Carlos Hevia Fernández

Sancristo de las farmacias: rockero, yonqui y español

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«He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial…» (Alleng Ginsberg: Aullido)

A finales de los 60 y principios de los 70, la dictadura da los primeros síntomas de agotamiento. Sus hasta entonces sólidos diques de contención se resquebrajaban como una presa con aluminosis. Cada vez resultaba más difícil para la hipócrita censura cerrar las fronteras y empezaban a entrar al país libros y discos prohibidos. La edición de On the road, de Jack Kerouac, de la editorial mexicana Losada, o el disco de Paco Ibáñez en el Olympia de París alternaban de casa en casa y de mano en mano como reliquias, igual que años antes peregrinaba una talla de Santa Gema Galgani ante la que las familias como Dios manda rezaban unidas el rosario y depositaban unas monedas antes de pasársela a otro vecino. Algunas películas que diez años atrás no hubieran superado la tijera de los censores meapilas, comenzaban a exhibirse en salas de arte y ensayo. Como Helga, un documental de Erich Bender sobre la concepción y el nacimiento, más didáctico que artístico, pero que las masas acudían a ver en procesión simplemente por los desnudos, necesitadas como estaban de salirse de los estrechos margenes biempensantes del nacional catolicismo.

Hasta la muerte del dictador, tan patético y tan idolatrado -basta ver las largas colas que se formaron en Madrid para despedirlo-, las referencias a la droga en la música fueron muy escasas por no decir inexistentes. Curiosamente, antes de la guerra y durante la dictadura de Primo de Rivera si se habían firmado algunos temas, como La cocaína de Pilar Arcos (1927), una cupletista de origen cubano: Busqué placer en el licor / busqué calmar mi cruel dolor / y entre locuras ansiaba / al hombre que tanto amaba / Cuando el placer ya vi marchar / cuando al amor ya vi alejar / fue la cocaína un consuelo / para mi anhelo mejor calmar…

Ya en pleno franquismo se encuentra alguna rara grabación como La droga, de Los Zoom, de 1967,  versión de L.S.D. de los Pretty Things, con una traducción sutil que sorteó a los censores: El sol oscurece / el cielo es un mar /las aves caminan / no pueden volar / el suelo que piso parece cristal…Hay un grupo llamado Los Kifers (de kif o hachís), que grabó un disco de cuatro canciones en 1969.

Antes de los 70, el uso de marihuana se reducía a ex-legionarios y tipos que habían hecho la mili en regulares en Melilla. Poco más. Mediada la década, sin embargo, empezó a extenderse entre la juventud. Concentraciones de jóvenes en festivales de música, como el Canet rock, en 1975, el primer Enrrollamiento rock de Leon, en 1976 y los muchos que siguieron su estela, supusieron un impulso al consumo de cannabis y de ácido, drogas psicodelicas por excelencia.  Pequeños camellos, con su yerba de Angola y sus tripis holandeses hacían el agosto en estas reuniones. Hippies, rockers, modernos, casi cada día surgían nuevas tribus urbanas, gente que se rebelaba contra el statu quo y anhelaba vivir de forma totalmente diferente a la de sus padres.

En León, 1976, tocaron entre otros Nico, la antigua y hermosa componente de Velvet Underground, o Triana, que en su primer disco, El patio, de 1975, habían dedicado un tema pionero en nuestro país al LSD: En el lago: Ayer tarde al lago fui con la intención de conocer algo nuevo / nos reunimos allí y todo comenzó a surgir como un sueño / creo recordar que por la noche el pájaro blanco echó a volar…, de nuevo sin referencias explícitas por aquello de la censura. Triana seguían la estela de fusión rock-flamenco que habían iniciado años atrás Smash, otro grupo sevillano que había grabado varios singles, entre otros unos Tangos de Ketama en 1971.

BustaidLas anfetaminas y otras drogas de farmacia en España se conseguían con facilidad. Sin receta, cualquier chica entradita en carnes podía comprar Still-2, Minilip, Bustaid, Dexedrina. Como cantaban los Stones en Mother’s little helper, aquí también se despachaban grandes cantidades de estimulantes y depresores para ayudar a las amas de casa a subir y bajar. Los optalidones -un analgésico presuntamente inocuo, pero que incluía barbitúricos en su fórmula- no faltaban en ningún botiquín. Sin embargo, tranquilizantes o anfetas no han inspirado temas dignos de recordar, como ocurre con otras sustancias. Por ejemplo, el legendario disco Veneno, LP de mítica portada – la foto de un ladrillo de hachís- de 1977, del grupo homónimo formado por Kiko Veneno y los hermanos Raimundo y Rafael Amador. Con letras y melodías enigmáticas como Los delincuentes: Me quiero asegurar que mi sombrero está bien roto y los rayos pueden entrar en mi cabeza / te quiero conquistar con el suave viento gratis y fresco de mi abanico de cristal…

