Paula Corroto

Berna González Harbour: «Los periodistas debemos afianzar la conciencia colectiva de que debemos cobrar por lo que hacemos»

Hace dos veranos, Berna González Harbour, subdirectora de El País, sorprendió con su primera novela negra, Verano en rojo. En ella presentaba a la comisaria María Ruiz y ponía a disposición del lector un caso rayano con la actualidad y las nuevas tecnologías. Ahora regresa con Margen de error, una novela entretenida, también con Ruiz como protagonista, y en la que aparece el tema de la corrupción empresarial con un caso que recuerda a los suicidios de empleados de France Telecom. Con ella hablamos del género negro, de la situación de las mujeres y la igualdad y del periodismo, ahora en una batalla constante entre el viejo mundo predigital y las transformaciones de los modelos de negocio.

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Con Margen de error recuperas a la comisaria María Ruiz y continúas con el género de la novela negra. ¿Tenías planeado una saga con este personaje?

Hay una parte que planeas, pero es la mínima, porque forma parte del trabajo diario y de cómo va la primera novela. Hasta que no lo elaboras todo, no te planteas que hay algo vivo. Y la comisaria estaba muy viva. Posiblemente fue lo que más me costó elaborar. Esa inversión de tiempo, de pasión, me hacía decirme que no podía quedarme ahí. He creado un personaje, varios que se relacionan muy bien entre sí. Por eso quería seguir.

La novela abunda en la actualidad y en un tema que fue noticia hace algunos años: los suicidios de empleados de France Telecom. ¿Por qué querías ahondar en este conflicto de corrupción empresarial y ética?

Sí, quería actualidad. Si los escritores queremos aportar algo a la novela negra, debe ser eso: hacer una foto, un cuadro de lo que nos rodea. Y lo que nos rodea son indignados, desahuciados y empresas en las que no se han cometido abusos, sino delitos. Este caso ha pasado por los tribunales y ha sido condenado por acoso moral. Era el súmum de algo muy representativo en estos tiempos, en el que una empresa con un montón de beneficios acosa a sus empleados para que se vayan en vez de hacerlo al amparo de la ley. Quería mostrar un mundo en el que hay una desigualdad creciente y una disparidad intolerable para los ciudadanos entre la gente inerme, que no tiene las más mínimas herramientas en la mano para enfrentarse a ciertos poderosos que quieren aprovecharse de esta situación.

¿Estos casos aparecen porque estamos en tiempos de crisis? Si hubiéramos estado en una bonanza, quizá nadie hablaría de ello.

Estamos hablando de una multinacional y todos los días se están produciendo ese tipo de abusos. Yo creo que es la tolerancia moral lo que ha cambiado. Posiblemente son casos que siempre han existido. De hecho, este caso empezó en el 2008, cuando aún no había llegado la crisis a Europa prácticamente. Es la tolerancia moral no legal, porque por ahí vemos cómo las empresas siguen encontrando vericuetos para no pagar impuestos como sucede con las tecnológicas, que están esquilmando los negocios tradicionales y sin aportar impuestos a los países europeos en los que trabajan. La tolerancia legal sigue, pero la moral no, y por eso esto ahora es noticia cuando antes no lo era.

Margen de error está ambientada cuando surgió el 15-M. La protagonista parece comprender a los indignados. ¿Ésa es tu posición también? ¿Para qué crees que sirvió? ¿Continúa?

Pinto ese movimiento porque eso es lo que tenemos hoy como telón de fondo, no es protagonista, pero sí es el paisaje de fondo de la trama. Y el escritor tiene que retratar el paisaje que le rodea. A mí no me rodean las bandas de droga de Los Ángeles o la Irlanda de Banville. Yo veo que hay desahucios, indignados, y mi deber es retratarlo. Yo concedo a este movimiento un gran valor. ¿Se ha desvanecido de las calles? Unos sí, otros no… Han abierto el debate necesario que necesitaba este país para mostrar que el viejo traje de la Transición ya nos quedaba pequeño y necesitábamos evolucionar. Y en eso han ganado la batalla a los países tradicionales, que están empezando a asumir debates de este tipo, desde mi punto de vista algo despacio. Sí, creo que algo ha cambiado gracias al 15-M.

