Marcos García Guerrero

Clarividencia. Éibar 3, Sporting 0

cuellar

A la media hora de la primera parte, un colega ciguas (y clarividente) avisaba en Facebook de que jugando así, la cosa pintaba a derrota y a acabar con nueve jugadores. Acertó de pleno. A la media hora el naufragio ya se veía venir.

Se veía venir por el ritmo entrecortado y el juego de contacto que beneficiaba a un equipo aguerrido y rocoso como el Éibar. Se veía venir porque el Sporting no sabe moverse en estos lodazales, en los que sobrevivir pasa por aguantar con once y al menos mantener tu puerta a cero, misiones ambas casi imposibles para los de Sandoval esta temporada. Se veía venir porque el Sporting era un equipo quebrado, con una delantera desconectada, un centro del campo desaparecido y una defensa ahogada ante la presión rival. Y se veía venir porque en un encuentro en el que se empieza con Álex Barrera en el banquillo, hay menos posibilidades de ganar.

Ante la incapacidad de salir con el balón jugado, los gijoneses se vieron obligados al desplazamiento en largo y el balón dividido, tareas en las que el Sporting suele salir perdiendo. Hasta el primer gol hubo igualdad en la mediocridad, aunque se jugó en todo momento a lo que el Éibar dispuso. Pero tras la cantada de Cuéllar al final de la primera parte, y la expulsión de Carmona (¿estaba en el campo?) nada más comenzar la segunda, el Sporting se vino abajo. Dos goles en cinco minutos, partido sentenciado, goal average perdido y colofón del desastre con la expulsión del portero. Si no cayeron más fue porque para el Éibar ya era suficiente. En el partido de ida el Sporting también metió tres y acabó pidiendo la hora. Quizás esa sea la diferencia entre ambos equipos este año.

Decía Sandoval esta semana, con una clarividencia casi tan precisa como la de mi colega ciguas (¡tiembla, Sandro Rey!), que el de Éibar era un partido «de ganar, no de jugar». Pues bien, ni jugado ni ganado. Ahora, a cuatro puntos de la cabeza, con el empate del Recre y a la espera de lo que haga el Deportivo, lo que toca es seguir haciendo cábalas acerca de un futuro que empieza a ponerse negro. La bola de cristal, los posos del café…, el porvenir es un arcano indescifrable. O no tanto. Visto lo de hoy en Ipurúa, me atrevo a decir que la cosa está chunga. Bendiciones.

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