Fue precisamente en el 77 cuando arrancó la epidemia. Si en 1975 apenas había consumidores de opiáceos, dos años más tarde la heroína era la droga más buscada. Para cuando entraron los 80, el caballo se había convertido en un problema de salud pública al que nadie supo poner remedio. La ilegalización ayudó, ya se sabe que lo prohibido atrae con más ansia.

Pepe Sales (1954-1994) fue un artista polifacético: escritor, pintor y activista cultural, dejó escritas unas Canciones de amor y droga que nunca grabó. Fue Albert Pla quien las rescató como letras de canciones, les puso música y las registró en 2003. Entre ellas  El cristo de las farmacias: San Cristo de las farmacias me le diga al boticario que me de la gasolina o que quite la cruz de ahí arriba…o que quite la cruz de ahí arriba…o Mi camello: Piensa en mí cuando estés limpio / piensa en mí con todo el dinero / piensa en mí cuando estés limpio / Llévame contigo llevame contigo / Oh Dios mío, cómo quiero a mis camellos…

Iconoclastas y provocadores, estos nuevos artistas como Pepe, ya fueran dibujantes de cómic, músicos de rock y jazz, poetas urbanos, hippies, pintores, travestís, libertarios o bohemios, comenzaron a reunirse en nuevos antros de las zonas viejas de las católicas y burguesas ciudades españolas. Empeñados en recuperar una libertad tan añorada por escasa, desenterraron los tabúes de una sociedad enferma de endogamia y disimulo para darles visibilidad. Influenciados por la beat generation y el underground americanos, se gestaron nuevos cómics, como El Rrollo Enmascarado, de 1973, donde despuntaban Nazario y Max, dos de los grandes dibujantes que ha dado el cómic patrio. O el Nasti de Plasti y El Carajillo Vacilón, de 1976, con sobresalientes ilustradores como Mariscal o Ceesepe. Muchos, si no todos estos artistas, experimentaron con estupefacientes. El LSD25 llegaba de Amsterdam en diferentes presentaciones: secantes, pirámides, vulcanos, micropuntos… Ops, que hoy firma como El Roto, publicó en 1977 en Londres unas páginas tituladas Piramidesx  ilustrativas del tema. Otras revistas imprescindibles del tardofranquismo, como Star (1974-1980) o Ajoblanco  aún sufrieron cierres y secuestros. Star fue cerrada tras su número quince durante un año y el primer número tras su reaparición, el dieciséis, también fue secuestrado por escándalo publico. Ajoblanco fue el primer magazine en España que trató temas como las drogas, la antipsiquiatría, el ecologismo o el movimiento gay. Jóvenes poetas como Eduardo Haro Ibars o Leopoldo María Panero se atreven a describir los efectos de los narcóticos en su mente.

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Eduardo Haro Ibars, a la izquierda. Foto de García-Alix

Ideologías que parecían desaparecidas tras cuarenta años de paz fascista, revivían como setas en una plasta de vaca. Un mitin de la CNT en Montjuic el 2 de julio de 1977 reunió a más de cien mil ácratas. Ese mismo mes, se celebraron también en Barcelona las Jornadas Libertarias, ultimo gran congreso mundial anarquista, con 60.000 asistentes. Tras ese estallido de libertad, un banquete de hambrientos que no se saciaban, desembarcó la heroína, ocasionando una guerra en la que nadie se paró a contar las bajas, pero que sin duda fueron muchas y dolorosas. Y demasiado jóvenes para morir.

Sobre el tema del jaco han escrito casi todos los compositores de la época, dejando claro que conocían de primera mano alguna historia de sobredosis o aniquilación. Cantautores, rumberos, rockeros, flamencos, punkies, poperos. Todos con diferentes enfoques y puntos de vista del asunto. Los cantautores se decantaron más por el melodrama. Lacrimógeno a veces, como La madre (1988), de Víctor Manuel: Nada que ver con la común historia / nadie me quiere y todas esas cosas / ella fregaba suelos, nunca se compró ropa / por darle un buen colegio multiplicó las sobras / Cual sería el instante, quien le enseñó estas cosas / cuando probó la muerte y amaneció entre sombras. O premonitorio: Un caballo llamado muerte de Miguel Ríos (1979) : No montes ese caballo / pa pasar de la verdad / mira que su nombre es muerte / y que te enganchará. Es imposible domarlo / desconoce la amistad / es un caballo en la sangre / que te reventará.