Fotografía edición 2014 Berna González Harbour copy Rai RobledoUno de los personajes es Luna, un periodista veterano que tiene que batallar con el periodismo digital. Una guerra que ahora está en las redacciones.

Vivo el periodismo y no podía faltar. El periodismo es el escenario de la batalla entre las viejas herramientas y las nuevas. Luna representa el viejo periodismo en el sentido de que la esencia del periodismo es investigar, hablar con las fuentes, descubrir aquello que los poderosos no quieren contar. Ése es el periodismo viejo y futuro. El periodismo en esencia no ha cambiado. Era irresistible colocarlo en una situación donde  Twitter, Facebook, Whatsapp son herramientas para  acceder a información de forma mucho más rápida, si se sabe utilizar. Es la conjunción de ambos territorios de ese periodismo que es conocimiento de fuentes, de dar lo que no se quiere desvelar, y las nuevas herramientas lo que nos permite hoy el ideal del periodismo. Yo no estoy de acuerdo cuando se dice que el periodismo está en crisis, yo creo que está en una edad dorada gracias a la conjunción de todas estas cosas. Y en la novela me pareció irresistible plantear este contraste que se vive en las redacciones, y bueno, unos se adaptan bien, otros peor… Pero es una batalla que se vive en otras profesiones también, como la policía.

¿Qué se ha perdido y qué se ha ganado con esta incorporación de las herramientas digitales?

Yo creo que no se ha perdido nada, se ha ganado todo. Se han ganado nuevas herramientas, las redes, la inmediatez nos permite acceder más rápido y a más información. En el uso de ellas está el peligro, por eso es clave la esencia del periodista, porque es el que debe saber qué hacer con ellas, pero el periodismo en esencia no cambia. Las herramientas son útiles como tal y aportan y enriquecen y es la persona la que tiene en su mano utilizarlas bien o mal. Perder no hemos perdido, y ganar, todo lo que nos ponen a nuestra disposición.

Pero hay también mucha banalización de titulares con los tweets, los políticos no saben usarlas muy bien…

Ahí está el mal uso. Por eso digo que la herramienta no es lo malo. Y sí, hay políticos que están haciendo un uso malo. Me estoy acordando del caso de Olvido Hormigos. En ese momento empezó a correr por varios medios el vídeo de un acto sexual. Nosotros nos resistíamos a dar eso y nunca dimos el vídeo, hasta que fue el propio PSOE el que salió en defensa de esta mujer en Twitter. Fue Elena Valenciano, y no sé si luego se arrepintió, aunque llegó a borrarse de Twitter…, pero ahí está la reflexión. En el momento en el que la vicesecretaria general de un partido entra en un debate de este tipo ahí ya la prensa seria entramos. Nunca dando el vídeo, pero sí armando un debate sobre si una cuestión privada puede repercutir y hasta dónde se debe entrar o no entrar. Hace pocos días ocurrió lo mismo. Le Figaro dio por la tarde que el Washington Post iba a sacar una fotos de un romance entre Obama y Beyoncé. Lo que hicimos fue hablar con el fotógrafo y el Washington Post, y ambos lo negaron y no dimos ni una coma. Luego el fotógrafo dijo que era para demostrar cómo un bulo podía saltar a los medios sin comprobación absoluta. Por tanto es el uso, y como Twitter es de gatillo fácil, tiene muchos más riesgos y todos tenemos el riesgo de meter la pata mucho más fácil que en una redacción donde se debaten los temas y hay más capacidad de control entre unos y otros.

¿El caso de François Hollande y Julie Gayet ha abierto una nueva veda en el periodismo europeo? ¿Puede España copiarlo?

