Belén Suárez Prieto

Bukowski. Se busca

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¿Ha envejecido la obra de Charles Bukowski, veinte años después de su muerte, el 9 de marzo de 1994? ¿Puede gustarnos Bukowski sin que los ángeles exterminadores de la corrección política, la propia y la ajena caigan, implacables, sobre nuestras cabezas?

Releo los relatos de Se busca una mujer, en la edición de Anagrama de 1979, traducción de Jorge García Berlanga de South of No North, publicada en el año 73 por la Black Sparrow Press en Santa Bárbara.

«Se lo imaginó llegando a casa, encontrándose las facturas del gas y del teléfono en el buzón, desnudándose, tomando un baño, la televisión encendida. Después leería el periódico de la tarde. Luego entraría en la cocina a hacerse la cena. Allí, quieto, mirando cómo se fríe el pan, en calzoncillos. Luego cogería la comida y la llevaría a una mesa, se la comería. Le podía ver bebiéndose su café. Luego más televisión. Y quizás un solitario bote de cerveza antes de acostarse. Debía haber millones de hombres como él en toda América».

Se busca una mujer.

Sustitúyase, si se quiere, “la televisión” por la pantalla del ordenador; “el periódico de la tarde” por Facebook; “toda América” por…

¿Ha envejecido la obra de Charles Bukowski, veinte años después de su muerte?

Charles Bukowski, nacido Heinrich Karl en 1920 en Andernach (Alemania), angelino desde niño y para siempre, narrador autobiográfico, Chinaski en su obra, de amplísima obra poética y en prosa; narrador de la desesperación, del desgarro, de la soledad. Narrador biográfico de nuestra soledad.

Provocador, obsceno, brutal, alcohólico, urbano, perteneciente a la entrañable genealogía californiana de la pación lisérgicamente libre y creativa, selecto club entre cuyos miembros se encuentran los Morrison, Joplin, Miller, Wilson… California como tierra prometida, siempre y aún, la fiebre del oro metal, del oro LSD, del oro whisky, del oro arena de la playa o del desierto. Estirpe californiana de nacimiento o de adopción, imprescindible porque nos narra.

Sigo releyendo:

«En el City College de Los Ángeles, justo antes de la segunda guerra mundial, yo me hacía pasar por nazi. No sabía mucho más de Hitler que de Hércules, pero eso me importaba bien poco. Todo vino del tener que estar sentado en clase, escuchando a diario a todos esos patriotas predicando cómo iríamos y aplastaríamos a la bestia e implantaríamos la Libertad y todas esas cosas. Me aburrían. Decidí pasarme a la oposición. Ni siquiera me molesté en leer el libro de Adolf. Simplemente me ocupaba de soltarles cualquier cosa que yo creyese lo suficientemente maniática o llena de maldad para parecerles nazi».

(Política).

American Writer Charles Bukowski¿Puede gustarnos Bukowski sin que los ángeles exterminadores de la corrección política, la propia y la ajena, caigan sobre nuestras cabezas?

Bukowski perturba, Bukowski nos interpela, Bukowski nos desasosiega, Bukowski nos asquea, Bukowski nos incomoda, Bukowski nos pone violentamente delante del espejo, pobres gentes urbanas que nos pensamos independientes en ciudades modernas.

Bukowski nos zarandea, nos sacude por los hombros y nos hace enfrentarnos a nuestra soledad, sin escapatoria, por más que tratemos de zafarnos de ella, buscando la complicidad de los bares, del whisky o del sexo, espejismos y, por lo tanto, refugios inútiles.

Lean a Bukowski (poetry and prose) y sentirán la perturbación, la interpelación, el desasosiego, el asco, la incomodidad, nuestra imagen en los espejos valleinclanescos; la violenta sacudida en los hombros para ponernos delante de nuestra alucinada existencia.

Lean a Bukowski y estarán leyendo literatura de la buena. Releo: «Esos domingos estaban bien, pienso, la mayoría de esos domingos estaban muy bien, una lucecita en los oscuros días de la depresión, cuando nuestros padres paseaban por el porche, sin trabajo e impotentes, mirándonos con odio y lanzándose la mierda unos a otros, y luego entraban en la casa y se quedaban mirando las paredes, sin atreverse a poner la radio por miedo a la cuenta de la electricidad».

Bop bop bop contra la cortina.

¿Ha envejecido la obra de Charles Bukowski, veinte años de su muerte, casi cien años después de esos domingos?

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