Joaquín Sabina intenta no moralizar demasiado. Ya la había mencionado de soslayo en la canción popularizada por Antonio Flores Pongamos que hablo de Madrid de 1980: El sol es una estufa de butano / la vida un metro a punto de partir / hay una jeringuilla en el lavabo / pongamos que hablo de Madrid…Pero es en Princesa (1985) donde más abiertamente describe la vida de una yonki: Entre la cirrosis y la sobredosis / andas siempre muñeca / con tu sucia camisa y en lugar de sonrisa / una especie de mueca… Princesa parece en cualquier caso deudora de Clara, la crónica compuesta en 1981 por Joan Baptista Humet: Achicando penas para navegar / estrellas negras vieron por sus venas / y nadie quiso preguntar. Clara se vio atrapada / abandonó el trabajo, se vino abajo…

Del 85, Frío, canción de Manolo Tena oscura y de difícil interpretación. Una de las más poéticas composiciones en castellano sin caer en tópicos ni folletines: Grito los nombres pero nadie responde / perdí el camino de vuelta al hogar / sé que estoy yendo pero no sé hacia dónde / busco el principio y sólo encuentro el final / Las olas rompen el castillo de arena… También sombrías y veladas son las canciones de Antonio Vega, como Relojes en la oscuridad: Tengo un reloj de treinta horas / se pone en marcha al escribir / cuando se va la noción / y me acerco lentamente a ti / Como un torrente poderoso / mezclado el barro con el cristal / emergen hasta el papel / cobran forma la locura y la paz… o Se dejaba llevar por ti: Temor, alcohol de quemar / pon tus manos a volar / o en tus ojos el terror… Han caído los dos de Radio Futura, también ambigua y tétrica: Antes eran dos barcos sin rumbo / hoy son dos marionetas que van / persiguiendo una luz cegadora / por la línea del tiempo / Han caído los dos en la boca de un dios tenebroso / que sonríe mostrando sus dientes de acero…

(Frío, en versión de Txarrena)

Hay dos vertientes particularmente singulares dentro del panorama artístico hispano: el rock radical vasco y la rumba gitana madrileña, bautizada como el sonido Caño roto. Pero mientras los primeros glosan las virtudes lúdicas y expansivas de las drogas –Boikot (Sexo, drogas y rokanrol), Soziedad Alkohólika (Cervezas y porros), Lendakaris Muertos, (Estamos en esto por las drogas), Segismundo Toxicomano (Las drogas) y mil más- con letras sencillas, riffs guitarreros heavys y unas pretensiones más reivindicativas que musicales, los segundos, los gitanos, pueblo que ha sufrido de primera mano el azote de la heroína, subliman su sufrimiento con canciones sobre la cárcel y la ruina. Los Calis, Heroína: Más chutes no, ni cucharas impregnadas de heroína… Toni el Gitano: Soy un yonki (yo soy un yonki, no puedo negarlo, me gusta la papela y ese polvo blanco…) o Corre por mis venas. Los Chichos, Maldita droga…, etc. Los rumberos se han caracterizado por retratar sus alegrías y penurias y las de sus vecindarios de un modo costumbrista o realista. “Así semos, asín hablamos, asín escribimos.” Por eso, en los 70, antes de que el caballo diezmara a sus jóvenes, cantaban con alegría a su modo de vida: En la chabola o Soy un perro callejero de Los Chunguitos, Quiero ser libre o La cachimba de Los Chichos, La grifa de El Pelos y tantas y tantas.

Dando por sentado que nueve de cada diez autores han hablado de las drogas, desde Loquillo (Chanel, cocaína y Dom Perignon) a Los Planetas (Santos que yo te pinté) pasando por grupos de la Movida como Polanski y el Ardor (Dama blanca) o Estopa (El yonki), dejo para el final los más intrépidos, los que muerden, los que con nos recuerdan que nada es tan obvio ni tan maniqueo como el discurso oficial pretende, ni siquiera la heroína. Desde su atalaya, algunos irreductibles pelean contra la versión oficial, que debería ser siempre la más cuestionada y no la más verosímil, como algunos medios nos quieren hacer creer: Extremoduro o Albert Pla, por ejemplo: de Pla ya comentamos antes sus Cançons d’amor i droga, pero tiene cientos de canciones más o menos claras al respecto. Ciego, de 2008:  Si parece liado, lioso, que lío / pero pilla el concepto / y verás que ya está / sabrás de qué te hablo / ya verás que está claro / que te atiza en los morros y te deja pa’llá / y es que me hace volar / y es que me hace flotar / y voy levitando flotando entre nubes / y a mí qué me importa lo de la gravedad…