En Francia sí la ha abierto. En el mundo anglosajón es diferente porque ahí nunca han tenido problemas por entrar en la vida privada. En Francia había un respeto absoluto, y ha habido tantas historias… Mitterrand tenía una hija secreta. Ésta es una sociedad donde es imposible mantener a raya ningún tema informativo gracias a las redes sociales. La prensa tradicional de lo que tiene que informar es de que Hollande acudía en moto a una casa que no estaba vigilada, que resultó ser alquilada por alguien relacionado con la mafia corsa, de que el fotógrafo había actuado en frente sin que ningún escolta aparentemente se hubiera dado cuenta… Esos son los temas en los que sí podemos adentrarnos la prensa seria. Pero en España no creo que esto pase porque somos un país muy sano en este sentido y hay un altísimo respeto a la vida privada. La prensa seria tiene un respeto a la intimidad que no va a cambiar.

En Francia salió en periódicos serios.

Sí, pero encontraron el ángulo adecuado para abordarlo, que era el de la seguridad, el protocolo… Como sucede ahora aquí con la Reina, que tiene un sueldo… Son situaciones nuevas, hijas muchas veces de esa presión social para mí positiva que te dan las redes sociales y la inmediatez y la exigencia de información. Por ejemplo, en el caso de Hollande se dio la pregunta sobre qué medios tiene Valérie Trierweiler como primera dama: ¿tiene un gabinete, esto lo paga el Estado? Entonces debemos saber qué es lo que hay ahí. Creo que es bueno el escrutinio público y ciudadano de todos los bienes públicos, de quienes detentan un cargo… Ya la invasión de la vida privada, no.

¿Y el vídeo de la declaración de la Infanta? Qué opinas de la prohibición de las imágenes?

El periodismo tiene derecho a contarlo todo. Y de hecho todos los periódicos intentamos llegar al fondo de sumarios, que un día serán públicos, pero si logramos saber antes qué contienen, debemos contarlo. Es gracias a la transparencia como las sociedades podemos avanzar. Todos los poderes intentan que la información no salga a la luz y sabemos por experiencia que esa base de transparencia hace que avancen las democracias y se acorralen los recovecos oscuros. El juez lo prohibió, alguien lo grabó y eso muestra que hoy es muy difícil mantener cosas en zonas oscuras.

Volviendo a la novela, en la que hablas de los nuevos medios en la red: ¿inauguran una nueva etapa del periodismo, una nueva era?

Sí, el futuro es web. No inauguran. Empezó hace mucho. <elpais.es> nació en 1996. Internet no es nuevo y los medios en Internet no son nuevos. Lo nuevo es la certeza de que Internet es el canal por el que la gran mayoría de la población se informa. La información es lo mismo de siempre, buscar historias que alguien quiere ocultar, y gracias a estas herramientas se encuentra una era dorada que permite que esto tenga más audiencia, más impacto, y dependerá de las personas cuál sea la marca que quieren elegir para informarse.

Y aquí llega el problema de la rentabilidad, cómo mantenemos eso: ¿necesitamos tenderos como Jeff Bezos?

No sé si tenderos. Necesitamos afianzar la confianza en nosotros mismos y la conciencia colectiva de que debemos cobrar por lo que hacemos. La información no es gratuita, cuesta dinero e inversión, cuesta tener periodistas que miren qué pasa en Tahrir. Y hablo lo mismo de cine, de música… Necesitamos pelear por que se imponga que las cosas de calidad cuestan dinero, y trasladar eso a un modelo de negocio, que es donde estamos. Y creo que al final el precio de las marcas, las firmas, se va a ir distinguiendo, y en un mundo de tsunami de información la gente quiere distinguir quién se las cuenta y ver si puede confiar en él.

Es decir, el periodista de marca, más que el periodista de un medio en cuestión.

Pueden funcionar las dos. Creo en el periodista-firma, pero creo que es la minoría, y que el gran público desconoce muchas veces a autores que sin ser brillantes en la pluma pueden ser excelentes en la búsqueda de información. Por lo tanto, yo sí sigo creyendo mucho en el colectivo de una marca y en la calidad de una redacción.

