Adrián Sánchez Esbilla

Karma blanco

Ancelotti ModricCuando uno se pone a esto de escribir de lo inmediato, se expone a quedar en ridículo una semana sí y otra no, según dé el viento. No pasa nada, si uno lo asume como parte natural del juego y se pliega a aceptar que contra el futuro siempre se pierde y que el pasado nos retrata.

Me equivoqué con Ancelotti, lo interpreté mal y me lo han hecho ver. Un tipo que ha ganado tanto, en tantos sitios diferentes y a lo largo de un espacio de tiempo considerable debe, por fuerza, tener un algo. Me quejaba a principios de temporada, cuando sacaba al Real Madrid de la ecuación después de perder bien perdido contra el Atlético y el Barcelona (je…), de que Ancelotti era un técnico insípido, pero entretanto ha ido limando a su equipo, sin apenas arquear una ceja, con la misma pulcritud con la cual jugaba, hasta convertirlo en un conjunto fluido y natural.

El Real Madrid ha llegado al primer puesto, merecido, sin que nos hayamos enterado muy bien de cómo lo ha logrado. Quizá todavía no tenga ese partido memorable (paradójicamente, lo que más se acerca fue la batalla de la primera semifinal copera contra el Atlético, que no mostró a un equipo fino sino a una tanqueta de combate), pero juega con una regularidad pasmosa, simbolizada en la hormigueante laboriosidad de Modric y en la jerarquía de Xabi Alonso.

Ancelotti, que es un buen tipo, alguien que no necesita exhibir su ego porque lleva la grandeza futbolística puesta como una segunda piel, ha recibido también la sonrisa del karma y ni los caprichos presidenciales han alterado el trantrán de su equipo, que es como esos ciclistas que tragan puertos a ritmillo metronímico mientras rebasan a escaladores quemados. Khedira se lesionó para clarificar la constitución y ordenación del mediocampo, para situar a Modric (lo dicho: vital) como engarce perfecto, jugador de mil pases, amigo de todos y defensor por inteligencia y la refrescante aparición de Jesé se ha dado en el momento justo de obcecación (más allá de su absurda sanción) de Cristiano Ronaldo; de hecho, el Real Madrid juega mejor, más armonioso, sin el portugués, aunque con él, claro, dispara su potencia intimidadora.

Real SociedadEl karma en Barcelona, en cambio, es como una gran broma cósmica, y si el año pasado era la tragedia, este año es lo patético. Lo de Vilanova fue injusto y doloroso, lo de Rosell es pútrido y apesta, pero el equipo se vuelve a encontrar en una situación homologable. A eso se suma el propio estrés natural de los componentes, el desgaste de la mecánica por el uso y la no renovación.

En esto sí me acerqué cuando escribí que este Barça era un equipo crepuscular, que está para lo gordo o para lo fino, pero no para los dos. De cada tres partidos, en uno no llega; esta semana ganó por arte al Rayo y por oficio al Manchester City, pero la Real Sociedad lo descalabró con estrépito y un Griezmann fantabuloso, confirmándose como uno de los futbolistas de la Liga. Grande la Real, sacudida de la Champions y completando una victoria por aplastamiento que supera a la anterior derrota blaugrana contra el Athletic de Bilbao en contundencia.

Martino se bloqueó viendo a su equipo arrastrase, vaciado y con la cabeza más pesada todavía que las piernas, y fue incapaz de cambiar lo que pasaba dentro desde fuera. A uno le da por pensar si el argentino, buen entrenador, no sentirá frío en el cogote, desprotegido y a la intemperie en un club donde el que lo trajo y se suponía que lo iba a respaldar se ha vaporizado entre comisiones. Al Barça de hoy le hacen falta un par o tres de decisiones radicales como las que tomó Guardiola al llegar, pero él, claro, tenía al club detrás, y no desperdigado como cascotes alrededor.

Al Atlético también lo vapulearon esta semana, lo hizo un Osasuna en despegue hacia mitad de la tabla, temporada tranquila al fin después de años de sufrir, en lo que fue la consecuencia de una serie de partidos donde los cholistas ya notan lo que llevan acumulado. Tampoco la lesión de un jugador clave como Filipe Luís ni la falta de peso de Diego Ribas han colaborado a minimizar. Como un submarino bajo mucha presión, la juntas empiezan a filtrar, todo chirría y la luz interior se pone roja. El regreso de la cadencia de Champions, enlazado con el duro mes copero anterior, está poniendo a prueba el material del cual está fabricado este equipazo, al cual tampoco es justo pedir más. Cuando un hombre está subiendo al Everest, no le pidamos que encima lo haga sobre las manos y cantando, no jodamos.

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