeron que aquello estaba bien, pero lo cierto es que muchos se inquietaron porque Tito lo que había hecho era tapar unos nacionalismos exacerbados. Y cuando murió, se cayó esta tapa y comenzó una guerra nacionalista estúpida, porque los nacionalismos siempre son estúpidos. Hay gente que dijo: “Está bien porque éste es el final del comunismo”, pero no, hay que tener en cuenta que la historia siempre puede volver. Y si mañana hay una crisis enorme en Europa, no habremos arreglado todos los problemas. Vivimos en una época en la que la gente tiende a pensar que la historia comienza cuando ellos nacieron y que no van a volver las cosas. Pero sí. ¿Cuántas guerras hemos hecho entre Francia y Alemania? Guerras estúpidas.

-Otros escritores, como Petros Markaris, alertan del creciente odio en Europa. No ya entre Francia y Alemania sino entre norte y sur.

-Lo que hay es incomprensión. El norte va bien y han tomado medidas difíciles, aunque han sufrido también. Alemania ha sufrido lo suyo. En Francia e Italia se han tomado muy pocas medidas y nos estamos hundiendo a velocidades muy rápidas, pero François Hollande ha mostrado valor. En su última rueda de prensa hizo un discurso histórico. Si hace todo lo que ha dicho, entrará en la historia como la persona que ha devuelto el rumbo a Francia. Lo que pasa es que la historia entre norte y sur no ha acabado todavía.

-Hollande anunció recortes enormes para el país y ha sido aplaudido por la derecha. ¿No ha cambiado el rumbo del Partido Socialista francés? Eso ocurrió en España en el 2010 con Zapatero y no le salió muy bien.

-Sí, se ha salido un poco del Partido Socialista. Pero es el presidente de Francia y ha tomado las medidas que pueden relanzar a Francia. Y es posible que vuelva a la izquierda. Y con estas medidas también puede conseguir que la izquierda trabaje más para ganar las elecciones. Es lo que hizo Schroeder con la Agenda 2010, cuando casi gana a Merkel. A lo mejor rompe con el PSF pero no creo que sea una ruptura definitiva. Si el PSF quiere seguir en el poder, necesita a Hollande y Hollande será, seguramente, más popular dentro de dos años si continúa con esta política, porque el país irá a mejor.

-¿Pero no es un fraude para el votante socialista?

-No, porque la derecha tampoco ha hecho eso nunca. Yo creo que son medidas de sentido común. Si Hollande lo hace rápido, en un año conseguirá resultados y la izquierda lo va a considerar como el salvador. Si el país crece, será muy popular. La popularidad de los jefes de Estado se mide por el crecimiento económico. Y lo que hace Hollande no es un giro a la derecha, porque la derecha no ha hecho nada nunca, el presidente simplemente ha hecho la política que le puede ir mejor al país.

-La rueda de prensa donde anunció los recortes fue muy mediática porque hacía un par de días que se había conocido su affaire con la actriz Julie Gayet. ¿Usted ve bien que se publicara esta noticia?

-Personalmente no me gusta. Yo formo parte de la generación de periodistas a los que no les importaba la vida privada de los políticos y que pensaba que había que quedarse en la puerta del dormitorio. Pero hoy el periodismo está también entre las sábanas. Si alguien me hubiera llegado con esta información, yo habría dicho que no. Yo no la habría publicado. Pero cuando ya pasa al campo público es un fenómeno importante, y tampoco voy a tirar la piedra a mis compañeros. Hollande también cometió un error y fue levantarse la visera del casco. Si no lo hubiese hecho, no habría historia, no se sabría que es él. Él se lo ha buscado de alguna manera.

-¿La prensa necesita vender periódicos y por eso aparecen estas noticias incluso en prensa seria?

-No. Yo creo que se ha saltado un tabú. Es una influencia anglosajona que ha sufrido la prensa francesa. El voyeurismo que vemos en la prensa de Gran Bretaña, donde hubo periodistas que pusieron micros a un ministro que tenía una relación y publicaron las conversaciones telefónicas… Eso es ir muy lejos. Nosotros teníamos una cierta reticencia, pero ha habido una evolución en la prensa. Es cierto que hay problemas, pero no creo que haya sido por las ventas, sino que ese tabú se ha acabado. En Estados Unidos no lo han tenido nunca. Ha habido presidentes que han tenido dobles vidas, todo el mundo lo sabía y la prensa no les ha molestado. Quizá lo más importante de ahora es que ya no podemos impedir los smartphones y cualquiera te puede sacar una foto en cualquier situación y subirla a Twitter. La sociedad que tenemos es distinta.

-¿Y a los lectores les interesa este tipo de información?

-Por supuesto. Y no siempre es negativo para el político, porque son escándalos que duran unos días pero luego se olvidan.

-Es decir, en este caso no va a afectar a Hollande en su política.