Por cierto, hace meses publicaste en un blog que sí había una novela negra de mujeres diferente a la de hombres. ¿Por qué es diferente?

¿Hay una calidad distinta? Creo que no. ¿Hay un estilo distinto? Sí, un poquito distinto. Ser mujer te aporta como escritor lo mismo que ser español, de un barrio de Santander como yo… Es decir, cuando escribes eres lo que eres y eres todo, eres mujer, eres de un barrio, o de una playa, de una generación, de una realidad socioeconómica que te va a impactar en lo que hagas. Es uno más de los factores que te impactan, y mucho además. A mí me impacta mucho ser mujer en mi escritura. Y que además haya un estilo distinto, un poquito sí, porque la mujer puede aportar cierta empatía o sensibilidad que enriquece mucho a los personajes. Hay hombres hipercapaces de generar esos personajes, pero hay mujeres que han demostrado tal riqueza en la profundidad de los personajes que veo esa capacidad de empatizar. Y estoy pensando, por ejemplo, en Tana French o Alice Munro. Consiguen que el lector incluso empatice con los malos porque todos tenemos nuestro lado bueno y lado malo y si no somos así, al menos somos capaces de comprender por qué se hace eso. Y esa capacidad de transmitir es lo que he encontrado en algunas mujeres escritoras.

margen_de_error_300x456En tu novela, la protagonista es una mujer. ¿Qué opinión tienes de los personajes femeninos actuales, tan fuertes, tan trabajadores…?

Yo creo que la comisaria representa una mujer de hoy. Es tan concienzuda, tan concentrada en su trabajo e intenta trazar una línea entre su vida privada y la profesional tan tajante que muestra la lucha de la mujer. La mujer ha tenido que demostrar que era capaz, ha tenido que hacer un sobreesfuerzo, que es eficaz, que es capaz de relegar su vida privada para romper esa imagen de que es ella la que está preocupada por sus hijos y va a salir corriendo del trabajo porque sus hijos tienen fiebre. Hemos tenido que luchar contra eso, demostrar que valíamos. Elvira Lindo contaba que cuando eres mujer y madre es difícil decir que te tienes que ir porque tu hijo está enfermo, mientras que  un hombre no tiene problemas en decir que se va porque tiene partido de fútbol. El hombre tiene la excusa y la mujer siempre ha tenido que ocultar que tenía una vida por miedo a la imagen de persona entregada al hogar.  María Ruiz lo demuestra todo en el trabajo y tiene a raya su vida privada para que no le reste nada a su vida laboral. En este libro lucha con sus sentimientos porque hay un punto en el que esto no resulta tan infranqueable y es que la vida también es así, somos personas porosas, con nuestros sentimientos… Y también podemos ser buenos profesionales.

Pero parece que estamos ante una igualdad ficticia.

Sí, no hay igualdad todavía. Hay igualdad en la dedicación pero no en el reconocimiento. Y esto tiene una razón muy clara, deciden hombres y los hombres solo ven hombres. Y lo vemos en nuestras empresas y en partidos incluso de izquierdas que hacen las listas cremallera y la mujer queda en el lado que no va a salir. Las viejas estructuras son de hombres y los hombres no ven a la mujer. La igualdad es en entrega, calidad, pero no en reconocimiento.

¿Y las mujeres ven mujeres?

Pues las hay que no… Está muy bien la pregunta. Creo que hay que hacer un trabajo de hacerse consciente de ello, haber sido víctima de ello para darse cuenta de que todos albergamos un lado masculino de ver sólo el poder, el reconocimiento o el cargo como algo asociado a la testosterona y a la exhibición, es decir, a lo masculino. Y sí, tenemos que ser conscientes y luchar contra ese bicho. Sí que es verdad que en el lado de los cargos tenemos que hacer un trabajo de conciencia.

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