Y de Robe Iniesta, cantante y compositor de Extremoduro, qué decir, sus letras se han convertido en himnos drogotas con el paso de los años: Jesucristo García : Por conocer a cuanto se margina / un día me vi metido en la heroína / aún hubo más, menuda pesadilla / crucificado a base de pastillas; Me estoy quitando: Me estoy quitando / me estoy quitando/ pero todavía me pongo / de vez en cuando / de vez en cuando; Pepe Botika (Dónde están mis amigos, 1993): Pepe Botika es un honrado traficante / tomando copas me lo encuentro to’ los días / me cuenta historias de sus años en la cárcel / a veces había suerte y si tenía pasta, salía…

P. D.: No quisiera terminar sin citar los músicos asturianos que arriesgaron. Con distinta calidad y perspectiva unos de otros. Jorge Martínez de Ilegales, socarrón, agresivo y revoltoso, escribió Hola mamoncete (LP Ilegales de 1982): Con su cabeza calva te espera a la entrada del bar / él guarda en su bolsillo todo lo que vas a buscar / Hola mamoncete, ¿qué haces por aquí? / ¿buscas algo que comprar? Y Ella saltó por la ventana (Todos están muertos, 1985): Julio amaba las pastillas / rojas verdes y amarillas / lo encontraron frío / dentro la farmacia.

Hay una especie de balada, grimosa como un puré de guisantes, El yonqui de los Stukas (Hazañas bélicas, 1981): Amigo le dices a quien te quiera escuchar / que pasas de todo, que estás harto / nada hay que esperar / a lomos de blanco caballo gustas viajar…

Por último, algunas líneas del depresivo Nacho Vegas, por ejemplo en Morir y matar (Manifiesto desastre, 2008): Y mezclé en una cuchara el polvo blanco y el marrón / y con la sangre aún resbalando te llamé desde ese hotel / por favor, entiende que algo no funciona en mí muy bien.

P. D. 2: Para informarse y conocer un poco el narcocorrido mexicano, recomiendo el disco Roots of narcocorrido. Y como ejemplo, una canción que narra la vida de un narcotraficante, aunque éste más de televisión que real. Son Los Cuates de Sinaloa, Azul y negro:

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4 pensamientos en “Sancristo de las farmacias: rockero, yonqui y español

  1. Quiero subsanar un error del que me di cuenta tarde, cuando ya habia enviado el articulo. En realidad, El roto y el hortelano no tienen nada que ver, salvo que ambos dibujan. Lo que queria contar es que el roto, tan seguido hoy en el pais -el diario- en aquellos tiempos se dedicaba sobre todo al humor negro negrisimo y firmaba como OPS, en La Codorniz y en Hermano lobo, por ejemplo. Sorry. Y salud.

  2. Chico, una articulo cojonudo pero te faltan algunos nombres fundamentales: Eskorbuto, Cikatriz y, sobre todo, sobre todo, sobre todo…Pepe Risi y Toño Martín de Burning. Pero hombre….eso es sagrado.

  3. Gracias Jorge. Del rock radical vasco hago un aparte donde nombro algunos grupos y digo que hay otros mil mas. Personalmente nunca he sido amante del rock vasco. Mucho ruido y poca calidad, tendrán sus seguidores, pero en mi opinion fue una musica muy concreta de un tiempo y un espacio, a nivel nacional tampoco tuvo tanta fuerza.. No pretendía hacer un ensayo, si no un articulo que no fuera muy largo por lo que dejé fuera adrede grupos de la movida madrileña o del rock laietano. En cuanto a Burning, de los que he sido fan, los vi en directo en los 70 por primera vez, no recuerdo ninguna letra especialmente relacionada con la droga. Si te refieres a que ellos fueran adictos, no es mi negociado, no entro en el morbo ni el cotilleo de si este si, este no, eso lo dejo para la prensa amarilla y documentales como Tu voz entre otras mil…yo soy partidario y firme defensor de la libertad individual de meterse sustancias y ahi no tengo nada que decir ni criticar. Un saludo y gracias por tu comentario.

  4. Pingback: Sancristo de las farmacias: rockero, yonqui y español – el mundo de sir charles

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