-No, no creo, porque tampoco ha hecho nada malo. Hace lo que mucha gente hace. No está bien, pero si es feliz y ha encontrado un nuevo amor… No es el fin del mundo. Pero claro, siempre y cuando el país vuelva a crecer. Si eso sucede, le perdonarán. Estados Unidos perdonó a Bill Clinton por cosas mucho peores, ya que él había cometido perjurio. Juró sobre la Biblia que nunca había tenido una relación con Monica Lewinsky. Y sin embargo salió con mejor reconocimiento. Eso son cositas banales.

-¿Ve el futuro del periodismo en digital?

-Sí. Yo no creo en el final del periodismo. He vivido muchas crisis periodísticas. Crisis horribles. Lo que estamos viviendo ahora es una revolución industrial y hay que gestionarla. El problema de las crisis tecnológicas es que cuando son muy rápidas siempre hay muchos muertos. Pero si nos hemos preparado para amortiguar los golpes, se sobrevive. Nosotros en Le Point empezamos a prepararnos hace ocho años y dejamos de contratar a gente para el papel. Sólo contratábamos a periodistas para la web. Y todo el problema que tenemos desde hace años es imaginarnos el modelo de negocio que funcione. Y estamos llegando a ese modelo de negocio. Vemos que en las webs la publicidad aumenta cada vez más. A nosotros por ahora la publicidad en papel nos funciona bien, por lo que el papel no se va a hundir de la noche a la mañana. Pero ha habido otros periódicos que no han sabido prepararse y por eso han muerto. Ahora bien, si vemos lo que ha ocurrido con The New York Times no hay que desesperar. Perdieron mucho dinero desde el 2008, era un pozo sin fondo, pero ya ha conseguido beneficios en el 2013 y ha aumentado su difusión en un 5% gracias al digital. Con lo cual no hay que tener miedo.

-¿Y cuál es el modelo de negocio? ¿La suscripción, el muro de pago?

-Al menos al New York Times le funciona el muro de pago. Y a nosotros también nos gusta. No tiene que ser todo gratuito siempre.

-¿Qué opinión tiene de la aparición de medios digitales con un tratamiento diferenciado de las noticias con respecto a los más tradicionales? ¿Sobrevivirán? ¿Han llegado para quedarse? ¿Es un nuevo periodismo?

-Sí, en Francia hay muchos. Yo creo que el hecho de estar en revolución hace que aparezcan nuevos actores y que otros mueran. Este tipo de webs funcionan bastante bien en Francia. Y algunos ganarán dinero y otros conseguirán incluso reforzarse y tendrán más influencia. Ahora estamos en un periodo de cambio, así que sí que creo en estos nuevos medios. Es un terreno que está totalmente abierto. Lanzar una web hoy es bastante simple, pero sacarle rentabilidad ya es más complicado. Ahora bien, cuando la publicidad tenga la costumbre de ir a los sitios web, sobrevivirán muchos más. Yo creo en el papel, pero el papel será marginal, será identitario. Le Point será mensual, pero tendrá información en digital continua con paywall. El papel tiene un rol más de placer, de buenas fotos…

-¿Y usted cree en la información de las redes sociales?

-No soy un gran fan. No tengo Twitter y soy un poco enemigo de los twitteros franceses porque cometen muchos errores y hay mucho odio. Me encanta verlo, pero no lo practico. Me gusta provocar y lo utilicé en la campaña electoral durante un programa de televisión donde había dos candidatos de la izquierda y un idiota de la derecha. Y me parecía que se decían tonterías. En fin, las redes sociales alimentan el odio y me parecen poco interesantes. Se habla de cosas banales.

-Sí, pero han salido titulares de algunos twitts.

-Sí, en Francia también. Ahí está el caso de Valérie Trierweiler, cuando votó contra Ségolène Royal. Pero yo no twitte porque no es algo que me apetezca. Soy demasiado feliz para decir los horrores que se dicen unos a otros. Una vez puse algo y me contestaron: “Acabad con él”. A mí ese comentario no me importó, pero contraataqué de forma elegante.

-En esta revolución también hay otra víctima: la precarización del periodista.

-Hoy vemos que hay un cambio. El papel no funciona bien y hay periodistas que cobran mucho. El medio que sube paga menos a sus periodistas. Nosotros tenemos a mucha gente en el papel y les estamos “haciendo salir” con acuerdos, porque es gente que gana mucho dinero. El único problema que habrá es que cuando las webs empiecen a ganar dinero, entrarán más periodistas, porque ningún director de periódico se podrá resistir. Hoy es muy duro, pero cómo quieres que un periódico que está perdiendo dinero ahora pague mucho. Si no hay dinero, no se paga. Pero cuando haya dinero, se pagará. Y eso ocurre en todos los oficios, y ocurrirá en este.

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