Marcos García Guerrero

Vamos en serio. Mallorca 1, Sporting 3

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«Si ganamos hoy, empiezo a creérmelo». «¡Canella selección!». «¿Qué coño hace el Eibar con tantos puntos?». «Tremendo… ¡grande Sporting! ¡Subimos!». Confirmado el triunfo rojiblanco contra el Mallorca, el teléfono echa humo. Ya no se puede frenar la oleada de entusiasmo que los sportingistas veníamos conteniendo desde hace tiempo. Con esta clara victoria fuera de casa ante un rival directo, y teniendo en cuenta la presión añadida que habían supuesto los tres puntos conseguidos por el Depor y el Eibar, el Sporting avisa de que va en serio.

Y lo hace porque los números lo avalan, y el juego, aunque intermitente, acompaña sus estadísticas. Y es que, objetivamente, a estas alturas no hemos visto en la categoría a ningún equipo superior en juego, ni a una plantilla de más calidad. Sigue presente el punto negro de la defensa, pero como ya ha pasado el plazo de reforzarla no merece la pena seguir con el fustigamiento (por más que nos cueste un marcapasos a final de temporada); a fin de cuentas, pese a ser el séptimo equipo más goleado de la categoría, el Sporting también es el que menos partido ha perdido. Así que, tira que libres.

Hay que reconocerle a Sandoval que se ha sabido amoldar a lo que la liga (y la afición y los medios) le iban pidiendo, y lo ha hecho siempre con éxito. Ya sea por habilidad técnica o porque sus estampitas de santones funcionan. Desde luego, el de Humanes ha demostrado una sensibilidad respecto al sentir del entorno, y un acierto en el diagnóstico deportivo, de la que muchos no le creíamos capaz. Los jugadores que han ido entrando en el equipo lo han hecho para mejorarlo (CasesJara, Sergio ÁvarezLuis Hernández…), y las variaciones tácticas, más que surgir por incertidumbres técnicas (que las habrá, claro), han ido respondiendo sobre todo a necesidades reales del equipo. Lo que dice mucho del míster. El mejor ejemplo de todo esto es la sorpresiva y existosa entrada ayer de Carmona por Lekic, y la tan demandada vuelta de Scepovic al centro del ataque. Se demuestra así que el banquillo tiene oídos, y sobre todo, ojos. Y eso es muy bueno. Hay mucha liga por delante, y muchos tipos de encuentros, y harán falta alternativas para aspirar a todo.

No es que ahora vayamos a hacer aquí una loa a Sandoval, entrenador por lo general de reacciones flemáticas en el campo y un histrionismo mediático que no acaba de convencer. Pero al César lo que es del César. Hace unos meses no dábamos un duro por este proyecto, y la única realidad es que desde la primera jornada el Sporting se ha mostrado esperanzadoramente fiable. Y esta confianza crece partido a partido. Al final se conseguirá el ascenso o no, pero ya nadie duda de que se estará en la pomada. Y no nos engañemos, si Sandoval nos devuelve a primera, seremos nosotros los que rezaremos con estampitas de su careto.

La cosa está difícil. Los de arriba empiezan a apretar y el calendario es exigente, pero los aficionados tenemos derecho a emocionarnos soñando incluso con el ascenso directo. Son los profesionales los que deben tener los pies en el suelo. Y mientras sigan así, no podemos dejar de pensar que, esta vez sí, vamos en serio.

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